Después de que el sastre se marchó, la amplia habitación de la mansión volvió a sumirse en un silencio opresivo. Violetta inhaló profundamente, intentando llenar unos pulmones que se sentían asfixiados. Se levantó de la silla de madera tallada y caminó despacio, tanteando el aire con las manos.
Sus pasos se detuvieron cuando sintió una tibieza rozar su rostro. Frente a ella había un resplandor blanco inmenso. Violetta supo que se trataba de una ventana gigantesca que daba hacia la ciudad. Perma