—Lo siento —dijo Valentina de inmediato—. Me equivoqué de baño.
Bajó la mirada, dio un paso hacia la puerta.
Pero él se movió antes. Se interpuso frente a la salida con un movimiento lento, seguro, como si el espacio le perteneciera.
—No pasa nada —dijo— A cualquiera le puede pasar.
Su tono era amable. Demasiado.
Valentina intentó rodearlo.
—Si me disculpa…
—¿Quién eres? —preguntó él de pronto.
Ella se detuvo.
—Perdón… ¿qué?
—Quién eres —repitió, girándose para enfrentarla de lleno—. Porque tod