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La noche se había convertido en el territorio natural de Gerald. Era cuando las decisiones más oscuras se tomaban con mayor claridad, cuando el mundo parecía guardar silencio para no delatar a nadie. En su despacho, solo la luz de las pantallas iluminaba su rostro serio, muy distinto al hombre provocador que Milenne conocía.

Ahí no había sonrisas.

Solo cálculo.

Los informes se desplegaban uno tras otro frente a él: órdenes de búsqueda, rastreos financieros, movimientos policiales, nombres marca
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