Capítulo 27. Señora Wulfric
Llegué temprano al campo de entrenamiento. El lugar estaba casi vacío, así que aproveché para pasar por los baños, dejar mis cosas en el casillero y llenar mi botella de agua. El silencio del edificio me llenaba de una extraña calma, aunque sabía que pronto se rompería con gritos, golpes y sudor.
—¡Cece! —escuché una voz conocida cuando regresaba.
Era Irina, radiante como siempre.
—¡Hola, Irina! ¿Lista para hoy?
—Más que lista —respondió con una sonrisa traviesa, tomándome del brazo mientras ca