Mundo ficciónIniciar sesiónClara é uma jovem freira, cercada pela autoridade e expectativas de uma família poderosa e religiosa. Enviada para um evento beneficente na Basílica da família, ela conhece o misterioso Padre Andrei Iliescu, um homem de presença enigmática que desperta nela uma atração inesperada. Enquanto o evento se desenrola, Clara se vê envolvida em uma teia de segredos e dilemas pessoais, entre o peso da fé e as sombras de seu próprio passado. Mas quando Clara testemunha algo que não deveria, sua vida vira de cabeça para baixo, e ela se vê forçada a confrontar verdades desconfortáveis sobre aqueles que mais ama. Agora, entre confiança e traição, ela terá que decidir até onde está disposta a ir para descobrir quem realmente está no controle de seu destino.
Leer másLARS
Yo era el tipo con la vida perfecta: prometida perfecta, padres perfectos, hermanos perfectos, trabajo perfecto, y encima el futuro Duque de Arenberg. A que lo tenía todo, ¿verdad?
Pues era una auténtica m****a.
Tras un largo día de conferencias y trabajo duro, lo único que quería era darme un baño y tirarme en la cama a dormir. Cada maldito día desde que esto comenzó sentía una presión en el pecho que intentaba ignorar porque era lo que se esperaba de mí. ¿A quién le importaban mis sentimientos? ¿Eso existía en la nobleza?
Entré al ascensor en solitario, eran las once de la noche. Le había dicho a Karen, mi prometida, que no llegaría a dormir esa noche, pero las cosas cambiaron en la reunión y terminé pudiendo volver al hotel. La verdad no quería ir a esas fiestas de los ponentes.
Mientras esperaba a que la puerta se cerrara, vi a las personas pasar por acá y por allá, y una de ellas llamó mi atención: era un tipo moreno, alto y bien formado; caminaba con una elegancia que solo había visto en pocas personas hasta ahora, y por alguna razón al ver su rostro de perfil sentí que se me encogía el estómago y se me hundía el corazón en el pecho.
Apreté los labios porque detestaba esa sensación, y fruncí los dedos de los pies para respirar hondo. ¿Por qué siempre…?
Sonó un pitido y las puertas empezaron a cerrarse. Justo entonces, el hombre volteó y nuestras miradas se encontraron, y me aterré, Dios, ¡¿por qué me aterraba?! Pude ver la sorpresa en su cara, pero gracias al cielo las puertas terminaron de cerrarse, y me encontré a mí mismo con el corazón desbocado, y las piernas tan temblorosas que me tuve que agarrar a las paredes de la cabina para no caerme. Un zumbido me llenó la cabeza y sentí un hormigueo en los pies, en tanto respiraba como si acabara de correr un maratón.
¿Por qué siempre era así cuando se trataba de él?
Apreté los labios con más fuerza e intenté serenarme mientras el elevador subía, y para cuando llegué a mi piso ya al menos podía sostenerme.
Salí de la cabina ajustándome el saco, fingiendo ser todo lo digno que no era, y avancé con el paso más seguro que pude hasta mi habitación.
A pesar de ser el primogénito del Duque de Arenberg de Hiraeth, no me gustaba tener escolta, y a mi padre le importaba tan poco que ni siquiera me la impuso. La sensación de libertad era de lo mejor. Tenía a Casper, mi asistente, pero él ahora debía estar en el quinto sueño.
Saqué mi llave a medida que llegaba a la puerta designada, pero justo cuando estaba por pasar la tarjeta por el sensor oí algo desde dentro y me sobresalté.
¿Era un grito?
Karen estaba dentro, ¡acaso ella…!
Alarmado, pasé la tarjeta a toda prisa y entré corriendo. La suite en la que me hospedaba tenía un recibidor y la habitación estaba más atrás. Corrí hacia allá y abrí la puerta de golpe, con los gritos siendo más fuertes.
—¡Karen, ¿estás bi…?!
Pero no pude terminar de hablar.
Sentí que el corazón se me fue al estómago y todo se me revolvió por dentro por lo que vi. Ahí estaba, «Lady Greifen», mi flamante prometida, desnuda y con las piernas abiertas ante un hombre que yo no conocía, pero sin dudas no estaban jugando a la casita.
Ella se espantó de pronto apenas verme y su cara palideció.
—¡Lars, ¿qué estás haciendo aquí?! —gritó casi recriminándome, como si yo fuera el que estaba actuando mal aquí?
El tipo se le quitó de encima a toda prisa y ambos se taparon, pero yo solo podía ver todo con los ojos bien abiertos.
—No me jodas… —mascullé.
—Lars, ¡puedo explicártelo! ¡Yo…!
—¡Sal de mi cuarto! —le grité al tipo, que me miró como apenado. No me importaba.
Él tomó su ropa y empezó a vestirse a trompicones. En cuestión de nada se fue, dejando a una Karen cuyas emociones en su cara bailaban entre la indignación y el temor.
Dios, Dios… ¡qué demonios!
Ella se sentó, aún cubriéndose con la sábana, con una dignidad que no entendía de dónde sacaba, y me miró con serenidad.
—Lars, esto no es lo que piensas, no tiene por qué afectarnos en nada.
Fruncí el ceño.
—¿Acaso te estaban obligando?
Mi desdén evidente la hizo arrugar la cara, y vi que pensaba en qué decir a continuación; sin embargo, no le di la oportunidad. Me acerqué a grandes zancadas, tomé su mano izquierda y le quité el anillo de compromiso que tenía puesto.
—Eres tan desgraciada que incluso corrompes esto. —Se lo enseñé, y el pasmo pintó su cara—. Vete de mi cuarto.
Me alejé, pero ella seguía como si nada.
—Los dos sabemos que esto te hará más daño a ti que a mí, Lars. Después de todo, tus padres…
—¡Al carajo mis padres, Karen! ¿Crees que puedes hacer lo que te dé la gana por mis padres? ¡No me jodas! Hasta ese par tienen límites, y te aseguro que tú acabas de rebasarlos. No me voy a casar con alguien así. —Respiré hondo, sintiendo que la presión en mi cabeza aumentaba a niveles peligrosos—. Vete. Voy a ir a dar una vuelta, y cuando regrese no quiero verte aquí.
Abrió la boca para decir algo, pasmada unos instantes por mi evidente molestia, pero volvió a cerrarla. Yo me di la vuelta y salí de ahí.
Necesitaba tomar aire, demonios… ¡Necesitaba desaparecer de este maldito mundo!
El corazón se me apretó fuerte en el pecho, y cada paso que di de vuelta al ascensor parecía tener la gravedad aumentada a mil.
Al llegar a la planta baja no le presté atención a nadie. Metí el anillo en mi bolsillo, una reliquia de mi abuela, y salí de ahí a la calle. Hacía frío, sí, ¿pero y qué?
Necesitaba despejarme, o congelarme, ¡o morirme! Qué jodienda. Encima que me comprometía con una chica, terminaba en esta m****a.
Volví a respirar hondo mientras avanzaba raudo por la calle y sin rumbo fijo, hasta que me di cuenta de que no tenía ni idea de en dónde estaba, y de que todo alrededor estaba muy silencioso.
Miré a todas partes y apenas vi un par de autos pasar en medio de la oscuridad, pero se me crispó la espalda. ¿Había alguien detrás de mí?
Sin embargo, para cuando volteé ya era demasiado tarde. Sentí un fuerte golpe en la cabeza, el mundo me dio vueltas y todo se volvió negro.
Me desmayé como un idiota.
• • •
¡Hola! Gracias por estar aquí, esta es la historia de Ulrik, Rik, a quien hemos visto en otras de mis novelas, las de sus mejores amigos: Una hija para el CEO solitario y La falsa esposa del billonario. Las encuentras completas en mi perfil. ¡Gracias por darle la oportunidad!
A caminhada pela propriedade foi longa, silenciosa. A floresta parecia prender o fôlego, como se soubesse o que estava escondido sob suas raízes. Quando cheguei à entrada do bunker, o som dos meus passos sobre a terra congelada foi engolido pelo concreto.Desci. Cada degrau afundava mais meu peito no inferno que eu mesmo criei. A porta de aço gemeu ao abrir.A luz fraca do teto tremulava, lançando sombras pelas paredes úmidas. E no centro… ali estava ele.Luiz Antônio Barreto de MendonçaAcorrentado pelo pescoço, como um cão. O rosto mal cicatrizado mostrava muitas cicatrizes, ele era quase irreconhecível.Sentado no chão de pedra, o rosto coberto de hematomas, os olhos fundos. Magro. Roupas rasgadas. Fedia a urina, fezes e suor seco. A pele marcada por cordas, sangue seco nas bordas da corrente. A barba desgrenhada. Mas mesmo ali, mesmo naquela condição deplorável, ele me olhou com uma mistura de desprezo e fanatismo que me deu nojo.— Demônio… — ele sussurrou, cuspindo no chão
— Isso é bonito, Laura — ela disse, com a voz suave.— E é libertador — completei, sorrindo, acariciando a barriga. — Eu achei o meu lugar. Finalmente. E é aqui. Com ele. Com meu filho. Com vocês por perto.Natasha segurou minha mão. E ali, por um instante, o mundo pareceu certo. Mas é claro que nada é perfeito. Às vezes… a dor volta. Como um eco.— Você já pensou… no que aconteceu com o seu pai? — ela perguntou baixinho, quase como se não quisesse estragar o momento. Olhei pra frente. Para o nada. Um ponto distante que só eu enxergava.— Alexey disse que entregou ele às autoridades no Brasil. E que… depois disso, as pessoas fizeram justiça com as próprias mãos.Meus olhos marejaram, mas eu não chorei.— Ele morreu lá. No Brasil. Como um homem comum. Sozinho. — Pauso, engolindo as lágrimas teimosa. — Ele merecia isso. Mas, ainda assim… é estranho. Ele era meu pai.Natasha não disse nada. Apenas apertou minha mão com mais força.— Minha mãe acha que eu morri — acrescentei. —
Ele me puxou com força. Como se fosse possível me colar nele e me proteger de tudo ao mesmo tempo. E então ele me beijou.Meu Deus, ele me beijou. Sem delicadeza, sem ensaio, sem medo. Um beijo desesperado, bruto, salgado por lágrimas e gosto de sangue. Como se ele precisasse provar que eu ainda estava ali, que eu era real, que ele não tinha perdido tudo.Eu chorei contra os lábios dele. Senti o rosto dele molhado também.— Eu te amo. — Ele sussurrou, colado à minha boca, a voz rouca, quebrada. — Porra, Sfântă mea, eu te amo. Eu procurei você, eu jurei que se te encontrasse de novo, nunca mais deixaria você ir.— Me perdoa. — As palavras saíram emboladas nos soluços. — Me perdoa por ter fugido. Eu tava com medo… Eu… Eu também te amo, Alexey. Eu te amo tanto que dói.Ele encostou a testa na minha, os olhos fechados, respirando como se o ar do meu corpo fosse o único que ele precisava.As mãos dele desceram pelo meu corpo, como se quisessem verificar se eu estava inteira, viva. Q
O som foi ensurdecedor. Mas Alexey se moveu de forma tão rápida que o disparo passou por ele como se ele fosse uma sombra. Ele já estava desarmando o homem, uma arma preta e enorme aparecendo na sua mão, algo que eu não fazia ideia de onde ele havia tirado. Ele atirou, e o capanga que tentava matá-lo caiu no chão com um estalo abafado.A briga começou então, uma luta feroz. O outro capanga tentou também, mas Alexey foi mais rápido, mais implacável. Socos, chutes, gritos, os dois rolando pelo chão, sangue espirrando por todos os lados.Foi tudo um borrão. A confusão tomou conta de mim. Eu sabia que precisava me mover, mas a visão da luta estava me paralisando, o caos me engolindo. E era agora ou nunca.Foi quando eu vi uma brecha.Eu me agachei, tentando fugir do alcance, enquanto os homens se batiam. Meus pulsos ainda estavam atados, mas com a atenção do pai voltada para a luta, eu consegui deslizar para o lado, quase sem fôlego. Mas então o meu pai me viu. Ele me viu e, em um m





Último capítulo