Mundo ficciónIniciar sesiónPuedo señalar el momento exacto en que mi mundo se vino abajo: fue durante la fiesta del cumpleaños número dieciocho de Dorian, el hijo del Alfa… y mi novio. Ese fue el día en que encontró a su compañera. Ese fue el día en que me dejó, sin mirar atrás, como si todas nuestras promesas no hubieran significado nada. Y ese también fue el día en que descubrí cuán sola podía estar. Los que se hacían llamar mis amigos se volvieron contra mí, y sus burlas me persiguieron hasta que no me quedó más opción que huir… lejos, hasta la casa de mi abuela. Pero no regresé siendo la misma. Un año después, volví por una sola razón: mi madre estaba gravemente herida. Solo que esta vez, ya no era la chica rota que se fue. Me entrené, me gradué, y me juré a mí misma que nunca más volvería a depender de un hombre. Jamás permitiría que me menospreciaran otra vez. Lo que no esperaba al volver era encontrar que el viejo Alfa había muerto… que Dorian había huido cobardemente con su nueva compañera… Y que en su lugar ahora reinaba Alfa Blaze. No quería saber nada con alfas. Ni con manadas. Ni con vínculos rotos. Pero el destino tiene una forma cruel de burlarse de una loba decidida. Y yo, magneto de problemas, terminé envuelta en la órbita del hombre más poderoso —y peligroso— que he conocido.
Leer másDespués de un rato decidí recorrer la casa de la manada y ver los cambios que habían hecho. Ahora había un gimnasio pequeño bajo techo —eso sí era nuevo—, las salas tenían un aire mucho más moderno y elegante, e incluso habían agregado una sala de juegos impresionante con mesas de billar y luces de neón. Pero lo que más llamó mi atención fue el bar: estanterías repletas de licores y vinos finos, botellas brillando bajo la luz cálida, y un bartender siempre listo para atender.“Un trago no me vendría mal”, pensé.—Hola, ¿cómo estás? —saludé al bartender al acercarme.—Muy bien, ¿y tú? ¿Qué se te ofrece? —respondió con una sonrisa coqueta.Lo típico. Estos tipos parecían nacer con el encanto en las venas.“Está guapo, Cece. Un par de coqueteos no hacen daño”, murmuró Grace con picardía.Me senté en una de las sillas altas y crucé las piernas. Llevaba puesto un short de ejercicio bastante corto, apenas cubierto por una sudadera enorme, pero era suficiente para sentirme cómoda… y para atr
Cuando llegué a la casa de la manada, los guardias me indicaron que el Beta estaba en la zona del comedor. Como ese espacio era abierto para todos los lobos sin pareja, decidí aprovechar para cenar allí mismo y así hablar con él con más calma.Apenas crucé la puerta, me sorprendió el ambiente que reinaba en el comedor. El murmullo de decenas de voces, el choque de platos y cubiertos, y la energía vibrante de tantos lobos reunidos me golpearon como una ola. Las mesas se extendían de un extremo a otro, rebosantes de comida. El buffet era impresionante: carnes asadas que desprendían humo, panes recién horneados, guisos espesos y aromáticos, frutas frescas. Sabía que los hombres lobo éramos comilones por naturaleza, pero aquello parecía un festín interminable.—Se ve delicioso, Cece… —murmuró Grace con un tono entusiasta, casi babeando.Sonreí ante su comentario y me dirigí al buffet. Ya me estaba acostumbrando a las miradas de todos, a esos ojos que me seguían por mi falta de olor. No va
—Vamos, acompáñame a la biblioteca —me dijo la madre de Irina.Apenas crucé el umbral, recordé cuánto adoraba ese lugar. Era, sin duda, la joya de la casa. Aunque los padres de Irina tenían dinero de sobra y cada rincón era elegante y espacioso, la biblioteca era la que arrancaba suspiros.Era un salón inmenso de dos niveles, con escaleras de caracol que conectaban los pisos. Los muros estaban cubiertos hasta el techo por estanterías repletas de volúmenes antiguos; el olor a cuero, papel viejo y polvo se mezclaba con un tenue aroma a jazmín que venía del jardín trasero. Los ventanales, altos y enmarcados en hierro forjado, dejaban entrar la luz de la tarde, bañando los sillones de cuero negro y el gran escritorio de madera al fondo, sobre el cual descansaba un retrato de la familia Wulfric: Irina de niña junto a sus padres, sonrientes.—Ven, siéntate aquí. —La señora Wulfric señaló un sillón junto al escritorio y se alejó hacia un estante cerrado con llave.Irina rodó los ojos.—Esos
Llegué temprano al campo de entrenamiento. El lugar estaba casi vacío, así que aproveché para pasar por los baños, dejar mis cosas en el casillero y llenar mi botella de agua. El silencio del edificio me llenaba de una extraña calma, aunque sabía que pronto se rompería con gritos, golpes y sudor.—¡Cece! —escuché una voz conocida cuando regresaba.Era Irina, radiante como siempre.—¡Hola, Irina! ¿Lista para hoy?—Más que lista —respondió con una sonrisa traviesa, tomándome del brazo mientras caminábamos juntas hacia el campo.No pasó mucho tiempo antes de que Cassius entrara acompañado de varios guerreros Gamma. Sus pasos resonaban como tambores de guerra y, en cuanto aparecieron, el murmullo de los presentes se apagó.—Buenos días —tronó Cassius con voz firme—. Hoy es su primer día en este nivel. Necesito que todos estén concentrados y den lo mejor de sí en cada movimiento.Un silencio reverente cubrió el lugar. Nadie se atrevía a moverse.—Van a trabajar en parejas. Practicarán defe
Último capítulo