Mundo ficciónIniciar sesiónMi nombre es Ariadna Vega, la última heredera de un imperio botánico en ruinas, una mujer que lo ha perdido todo por la traición. Desesperada por salvar a mi madre de una maldición familiar, mi camino se cruza con el de Elías Thorne, el alfa de un poderoso y enigmático clan. Desde el primer instante, un innegable vinculo nos consume, una conexión salvaje que arde entre nosotros. Pero el fuego se convierte en cenizas cuando descubro la verdad. Mi sangre, ligada a la magia de la tierra, no solo es el precio de un trato, es la única cura para la enfermedad ancestral que está diezmando a su manada. Para él, yo no soy más que un medio para un fin. La traición de mi tío ha sido reemplazada por la de un hombre que juró protegerme. Ahora, estoy atrapada en un peligroso juego de poder. Obligada por contrato, debo trabajar a su lado, lidiando con la cruda realidad de que el hombre por el que siento una atracción incontrolable es el mismo que me ha convertido en su prisionera. Mi corazón se debate entre el odio que le tengo por sus mentiras y el deseo que me une a él. ¿Podrá este pacto, nacido de la mentira y la desesperación, sanar la enfermedad de su manada y el dolor en mi corazón? ¿O el amor que se gesta entre nosotros será consumido por un odio que nos destruirá a ambos?
Leer másEl Discurso de la LealtadEl silencio en el Salón de Baile del Claridge’s era opresivo, roto solo por el goteo del champán de la copa rota de Victor. En el centro del salón, Victor Volkov era una estatua de furia contenida, su mirada clavada en el palco donde Elías Thorne se erguía con una calma imperturbable.Elías Thorne ignoró el cristal roto y el aura de violencia que Victor proyectaba. Levantó su vaso de whisky en un brindis que solo iba dirigido a un hombre en la sala. Lyra, a su lado, lo imitó con un vaso de agua, manteniendo una expresión de lealtad imperturbable que a Victor le hizo hervir la sangre.Elías apoyó el vaso y se acercó al borde del balcón, su figura elegantemente iluminada por el foco de luz. Su voz, profunda y resonante, se amplificó en el salón, calmando las últimas oleadas de pánico entre los invitados.—Gracias a todos por acompañarnos esta noche. Veo muchos rostros nuevos y valiosos que representan el futuro de la economía de Londres —comenzó Elías, su tono
La Llegada del UsurpadorEl Hotel Claridge’s en Mayfair era un monumento a la discreción y la riqueza. Su Salón de Baile, revestido de espejos art déco, techos altos y candelabros de cristal que parecían atrapar la luz de toda la ciudad, era el epítome de la opulencia londinense. La Gala Anual de Primavera del Holding Thorne prometía ser el evento social del año, aunque en la realidad, era una trampa mortal y un campo de batalla.Eran las 22:15. El salón ya estaba lleno de gente, un mar de sedas, satenes y terciopelos. El aire zumbaba con el murmullo de conversaciones superficiales y el dulce perfume de las flores frescas, todo enmarcado por la música de una orquesta de cámara. Era la escena perfecta de la paz y la prosperidad, la fachada que Elías siempre había cultivado.La falsa tranquilidad se rompió cuando Victor Volkov hizo su entrada.Victor no irrumpió; desfiló. Él y su séquito de diez hombres, todos lobos de élite, descendieron la majestuosa escalera de mármol del foyer. Para
El Cartucho QuemadoElías y Lyra se encontraban en un piso franco en una zona tranquila de Kensington, una burbuja de opulencia temporal rentada bajo identidades falsas. El lugar estaba lleno de pantallas encendidas, planos de Mayfair y armas dispuestas sobre una mesa de caoba. Faltaban apenas unas horas para la Gala de Primavera.Lyra estaba de pie junto al ventanal. Su traje de noche, un vestido de seda negro que realzaba su figura y su poder, estaba colgado en la puerta del vestidor. No sentía emoción por el glamour. Su corazón era un tambor que golpeaba una melodía de pánico y ambición. Ella se había jugado su futuro. Si Elías derrotaba a Victor, regresaría a los brazos de Ariadna. Si fracasaba, ella perdería al único hombre que realmente le importaba.Era su última jugada para alterar el destino, y sabía exactamente qué arma debía usar.Elías había salido hacía un momento de la ducha. Regresó a la sala envuelto solo en una toalla blanca, su cabello mojado, gotas de agua resbaland
La Cumbre de CristalVictor Volkov odiaba las alturas, pero las usaba. La cumbre de The Shard, ese fragmento de cristal que perforaba el cielo gris de Londres, era su nuevo asiento de poder robado. Ocupaba la suite presidencial, un vasto espacio minimalista y escandalosamente caro que ofrecía una vista de 360 grados sobre el Támesis y la City. Era un trono de vidrio, frío y expuesto, perfecto para su temperamento.Eran las diez de la mañana, hora del té para el imperio, pero la reunión que Victor celebraba no tenía nada de cortesía británica. Estaba reunido con el Alto Consejo de Ancianos de la Manada Thorne, los pocos lobos que había logrado comprar o intimidar para que legitimaran su golpe de estado. La sala de juntas, con su mesa de mármol negro y sus sillones de cuero blanco, parecía el escenario de una autopsia.El aire estaba espeso, no con el aroma del dinero, sino con el hedor del miedo.Victor estaba de pie al fondo de la sala, su figura imponente proyectada contra el panoram
El Guardián ImpuestoEl frío de la madrugada se había infiltrado en la cabaña. El fuego que Elías había dejado encendido para el día siguiente luchaba por mantenerse vivo en la chimenea. El silencio, ahora que la puerta se había cerrado por segunda vez, no era pacífico; era una cámara de tortura.Ariadna no se había movido de su sitio. Seguía en el centro de la sala, su cuerpo rígido, la rabia una caldera a punto de estallar. A un lado, junto a la mesa donde solían cenar como una familia feliz, Kiam afilaba lentamente una daga, el único sonido que rompía la quietud. Su concentración era casi ofensiva, como si la partida del Alfa y la confesión que había destruido el equilibrio no le afectaran en absoluto.Finalmente, Kiam se enderezó y guardó la daga en su cinturón. Miró a Ariadna con esos ojos dorados que ahora eran descaradamente transparentes. El respeto por la Luna de su primo luchaba con la libertad recién adquirida de no tener que ocultar su afecto.—Si esperas que me suicide po
La Custodia del ZorroEl golpe seco de la puerta al cerrarse no extinguió la tensión. Simplemente la concentró en el pequeño espacio de la cabaña. Ariadna se quedó paralizada en el umbral, el cuchillo cayendo al suelo de madera con un tintineo que selló el fin de su idilio.La confusión que había sentido al ver a Elías dando órdenes a Lyra y Kiam se transformó en una punzada helada de profunda decepción. No estaba asustada; estaba furiosa.—Me creaste un paraíso, Elías —dijo Ariadna, su voz baja y peligrosamente tranquila. Dio un paso hacia él, la mirada verde fija en la dorada—. Hiciste que los últimos tres meses fueran un sueño. Me cuidaste como a una princesa, donde nada malo existía, solo nosotros y nuestro hijo. Pero al orquestar esto y dejarme completamente en la oscuridad... nunca me consideraste tu compañera en realidad. La paz que tanto protegiste se sintió, en este momento, como un muro entre nosotros.Elías, que había recuperado la compostura, avanzó hacia ella, la culpa lu
Último capítulo