Mundo ficciónIniciar sesiónLiana nunca pidió un trono, pero se le exigió un sacrificio. Con veintitrés años, pensó que había escapado del oscuro legado de su familia. Pero cuando una deuda de sangre la pone cara a cara con el hombre más temido de la ciudad, su vida se convierte en una moneda de cambio. Lucifer D'Angelo no es solo el Don de la mafia más despiadado; es el mal con traje de sastre, el hombre cuya reputación de crueldad solo es superada por su carisma. Para él, Liana no es solo una mujer, es la última pieza que necesita para consolidar su poder. El precio por la vida de su ser querido: convertirse en su esposa, su reina, y vivir en una jaula de oro. Ella acepta el trato con una única promesa: no perder su alma. Atrapada en un mundo de pactos de sangre, traiciones silenciosas y lujos que esconden una violencia brutal, Liana debe jugar el papel de consorte perfecta, mientras lucha contra el odio que siente por su captor... y contra la fascinación innegable que su oscuridad ejerce sobre ella. Pero la guerra por el trono está lejos de terminar. Los rivales de Lucifer ven a la nueva reina como su debilidad. Y cuando la tensión explote en pasión prohibida, Liana deberá decidir: ¿Seguir luchando por la libertad que ha perdido, o se rendirá al fuego y se convertirá en la única mujer digna de gobernar a su lado? En el infierno de la mafia, la lealtad es un lujo y el amor es el arma más letal. ¿Podrá una reina domar al diablo... o él consumirá su luz para siempre?
Leer másVarios meses después de su regreso de las Maldivas, la vida en el palazzo D’Angelo había encontrado un ritmo inesperado: la coreografía rigurosa de una corte de poder mezclada con la tierna rutina de una familia nueva. Liana no solo era la Reina, era también la madre. El imperio prosperaba. La limpieza de la Casa había cimentado la posición de Liana con el Estado, y las operaciones en las sombras, dirigidas con la sabiduría de Lucifer y la estrategia de Liana, eran más eficientes y seguras que nunca. Lucifer continuaba siendo el temido hombre de poder ante el mundo: frío, implacable, y con una mirada que podía congelar la voluntad de cualquier rival. Pero esa severidad terminaba en el umbral de su suite privada. Su hijo, Alessandro, había llegado al mundo tres meses atrás, llenando su vida de un amor que Liana no sabía que le faltaba. El bebé era una mezcla perfecta de ambos: los ojos oscuros y profundos de Lucifer, pero el temperamento inquisitivo y la curiosidad tranquila d
El segundo matrimonio de Liana y Lucifer no fue un evento para la prensa, ni un espectáculo para cimentar alianzas. Fue una ceremonia silenciosa, profunda y absolutamente sincera, celebrada seis meses después de la propuesta. La primera boda había sido un contrato de papel firmado en una oficina fría, con un vestuario negro y miradas llenas de desconfianza. Esta vez, el evento se celebró en una villa histórica que poseía la Casa en la Toscana, rodeada de cipreses y con el sol filtrándose entre las colinas. Era un lugar sagrado para su paz, lejos del bullicio de Milán. Liana había insistido en la simplicidad, pero la opulencia de la Casa era inevitable. El vestido que eligió no era el blanco prístino de la Reina Reformadora, sino un suave color marfil, con encaje que abrazaba su figura, simbolizando su vulnerabilidad y su fuerza. En su tocador, Elena ajustaba el velo, su rostro por primera vez completamente en paz. —Tu padre estaría orgulloso. No solo del poder que has forj
Un año había transcurrido desde la mañana en que Lucifer, con sangre en las manos y el alma herida, regresó de Como para salvar el imperio de Liana. Un año fue suficiente para reescribir la historia. El escándalo de las antigüedades era ahora un capítulo cerrado, atribuido oficialmente a la ambición desmedida de Dante Rossi y la red criminal de Petrov. Liana Vespera-D’Angelo era aclamada por la prensa como la Reina Purgadora, la joven líder que había limpiado la corrupción en una de las familias más poderosas de Italia. Lucifer, bajo un perfil rigurosamente bajo, se había transformado en el discreto esposo y filántropo. Él supervisaba las operaciones de la Casa desde las sombras, moviendo piezas con precisión, pero el rostro público, la voz y la autoridad eran indiscutiblemente de Liana. La reforma no era solo una narrativa; era una realidad. La relación de Liana y Lucifer había evolucionado de una alianza estratégica a un matrimonio de respeto y entendimiento mutuo. Ya no eran
Lucifer abandonó el palazzo a toda velocidad, dejando atrás el caos de los medios y la amenaza de arresto. Había cedido el control legal a Liana, pero el control de la venganza era suyo. Su figura, armada y tensa, era la encarnación del Diablo que había intentado enterrar. La ciudad era su coto de caza. En el Museo Cívico, Liana, a salvo pero hirviendo de rabia, se comunicó con él a través del canal cifrado que Bruno había activado. Ella sabía que su hombre estaba operando en las sombras, y para protegerlo, debía convertirse en su inteligencia. —Bruno rastreó un pago de dos millones de euros realizado hace tres horas a una cuenta anónima en Zurich —informó Liana, su voz firme y sin temblor, a pesar de la adrenalina—. La cuenta fue creada por un intermediario que trabajó para Isabella en el pasado, un experto en logística de evasión. —¿La ruta? —preguntó Lucifer, conduciendo por las carreteras secundarias hacia el norte. —Isabella no usará un aeropuerto comercial. Necesita una





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