Mundo ficciónIniciar sesiónMilenne Daurella, una chica de 23 años conoce a Hernán Castillo desde los 13 años, por tanto, ambos crecen en el ceno de una familia humilde, al no tener parentesco alguno, empiezan a tener una relación romántica, sin embargo todo cambia desde el momento en el que deciden ir a la ciudad, con el objetivo de progresar a nivel económico. Pues Miles de infortunios se cruzarán en su camino a la felicidad. ¿Podrán derribar todo obstáculo para continuar y cumplir todas sus metas juntos?. Por otro lado tenemos a Gerald Moguer quien esta a cargo del conglomerado Moguer pues es el heredero, sus padres lo instruyeron desde los 8 años para poder hacerse cargo de todo, una vez ellos den un paso al costado. Actualmente tiene 26 años, ya con una amplia experiencia en el mundo de los negocios. Con su imperio creciendo cada día más, solo le falta formar una familia. La duda está en quien es la indicada.
Leer másLa mañana siguiente en la empresa Daurella avanzaba con la precisión habitual: reuniones, llamadas, firmas. Milenne estaba de pie junto a la ventana de su oficina, revisando unos documentos en la Tablet, cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Era su primera semana demandando todo y si que se sentía cansada así que molesto se dirigió a la puerta hasta que lo vio y le dio la espalda, no tenia ganas de verle la cara. —¿Así recibes a tus visitas ahora? —dijo una voz conocida, cargada de diversión. Milenne no necesitó girarse para saber quién era. Su espalda se tensó apenas un segundo antes de recomponerse. —Señor Moguer—respondió con frialdad ensayada —Mi asistente no le dio cita, nuevamente viene a perder el tiempo. —No la necesito —replicó Gerald, cerrando la puerta con suavidad— Tú nunca me la has pedido. Milenne giró por fin. Gerald estaba ahí, apoyado con descaro contra la puerta, traje oscuro perfectamente ajustado, sonrisa ladeada, esa mirada que parecía observar má
Las puertas del edificio Daurella se abrieron de par en par ante la llegada de Gerald. Su figura alta, vestida con un traje perfectamente cortado, atrajo miradas desde el primer piso hasta la sala de juntas del último nivel. Era su primera visita oficial desde que Milenne asumiera el mando como heredera, pero no lo movía el protocolo. Lo movía algo más profundo, algo que no se atrevía a nombrar.El ambiente del edificio había cambiado desde que Milenne tomó el liderazgo. Todo brillaba con un nuevo orden: empleados atentos, movimientos precisos, la elegancia que solo alguien con sangre noble podía imponer sin esfuerzo. Era como si la empresa entera respirara al ritmo de su joven dueña.Gerald caminó por los pasillos de mármol con su sonrisa encantadora, saludando a quienes lo reconocían.—El señor Moguer, socio inversionista de la filial tecnológica —anunció la secretaria mientras lo escoltaba hasta la oficina principal.—La mismísima heredera Daurella lo espera— agregó, abriendo la pu
El evento había terminado en la empresa, pero más tarde el eco de los aplausos aún resonaba en los pasillos de la residencia Daurella. Milenne caminaba despacio, con el abrigo sobre los hombros y la mirada perdida. Había pasado la jornada repitiendo sonrisas, estrechando manos y escuchando felicitaciones que apenas alcanzaba a procesar. Todo había sido un torbellino: su nombre pronunciado ante el mundo, los flashes, el orgullo en los ojos de su abuelo y al mismo tiempo, un vacío extraño en el pecho. Se detuvo frente a una fuente del jardín. El reflejo del agua mostraba el rostro de la nueva heredera Daurella, pero ella apenas se reconocía.Había soñado tanto con saber de su familia, con ocupar un lugar en el mundo y ahora que lo había logrado, sentía miedo. Miedo de perder lo poco que había ganado, miedo de que todo fuese un espejismo. —Sabía que te encontraría aquí —dijo una voz suave detrás de ella. Milenne giró lentamente. Gerald estaba de pie a unos metros, con las manos en l
El amanecer llegó con un aire distinto en la residencia Daurella. Las puertas del gran salón de conferencias se abrieron temprano, dejando ver un ir y venir de empleados, reporteros y directivos de la empresa. Cada rincón parecía cargado de expectación: la heredera perdida de la familia Daurella iba a ser presentada oficialmente. Milenne, frente al espejo de su habitación, ajustaba los puños de su traje con una calma que solo aparentaba. El reflejo que la observaba no era ella de aquella niña temerosa que desapareció años atrás; era ella de una mujer formada por la adversidad, de mirada firme, mandíbula tensa y un porte que imponía respeto. Pero dentro, su corazón latía con fuerza. —¿Lista, señorita Daurella? —preguntó el mayordomo desde la puerta, con una sonrisa contenida. Milenne asintió despacio. —Lista... El hombre mayor rió suavemente. —Su abuelo dice que los verdaderos Daurella simplemente lo están bajo cualquier circunstancia. Las palabras la hicieron sonreí
La noche era fría, húmeda, y el viento golpeaba con fuerza los ventanales rotos del edificio abandonado que servía de refugio. Hernán caminaba de un lado a otro, con el rostro cubierto por una capucha oscura y los ojos cansados. Cada paso que daba resonaba como un eco del mismo pensamiento que no dejaba de atormentarlo: Milenne.Hernán suspiró mirando la luna junto a sus estrellas, era la segunda noche fuera de una celda, la noche anterior los demás hombres que los acompañaron decidieron seguir sus propios caminos, quedando solo David y el. La ciudad respiraba una calma engañosa; en las callejuelas donde las luces eran pocas y los pasos se confundían con el viento, Hernán y David se movían como sombras que aún no habían decidido a qué amanecer entregarse. La libertad que tenían era nueva, cruda y frágil, un suspiro obtenido a fuerza de sangre y astucia; cualquier movimiento en falso podía convertirla otra vez en barro y rejas. Estar lejos de la prisión no era sinónimo de estar a
El sonido del teléfono rompió el silencio del despacho. Gerald levantó la vista de los documentos, cansado, con las mangas arremangadas y el ceño levemente fruncido. Había pasado semanas sin noticias relevantes, pero esa llamada, a las once de la noche, no podía ser casual. Tomó el móvil y respondió con voz baja, controlada, pero cargada de una tensión que solo él entendía.—¿Detective Smith?—Señor Moguer —contestó la voz grave del otro lado— Lamento llamarlo a esta hora, pero encontré lo que me pidió. Es sobre Hernan Castillo.El corazón de Gerald se detuvo por un segundo. Su respiración se hizo pesada, pero fingió calma. Se recostó en el sillón, sosteniendo el teléfono con firmeza.—Habla.Hubo un silencio corto, lleno de peso. El detective respiró hondo antes de continuar.—Encontramos su rastro hace una semana. Estuvo recluido en la prisión durante más de un mes. Ingresó acusado de robo, era conocido con un sobrenombre por los reclusos, no sabíamos si era el que nos ordeno pero a





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