Capítulo 30. Un tequila
Después de un rato decidí recorrer la casa de la manada y ver los cambios que habían hecho. Ahora había un gimnasio pequeño bajo techo —eso sí era nuevo—, las salas tenían un aire mucho más moderno y elegante, e incluso habían agregado una sala de juegos impresionante con mesas de billar y luces de neón. Pero lo que más llamó mi atención fue el bar: estanterías repletas de licores y vinos finos, botellas brillando bajo la luz cálida, y un bartender siempre listo para atender.
“Un trago no me ve