Mundo ficciónIniciar sesiónMilenne Daurella, una chica de 23 años conoce a Hernán Castillo desde los 13 años, por tanto, ambos crecen en el ceno de una familia humilde, al no tener parentesco alguno, empiezan a tener una relación romántica, sin embargo todo cambia desde el momento en el que deciden ir a la ciudad, con el objetivo de progresar a nivel económico. Pues Miles de infortunios se cruzarán en su camino a la felicidad. ¿Podrán derribar todo obstáculo para continuar y cumplir todas sus metas juntos?. Por otro lado tenemos a Gerald Moguer quien esta a cargo del conglomerado Moguer pues es el heredero, sus padres lo instruyeron desde los 8 años para poder hacerse cargo de todo, una vez ellos den un paso al costado. Actualmente tiene 26 años, ya con una amplia experiencia en el mundo de los negocios. Con su imperio creciendo cada día más, solo le falta formar una familia. La duda está en quien es la indicada.
Leer másEl viento del amanecer era helado, cortante, y el cielo apenas comenzaba a teñirse de un gris pálido sobre los callejones húmedos de Mapo-gu. Hernan caminaba con las manos en los bolsillos, la capucha cubriéndole hasta la frente y una mascarilla negra ocultando lo poco de su rostro visible. Nadie lo miraba dos veces; en una ciudad que no dormía, los fantasmas caminaban entre los vivos todo el tiempo.Se movía con cautela. Había aprendido a leer el lenguaje de las calles: cuándo cruzar, cuándo mirar hacia atrás, cuándo esconderse. La prisión le había robado muchas cosas, pero le había dejado una habilidad inquebrantable para sobrevivir.Cruzo una esquina y entró en una vieja tienda de conveniencia, manteniendo la cabeza gacha. Compró lo mínimo con efectivo, una botella de agua, pan y una lata de café frío. Al salir, el sonido de motores y voces lo obligó a detenerse.A pocos metros, estacionados frente a un pequeño restaurante cerrado, había dos autos negros. Hombres con trajes oscuros
La noche caía fría sobre los callejones del distrito abandonado, el único lugar donde dos fugitivos podían caminar sin llamar demasiado la atención. Hernan ajustó la capucha sobre su cabeza, asegurándose de que tapara por completo su cabello. La mascarilla negra le cubría la mitad del rostro, mientras una vincha oscura mantenía su flequillo fuera de los ojos. Era su nuevo aspecto, el de alguien que ya no podía mostrar el rostro que una vez Milenne acarició.David caminaba unos pasos por delante, igual de cubierto y disfrazado, la capucha levantada y la mascarilla escondiendo sus expresiones. Llevaba otra vincha, símbolo silencioso de la vida rebelde y clandestina en la que ambos habían caído.La policía los buscaba. Los detectives del caso seguían rastros. Los noticieros repetían sus nombres. No podían arriesgarse. Habían salido a tomar aire fresco, estar en esa casa los había atosigado, al llegar se tumbaron en el sofá pero David opto por distraerse un rato con el celular.David dej
El edificio Moguer se alzaba impecable, frío, perfectamente alineado con la imagen que Gerald había construido de sí mismo: eficiente, intocable, siempre en control.—Señor Moguer, ya revisé los documentos de la reunión de las once —dijo su nueva secretaria, dejando una carpeta perfectamente organizada sobre el escritorio—También adelanté los correos pendientes y reprogramé la llamada con Osaka para mañana.Gerald alzó la mirada apenas, hojeando las hojas.—Está bien —murmuró finalmente.Y eso, viniendo de él, era más que suficiente.Porque Gerald no era fácil de complacer. Había pasado por secretarias incompetentes, otras demasiado nerviosas, algunas que confundían amabilidad con confianza excesiva... pero ella no. Ella era precisa., rápida y sobre todo, no intentaba impresionarlo.—¿Algo más? —preguntó ella, completamente neutra.Gerald negó levemente.—Por ahora no.La puerta se cerró sin ruido, dejándolo otra vez solo con el sonido tenue del aire acondicionado y el peso constante
Después de ese momento, cuando el silencio ya no pesa tanto y las emociones parecen haberse aquietado apenas lo suficiente para poder respirar, Karina se separa lentamente del abrazo. Se limpia el rostro con el dorso de la mano, recompone la espalda y, con esa habilidad suya para volver a ponerse la máscara de calma, mira a Milenne.—Gracias —murmura— De verdad.Luego, como si necesitara cambiar el rumbo de sus pensamientos antes de que lo arrastren otra vez, aclara la garganta.—Oye... estaba pensando en hacer una pequeña reunión esta noche —dice con un tono casual, aunque sus ojos buscan aprobación— Nada grande. Solo tú y mis mejores amigos: Gerald y Alexander.El nombre cae como una piedra en el pecho de Milenne.Por fuera, mantiene el gesto neutro. Por dentro, todo se tensa.Gerald.Lo último que quiere es estar cerca de él. Desde que supo de su fama, de las miradas fáciles, de los coqueteos sin peso ni intención, algo dentro de Milenne se cerró por completo. Ahora, cada recuerdo





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