Mundo ficciónIniciar sesiónAura creía que su vida era una obra maestra de amor y lujo. Como una artista de espíritu libre, le entregó su corazón y su libertad a Adrián, un magnate implacable que juró protegerla. Pero el lienzo de su realidad se rasga de la forma más cruel: Aura descubre a su esposo en los brazos de Casandra, su propia hermana menor. La traición no termina ahí. Su madre, movida por la avaricia y el favoritismo, le da la espalda, exigiéndole que acepte la humillación por el "bien de la familia". Sola y despojada de su herencia por un fraude orquestado por quienes debían amarla, Aura está a punto de rendirse... hasta que su hermano mayor, Silas, le entrega la llave para destruir el imperio de los traidores. Para cobrar su deuda, Aura deberá pactar con el diablo: Julian Vane, el archirrival de su exmarido. Julian es un hombre de una elegancia peligrosa y un poder gélido que nunca regala nada. Él le ofrece los recursos para hundir a Adrián, pero el precio es alto: Aura debe pertenecerle. En un mundo de apariencias brillantes y secretos oscuros, Aura cambiará sus pinceles por cuchillos invisibles. Pero en este juego de seducción y estrategia, la línea entre la venganza y el deseo es tan delgada como un trazo de óleo. ¿Podrá Aura destruir a su familia sin que el fuego de Julian Vane la consuma a ella también?
Leer másLIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 8: El Altar de la Nieve y el FuegoEl llanto del recién nacido era un sonido sobrenatural en medio de la sinfonía de destrucción que envolvía el monasterio de La Garra del Águila. Era un hilo de vida puro, una vibración que parecía sostener los muros de piedra frente a los embates de la artillería que Isabella Leandros había desplegado en las crestas adyacentes. Tras la partida de Thomas hacia la negrura de la ventisca, el silencio que dejó su traición —o su extraña y retorcida forma de piedad— fue rápidamente devorado por el estruendo de un nuevo impacto de mortero en el ala este del complejo.Gabriel permanecía de rodillas sobre el suelo de madera de cedro, con la respiración entrecortada y los músculos vibrando bajo una descarga de adrenalina que amenazaba con romperle los nervios. Sus ojos, antes fríos y calculadores como el cristal de un visor telescópico, estaban fijos en la escena que tenía ante él, grabándola en su memoria con una intensid
LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 7: El Vientre del InviernoLa travesía desde las costas iraníes hasta las estribaciones del Himalaya fue un viaje a través de los círculos del infierno, pero un infierno teñido de una sofisticación desesperada. Gabriel y Aura se movían como fantasmas, utilizando rutas de contrabando de seda y opio, durmiendo en caravasares olvidados donde el romance era la única moneda que no se devaluaba. La revelación sobre Thomas había dejado una herida en Aura que ni siquiera las caricias de Gabriel podían cerrar del todo. Su propio hermano, el hombre que la había "salvado" en Marrakech, no era más que otro peón —o quizás un alfil— en el tablero de un abuelo espectral que se negaba a permanecer muerto.A medida que ascendían hacia las cumbres de Cachemira, el aire se volvía fino, gélido y puro. La opulencia de la Estrella de Bakú quedaba atrás, reemplazada por la cruda realidad de la roca y el hielo. Gabriel había elegido este destino no por su belleza, sino p
LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 6: El Naufragio de las IlusionesEl estruendo de la explosión inicial fue seguido por un gemido metálico que pareció surgir de las profundidades mismas de la tierra. La Estrella de Bakú, esa mole de acero que Isabella había convertido en su trono de cristal, se estremeció violentamente cuando las cargas de Malachi reventaron los pilares de soporte del sector sur. El suelo se inclinó un par de grados, lo suficiente para que los objetos de diseño esparcidos por el salón se deslizaran con un estrépito discordante hacia la cristalera resquebrajada.En medio del caos, la mirada de Gabriel no se apartó de Julian. El humo empezaba a filtrarse por los conductos de ventilación, tiñendo la sofisticada estancia de una neblina grisácea y picante.—¡Aura, muévete! —rugió Gabriel, lanzándose hacia Julian antes de que este pudiera alzar su arma.Julian, cuya agilidad era casi sobrenatural tras sus múltiples cirugías reconstructivas, evitó el impacto y contraatac
LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 5: El Corazón de Acero y SalitreEl viaje hacia el Mar Caspio fue un ejercicio de asfixia emocional. Bajo la cobertura de un carguero de bandera panameña, Gabriel y Aura habitaron una burbuja de tensión y deseo en los niveles inferiores del barco. El estruendo de las máquinas y el olor a gasóleo eran el telón de fondo de su nueva realidad: la caza de una hermana que Gabriel nunca supo que tenía. Malachi se mantenía en la periferia, coordinando con los activos de Thomas, dejando que la pareja se preparara para la colisión inminente.La sofisticación de Isabella Leandros —o Isabella Vance— se manifestaba en cada detalle del informe que Malachi les había entregado. No era una asesina de campo como Julian; era una estratega que entendía que el poder real no residía en las balas, sino en la infraestructura. Su base, la Estrella de Bakú, era una antigua plataforma petrolífera soviética transformada en un búnker tecnológico inexpugnable, rodeada por agua
LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 4: El Refugio de las SirenasEl rugido del motor fuera de borda era el único sonido que rasgaba la inmensidad del mar Egeo. El Aegean Ghost había quedado atrás, reducido a una astilla en el horizonte, y ahora Gabriel y Aura se encontraban a bordo de una lancha de asalto de perfil bajo, cortando las olas negras bajo un cielo que empezaba a sangrar los primeros tonos del alba. La salitre se pegaba a sus rostros, mezclándose con el sudor y la ceniza del monasterio calcinado.Gabriel mantenía una mano firme en el timón, mientras la otra rodeaba el hombro de Aura. Ella estaba sentada a su lado, envuelta en una manta térmica plateada que reflejaba la luz mortecina de la luna. A pesar del cansancio que amenazaba con cerrar sus párpados, su mirada estaba fija en el rastro de espuma que dejaban atrás. Su sofisticación, antes basada en el control absoluto de su entorno, se había transformado en una resistencia primaria.—Sofía sabía que esto pasaría —susurr
LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 3: El Altar de las CenizasEl aire en la sala de servidores estaba saturado de ozono, pólvora y el olor metálico de la sangre que goteaba del brazo de Gabriel. El tiempo parecía haberse dilatado, convirtiendo el humo de la explosión en una neblina perezosa que bailaba alrededor de la figura de Julian Vance. La sofisticación del monasterio bizantino, con sus siglos de oración y silencio, había sido violada por la tecnología de vanguardia y la presencia de un hombre que debería ser un cadáver.Gabriel sintió cómo el mundo se inclinaba. Julian. Su compañero de armas, el hombre que le había cubierto las espaldas en las misiones más sucias de la Red Blanca, el único al que llamó "hermano" antes de conocer el amor de Aura. Verlo allí, con el rostro desfigurado por las cicatrices pero con esa misma mirada gélida y analítica, era como si el pasado hubiera cobrado forma física para asfixiarlo.—Baja el arma, Julian —la voz de Gabriel sonó como el crujido d





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