A la mañana siguiente, nos levantamos temprano. La visita al hospital estaba programada para las nueve. Me tomé un momento para observar bien mi habitación. La noche anterior no había prestado tanta atención a los detalles.
Todo seguía igual. Las paredes estaban adornadas con los mismos pósters de mis bandas favoritas. Sobre el escritorio, enmarcadas, estaban las fotos con mis viejos amigos, incluso con Dorian. Sentí un nudo en el pecho. Cada recuerdo era un golpe directo a lo que alguna vez fu