Capítulo 59. Pasión
Liana regresó a la suite después de la conferencia de prensa. No era un regreso triunfal; era la llegada de una guerrera exhausta. El traje blanco de la reforma estaba manchado con el polvo invisible del campo de batalla mediático. Había sacrificado el orgullo de Lucifer, había implicado a su pasado y había puesto a su hermano en manos de un equipo médico desconocido. Estratégicamente, había ganado; emocionalmente, estaba rota.
En el silencio de la suite, Lucifer la esperaba. Había quitado su blazer y se había quitado el vendaje compresivo, dejando la herida de machete expuesta, una línea roja y gruesa que cruzaba su hombro derecho. No había rastro de la ira contenida de la mañana; solo una vulnerabilidad brutal. Había aceptado la humillación pública, y su cuerpo herido era un testimonio silencioso de su sumisión a su voluntad.
Liana apenas podía respirar por el alivio de la llamada de Elena: Evan estaba sedado y a salvo. Miró a Lucifer, la encarnación viva y culpable de su infier