La resaca de la victoria en la gala del museo era extrañamente más agotadora que el propio combate. Aura regresó al ático de Julian Vane sintiéndose como si hubiera corrido un maratón, no emocional, sino existencial. Cada fibra de su ser vibraba con la adrenalina de los enfrentamientos y la explosión sensual que había compartido con Julian. Sin embargo, en el silencio opresivo del ático, la euforia comenzó a disiparse, dejando paso a una inquietud sorda.
Julian no la siguió de inmediato al dorm