—¿Quién de ustedes es Cece? —preguntó con voz profunda y rasposa, como piedra rozando acero.
Di un paso al frente sin titubear. —Yo.
Sus ojos se entrecerraron apenas, evaluándome con una mirada calculadora. Caminó hacia mí con pasos firmes y medidos. Cada uno de sus movimientos transmitía dominio y control. Era un depredador, pero no uno impulsivo. Era el tipo de lobo que solo atacaba cuando estaba seguro de que ganaría.
Se detuvo frente a mí. Su cercanía provocó que un escalofrío recorriera mi