LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRE
Capítulo 3: El Altar de las Cenizas
El aire en la sala de servidores estaba saturado de ozono, pólvora y el olor metálico de la sangre que goteaba del brazo de Gabriel. El tiempo parecía haberse dilatado, convirtiendo el humo de la explosión en una neblina perezosa que bailaba alrededor de la figura de Julian Vance. La sofisticación del monasterio bizantino, con sus siglos de oración y silencio, había sido violada por la tecnología de vanguardia y la presencia de un