Mundo ficciónIniciar sesiónVioletta Eleanor es una joven invidente, huérfana. Fue vendida por su tía a un apuesto empresario que deseaba pasar la noche con ella. En el mismo lugar, el señor Vir, conocido por su crueldad y frialdad, se encontraba completamente ebrio; por error entró en la habitación equivocada y se encontró con Violetta, lo que los llevó a mantener aquella relación. Violetta creyó que el hombre que había dormido con ella era quien la había comprado. Vir de la Vega Montesino: «Si quieres marcharte, devuélveme al hijo que llevas en tu vientre.» Violetta Eleanor: «La única forma de poder alejarme de él es fingir que lo amo.»
Leer másSuara benda lumpur yang pecah menjadi seribu keping bergema di seluruh hacienda bergaya kolonial yang megah di pinggiran Guadalajara. Keheningan sore yang panas itu langsung hancur.
En la fresca sala, con su suelo de azulejos Talavera, Jacinta y su hija, Valeria, se sobresaltaron en el sofá de cuero. La telenovela melodramática que sonaba en el televisor antiguo perdió de pronto todo su interés. Sus miradas se encontraron y, al unísono, se dirigieron hacia la cocina.
—Mamá, parece que fue la inútil de Violetta —susurró Valeria con los labios curvados en una mueca de desprecio.
Jacinta asintió, con la mandíbula tensa.
—Vamos a ver. Quién sabe qué habrá destrozado ahora esa maldita muchacha.
Se puso de pie, acomodando su rebozo de seda, seguida por Valeria, que sonreía con malicia.
Avanzaron con arrogancia hacia la cocina. Allí, bajo la luz del sol que se filtraba por las altas ventanas, una joven hermosa, vestida con un sencillo vestido de manta azul claro, estaba agachada. Violetta. Su largo cabello negro caía suelto, enmarcando su rostro pálido. Con cuidado, tanteaba el suelo, intentando recoger los fragmentos del jarrito que acababa de romper.
—¡Violetta! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no toques las cosas de esta cocina?
El grito agudo de Jacinta hizo que los hombros de Violetta se estremecieran. Lentamente, giró la cabeza hacia la voz. En los ojos de Violetta, el mundo no era más que una mezcla de siluetas y colores superpuestos. No podía ver el rostro de su tía con claridad, solo una sombra rígida y amenazante, rodeada por los vivos colores de las paredes.
—Lo siento, tía Jacinta —susurró Violetta, con la voz temblorosa—. Yo... solo quería tomar agua fría del pitcher. Lo golpeé sin querer...
—¡Excusas!
Jacinta se abalanzó hacia ella, agarrando con brusquedad su brazo y obligándola a ponerse de pie. Violetta hizo una mueca de dolor.
—¡Escúchame, muchacha ciega! Desde que tu tío te trajo a esta casa, no has sido más que una desgracia. Estoy harta de fingir amabilidad delante de Alejandro. Ese hombre es demasiado blando contigo.
—Lo siento, tía... De verdad no fue intencional. Lo limpiaré todo, lo prometo —suplicó Violetta, juntando las manos frente al pecho, rogando a la sombra oscura frente a ella.
—Mamá, si esto sigue así, los muebles que heredamos de la abuela acabarán hechos pedazos por su culpa —intervino Valeria, de pie junto a su madre, mirando a Violetta con desprecio—. Necesita un castigo que le enseñe una lección, no solo regaños.
Jacinta miró a su hija, y luego volvió a fijar la vista en Violetta con una sonrisa torcida y cruel. Violetta no podía verla, pero sí percibía el frío que emanaba de su tía. Negó con la cabeza, mientras el miedo comenzaba a crecer en su pecho.
—No, tía... Te prometo que no volverá a pasar —murmuró.
—Tienes razón, Valeria —respondió Jacinta, con una voz repentinamente calmada, aunque aún más aterradora—. Pero no te preocupes. Mamá ya tiene un buen plan. Un plan que asegurará que no vuelva a romper nada en esta casa.
Jacinta lanzó una mirada cómplice a Valeria. Violetta se quedó inmóvil. No sabía qué planeaban. Su tío Alejandro, el único que la protegía, había viajado a Ciudad de México por negocios de su tequila durante una semana.
En aquella casa, estaba completamente sola, a merced de la crueldad de su tía y su prima, quienes siempre la maltrataban cuando él no estaba.
***
Esa noche, a las once. El aire en Guadalajara era sofocante. Violetta fue arrastrada a la fuerza por Jacinta y Valeria fuera de la hacienda. La subieron a un coche y la llevaron al centro de la ciudad, hacia una cantina de alto nivel oculta tras una gruesa puerta de madera. Jacinta ya había concertado una cita allí.
El fuerte aroma del mezcal, el humo del tabaco y el perfume barato golpearon de inmediato el agudo sentido del olfato de Violetta en cuanto entraron. La música de mariachi sonaba a lo lejos, ahogada por el tintinear de los vasos y las risas estridentes.
Jacinta condujo a Violetta a una sala privada en la parte trasera de la cantina. En aquella habitación en penumbra, un hombre esperaba sentado tras una gran mesa de madera.
—Entonces, ¿qué le parece, señor Don Jason? Es hermosa, ¿verdad, mi sobrina? —dijo Jacinta con tono adulador.
El hombre, Jason, esbozó una sonrisa ladeada. Dio un sorbo lento a su tequila añejo, mientras sus ojos grises se fijaban intensamente en Violetta, que temblaba en un rincón.
Violetta llevaba un vestido de seda rojo intenso, una prenda que Valeria le había obligado a ponerse y que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Su flequillo recto cubría su frente, y un labial rosado brillante adornaba sus labios cerrados. Para Violetta, el hombre frente a ella no era más que una gran silueta amenazante, rodeada por el difuso resplandor de una lámpara de araña.
—Sí, es muy hermosa. Realmente hermosa —elogió Jason con voz grave y ronca.
—Entonces, ¿cuál es el trato? —preguntó Jacinta con calma.
—Bien —Jason dejó su vaso sobre la mesa—. Transferiré ahora mismo setecientos mil pesos. El resto... después de que pase una noche satisfactoria con ella.
—Gracias, señor Don Jason. Es un placer hacer negocios con usted.
Una vez que verificaron que la transferencia había sido realizada, Jacinta y Valeria se marcharon sin mirar atrás, dejando a Violetta sola con Jason.
Violetta no sabía dónde estaba, pero el fuerte olor a alcohol y la música lejana le bastaban para comprender que aquel no era un lugar común. El miedo la envolvía por completo.
—Ven, mi amor. Acompáñame —dijo Jason con suavidad, intentando tomar su mano.
Violetta se sobresaltó y la apartó de inmediato.
—¿Quién eres?
—Tranquila. Soy alguien que hará que olvides todas tus tristezas esta noche —respondió él, intentando acariciar su largo cabello.
—¡No! ¡Aléjate! ¡No te conozco! —exclamó Violetta, retrocediendo un paso.
Jason resopló, irritado. Su paciencia se había agotado. Sin perder tiempo, cubrió la boca de Violetta con su gran mano y la arrastró fuera de la cantina por la puerta trasera, hacia un hotel boutique cercano.
Violetta intentó resistirse, arañando y pateando, pero su fuerza no se comparaba con la de aquel hombre. Y además, incluso si lograba escapar, no sabría a dónde huir en aquella ciudad desconocida y oscura.
Dentro de la lujosa habitación del hotel, Jason empujó con brusquedad el cuerpo de Violetta sobre una cama king size. Ella cayó, jadeando.
—¡Oye! ¡He pagado mucho por ti! ¡Ni sueñes con escapar de mí! —rugió Jason, comenzando a desabotonar su guayabera.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Violetta. Las palabras de aquel hombre eran como cuchillas clavándose en su corazón. Su tía… su prima… realmente la habían vendido. El mundo que siempre había sido borroso para ella ahora se sentía completamente sumido en la oscuridad.
Jason arrojó su camisa al suelo y se acercó a la cama. Pero Violetta no se quedó inmóvil. Su instinto se agudizó en medio del miedo. Cuando Jason se aproximó, reunió todas sus fuerzas y empujó su pecho con toda su energía. Tomado por sorpresa, él trastabilló y cayó al frío suelo de baldosas.
—¡Puta madre! ¿Cómo te atreves a hacerme eso, eh? —rugió Jason, levantándose con furia.
"Tuan Vir!" Mateo, asisten kepercayaannya, bergegas menghampirinya dengan tablet di tangan. "Saya baru saja mendapatkan akses ke rekaman CCTV tersembunyi dari bar La Catrina malam itu. Silakan lihat."Mateo memperlihatkan layar itu padanya. Layar tersebut menampilkan rekaman buram dua wanita menyeret seorang gadis berpakaian merah ke dalam sebuah ruangan pribadi. Beberapa saat kemudian, dalam adegan lain, Vir, yang benar-benar mabuk, tanpa sengaja memasuki ruangan yang sama."Gadis ini, Pak," kata Mateo sambil menunjuk Violetta, yang masih tak sadarkan diri. "Namanya Violetta. Dia keponakan Alejandro, pemilik perkebunan agave besar. Menurut informasi yang saya dapat dari para karyawan bar, bibinya sendirilah yang menjualnya malam itu kepada seorang pria bernama Jason."Vir mengepalkan tinjunya hingga buku-buku jarinya memutih. Matanya bersinar dengan cahaya yang tajam.—Jadi… dia bukan wanita yang Anda pekerjakan?"Tidak, Pak. Saya tidak akan pernah melakukan hal seperti itu. Ini adal
Alejandro avanzó con paso firme hacia Jacinta. Sus ojos agudos se clavaron en la mano de su esposa, que temblaba mientras colgaba apresuradamente la llamada. Jacinta forzó una sonrisa, aunque el sudor frío ya perlaba sus sienes bajo la intensa luz de la cocina.—¿Quién estaba gritando por dinero, Jacinta? ¿Y quién no debía tocar a quién? —preguntó Alejandro en un tono bajo, cargado de presión.Jacinta soltó una risa breve, que sonó discordante.—Oh, eso… eso era solo un cobrador de deudas de los proveedores de telas de Valeria. Hubo un malentendido con los plazos de pago. Ya sabes cómo es la gente del mercado en Guadalajara, suelen ser bruscos al hablar. No pasa nada, cariño. Volvamos a la mesa.Alejandro aún la miraba con recelo, pero Jacinta se apresuró a tomarlo del brazo y lo condujo fuera de la cocina.Mientras tanto, en el comedor, la atmósfera estaba lejos de ser tranquila. Valeria permanecía recostada, jugando con sus largas uñas pintadas de rojo intenso, observando a Violetta
La intensa luz del sol matutino de México se filtraba a través de las cortinas de la habitación del hotel en Guadalajara. Violetta dejó escapar un leve gemido. Su cabeza le pesaba, como si mil piedras la hubieran golpeado. Pero el dolor más real se encontraba en la parte baja de su cuerpo, un ardor punzante que le recordaba la tragedia de la noche anterior.Intentó moverse. Sintió su piel rozar con la de alguien más, cálida. A su lado, en su visión borrosa hecha de siluetas, distinguió la figura de un hombre grande, profundamente dormido. Su respiración era tranquila, en contraste con el corazón de Violetta, que latía desbocado por el miedo.—Debo irme… tengo que huir… —susurró con voz ronca.Se deslizó fuera de la cama, temblando. Cuando sus pies tocaron el suelo, la debilidad casi la hizo caer. Entonces se dio cuenta: su cuerpo estaba completamente desnudo. Su vestido rojo yacía hecho jirones en un rincón.Con manos temblorosas, tanteó el suelo en busca de algo con qué cubrirse. Sus
—¡Puta madre! ¿Cómo te atreves a hacerme eso, eh? —rugió Jason, poniéndose de pie con furia.Violetta entró en pánico. Se dejó caer del borde de la cama, tanteando la pared con manos temblorosas en busca de una salida. Pero Jason fue más rápido. Le sujetó la muñeca, la torció hacia atrás y la empujó de nuevo sobre la cama.Justo cuando Jason estaba a punto de abalanzarse otra vez sobre ella, el teléfono en el bolsillo de su pantalón comenzó a sonar con insistencia. Maldijo entre dientes y miró la pantalla. El nombre “Vikana” aparecía allí.Jason gruñó frustrado, lanzó una mirada amenazante a Violetta y aflojó su agarre. Contestó la llamada y salió de la habitación, cerrando la puerta de un portazo.Violetta se encogió sobre la cama, aferrando su vestido rojo ya desgarrado. Su corazón latía con fuerza, mientras las lágrimas corrían sin parar por sus mejillas. Estaba completamente aterrada.Papá… Mamá… Violet tiene miedo, sollozó en su interior, llamando a sus padres fallecidos.***En





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