La mañana se filtró por los inmensos ventanales del ático de Julian Vane con una insolencia dorada que Aura no estaba preparada para recibir. Despertó entre las sábanas de seda negra, sintiendo el cuerpo pesado y la piel todavía sensible por las marcas de la noche anterior. Julian no estaba a su lado, pero el espacio que había ocupado aún emanaba ese aroma a madera, tabaco y una masculinidad tan dominante que parecía haber quedado impregnada en las fibras del colchón. Aura se incorporó lentamen