El silencio que siguió a la estrepitosa salida de Adrián de la sala de juntas de Vortex Enterprises no era un silencio de paz, sino uno de shock absoluto. Aura permanecía sentada en el sillón de cuero que aún conservaba el calor de la traición de su exmarido, sintiendo el peso de la mirada de los accionistas minoritarios. Eran hombres que habían prosperado bajo la sombra de su padre y que luego habían bajado la cabeza ante la tiranía mediocre de Adrián. Ahora, la observaban a ella como si fuera