Aquella mañana, la luz del sol de Ciudad de México ardía con intensidad detrás de los enormes ventanales de la lujosa residencia de Jane. Sobre la mesa de mármol de la sala, un grueso sobre blanco de textura elegante yacía abierto. Jane y su hija, Vannesa, permanecían inmóviles observando la tarjeta de invitación con letras doradas que brillaban bajo la luz de la lámpara.
—Esto no puede ser posible —siseó Vannesa, con el rostro pálido—. ¿Violetta Eleanor? ¿Quién es esa mujer? ¿Por qué Vir De la