El Mercedes negro se detuvo con un suave chirrido de neumáticos frente al lobby del Hospital ABC Santa Fe. Vir descendió primero, seguido de Violetta, a quien guiaba con cuidado. El aire matutino de México, normalmente cálido, ahora se sentía opresivo. Apenas pusieron un pie sobre el mármol del hospital, Jacinta ya los estaba esperando con el rostro encendido por la furia.
—¡Lárguense! ¡No se acerquen! —gritó Jacinta histérica. Señaló a Violetta con un dedo tembloroso—. ¡Eres una sobrina malagr