Mundo ficciónIniciar sesiónDurante siete años, Rachel Miller entregó su alma, su tiempo… incluso su dignidad… por un amor que nunca la mereció. Soportó humillaciones en silencio, sacrificó sueños y se desdibujó a sí misma para mantener unida una familia que, al final, la traicionó. El golpe definitivo llegó cuando su propia hija —la niña a quien había amado con cada latido— eligió a la amante de su marido sobre ella. Fue entonces cuando Rachel entendió: el amor no es sufrimiento. Así que se reinventó, convirtiendo su dolor en poder y su ambición en un imperio. Ahora es una magnate respetada y deseada en los círculos más exclusivos de Londres, incluido su arrepentido exmarido. Pero Rachel jamás volverá la vista atrás. Porque ahora camina del brazo del hombre más influyente de la ciudad, quien la mira como si fuera el centro de su universo. Él le demostró que a veces hay que hundirse en la miseria para poder encontrar el verdadero oro. —Qué bueno que él no supo valorarte —dijo Aaron Hunter, atrayéndola contra su pecho—. Porque si no hubiera sido por su estupidez… nunca habrías llegado a mis brazos. Ella sonrió, apoyando la frente en su hombro. —¿Y si te digo que ya no quiero ser valorada? —Entonces te diré que no se trata de valor —murmuró él, besando sus labios—. Se trata de adoración. Y tú, mi reina, eres la única que merece la mía.
Leer más¡MIS AMADAS! 💖Hemos llegado al final de esta aventura y debo decir que la historia de Aarón y Rachel ocupa un rinconcito muy especial en mi corazón... y sé que también en el de ustedes. ✨Muchas se preguntan sobre Ángelo y Auroa. Y... ¡Sí, son los siguientes! 👀Tendrán todos los detalles en mis redes... ¡síganme para no perderse de nada!Sin más por ahora, mil gracias de todo corazón.Las amo, infinitamente. 💕
C187-EL MÁS AMA, SIEMPRE GANA. Londres, 11 años después… El cielo estaba cubierto de nubes suaves y Melody caminaba del brazo de Aaron. Tenía 18 años recién cumplidos. Su pelo rubio dorado, estaba recogido en una trenza lateral, que capturaba los escasos rayos de sol que se filtraban entre las nubes. Sus ojos azules como el mar, brillaban con una mezcla de determinación y nerviosismo. Vestía un vestido sencillo, blanco, con un lazo rojo en la cintura y en una mano, sostenía un ramo de claveles blancos y una rosa roja. En la otra, una pequeña caja de terciopelo azul. A su lado, Aaron, en sus cuarentas y tantos, lucía guapo y fuerte. No hablaban. Solo caminaban, por el sendero empedrado del Highgate Cemetery, entre lápidas antiguas y árboles que susurraban historias de vidas que fueron y ya no son. Finalmente, se detuvieron. Frente a una tumba sencilla, con las letras talladas con elegancia. "JOHN CARTER" Melody inhaló, como si estuviera reuniendo fuerzas para algo, algo que
C186- ENCUENTROS PARALELOS.La noche anterior había sido reveladora. Aaron la vio venir, estaba recostado en el asiento de su Maybach, observando cómo Rachel se acercaba con ese andar elegante que tanto admiraba.—¿Hablaste con ella? —preguntó él, levantando el brazo para invitarla a su lado.Rachel se acurrucó contra su pecho, con una sonrisa cansada, pero plena. El calor de su cuerpo se fundió con el de Aaron, creando ese espacio íntimo que solo ellos compartían.—Sí.Levantó la vista, los ojos brillando con complicidad y había algo en su mirada, una mezcla de satisfacción y alivio.—Siempre es bueno un poco de sororidad femenina. Sobre todo cuando las perras andan sueltas.Aaron rió y le besó la sien. Sus dedos se enredaron distraídamente en el cabello, jugando con un mechón rebelde.—Me encanta cuando te pones guerrera.—No soy guerrera. Soy aliada, hay diferencia.Sus palabras quedaron flotando en el aire mientras ambos contemplaban las luces de la ciudad a través de la ventana.
C185- ¿QUÉ HICE?Aurora levantó la mirada del espejo, sus ojos estaban rojos y las mejillas manchadas de rubor y lágrimas.La mujer en la puerta era Rachel.No sonreía con lástima. No la miraba como a una niña malcriada. La miraba como a una guerrera que acababa de perder una batalla… pero no la guerra.—Hola —dijo Rachel, cerrando la puerta tras de sí—. ¿Estás bien? Vi lo que pasó.Aurora tragó saliva. Intentó enderezarse.—Estoy perfectamente.Rachel se acercó, no demasiado, pero sí, lo suficiente.—No, no lo estás —dijo, suave—. Y no pasa nada.Se acercó al dispensador de toallas, sacó dos, las humedeció con agua fría y se las ofreció.—Toma. Para los ojos. Y para la frente, la adrenalina te hace arder por dentro.Aurora dudó… pero las tomó, entonces Rachel se apoyó en el lavamanos, a su lado.—Isolde Van Derlyn es una perra resbalosa —dijo, como si comentara el clima—. Hace dos años le hizo lo mismo a la esposa de un ministro en París. Solo que usó un tenedor.Hizo una pausa. Sonr





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