Capítulo 28. Biblioteca
—Vamos, acompáñame a la biblioteca —me dijo la madre de Irina.
Apenas crucé el umbral, recordé cuánto adoraba ese lugar. Era, sin duda, la joya de la casa. Aunque los padres de Irina tenían dinero de sobra y cada rincón era elegante y espacioso, la biblioteca era la que arrancaba suspiros.
Era un salón inmenso de dos niveles, con escaleras de caracol que conectaban los pisos. Los muros estaban cubiertos hasta el techo por estanterías repletas de volúmenes antiguos; el olor a cuero, papel viejo