Ariadna se miró al espejo, pero la mujer que le devolvía la mirada parecía una extraña. Sus ojos verdes, que solían ser un reflejo de calma y determinación, ahora ardían con una mezcla de furia y un sentimiento que se negaba a nombrar: una atracción prohibida. La escena de la enfermería se repetía en su mente como una pesadilla: el cuerpo de Kael, el frío acero de la navaja en la mano de Elias, la indiferencia de Lyra. El Alfa había demostrado una crueldad que la repelía por completo, pero al m