Capítulo 61. Amenaza neutralizada
Lucifer abandonó el palazzo a toda velocidad, dejando atrás el caos de los medios y la amenaza de arresto. Había cedido el control legal a Liana, pero el control de la venganza era suyo. Su figura, armada y tensa, era la encarnación del Diablo que había intentado enterrar. La ciudad era su coto de caza.
En el Museo Cívico, Liana, a salvo pero hirviendo de rabia, se comunicó con él a través del canal cifrado que Bruno había activado. Ella sabía que su hombre estaba operando en las sombras, y para protegerlo, debía convertirse en su inteligencia.
—Bruno rastreó un pago de dos millones de euros realizado hace tres horas a una cuenta anónima en Zurich —informó Liana, su voz firme y sin temblor, a pesar de la adrenalina—. La cuenta fue creada por un intermediario que trabajó para Isabella en el pasado, un experto en logística de evasión.
—¿La ruta? —preguntó Lucifer, conduciendo por las carreteras secundarias hacia el norte.
—Isabella no usará un aeropuerto comercial. Necesita una