Mundo ficciónIniciar sesiónA Kalet Escoffier le rompió el corazón la mujer que él creía era el amor de su vida dejándole consumido por la amargura. Años después, una noche loca no sólo lo dejó en bancarrota, sino también con dos pequeñas bebés. Ariane Petit vivió un infierno desde que su madre murió y su padre trajo a casa a su amante y a su hija. Le robaron todo y se adueñaron de sus méritos, enviandola lejos para que no estorbara en sus planes. Ahora ella ha vuelto, decidida a recuperar todo lo que le robaron. Un trato desesperado que pondrá al descubierto secretos, mentiras, y un amor que aunque siempre vivió en las sombras de los malos entendidos sigue intacto a pesar del tiempo, aunque ninguno de los dos sea capaz de aceptar que aquel amor que creían muerto, sigue vivo porque nunca murió.... Siempre fue inmortal.
Leer más- ¡¿Te volviste loca Chantal?!.- El grito enloquecido de Albert reverberó por toda la mansión, haciendo eco entre las paredes del lugar.La rubia que se encontraba tranquilamente sentada en el sofá con las piernas cruzadas elegantemente, ni siquiera alzó el rostro, antes de suspirar hastiada y cerrar de golpe la revista que tenía en sus manos.Sabía perfectamente a que se debía aquel arrebato, pero poco le importaba. Estaba harta de todo aquello.Siempre había soñado con una vida de lujos, sin preocuparse por tener un plato de comida en la mesa o tener que hacer ciertos... "favores", con tal de sobrevivir.Si tan solo su corazón no hubiese sido tan ciego y no se hubiese enamorado de Albert... Pero ella era el más claro ejemplo de que en el corazón no se manda y este siempre hace alarde de su estupidez.- Te estoy hablando, ¿Acaso estás sorda?.- El hombre la tomó del brazo alzandola con fuerza, iracundo, como si estuviera a punto de perder la cordura.- ¡¿Qué demonios te pasa Albert?!.
El sonido de la máquina y el lento subir y bajar de su pecho ante cada respiración era lo único que daba la certeza de que aún seguía con vida.Su rostro, lleno de moretones e inflamado lo hacían irreconocible ante los ojos de la chica, quién lo observaba con ojos llorosos y vacíos.Sabía que su padre estaba detrás de aquel acto inhumano, pero no contaba con las pruebas suficientes para acabar con todo aquel desastre de una vez por todas.Aunque después de ver hasta dónde era capaz de llegar, ya no le importaba lo que tuviera que hacer para poder ponerle un alto a su maldad.- ¿Señorita?.- Un hombre de bata blanca ingresó a la habitación, sacando a la chica de su ensimismamiento.Ariane se secó las lágrimas con fiereza y miró al hombre frente a ella, asintiendo como saludo.- ¿Cómo está?.- La pelinegra preguntó sin rodeos, mirando de nuevo al hombre en la cama.- ¿Es usted familiar?.- El médico preguntó con desconfianza.Apenas supo que había alguien irrumpiendo en la habitación del m
- ¿Qué quiere mi princesa hermosa?.- Kalet preguntó con voz melosa mientras tomaba a una de las gemelas con cuidado, la cuál reía dejando a la vista su boca desdentada.Su hermana aún acostada en la cuna, observaba a su padre con sus grandes ojos verdes alejarse con su otra mitad.Empezó a moverse inquieta y Kalet corrió por ella, pero era demasiado tarde. La pequeña rompió en llanto al no encontrar a su hermana provocando que su gemela hiciera lo mismo.- Ya mi amor, ya... Ya no llores... Aquí está.- El hombre susurró tratando de tranquilizarla, mientras la ponía junto a la otra pequeña rubia.- ¿Ves?. Está aquí mi amor, ya no llores.- Deben tener hambre.- Leroy entró a la habitación.- ¿Quieres que te prepare los biberones antes de que me vaya al supermercado?.- No, no Leroy. Está bien. Vete. Yo me encargo.- ¿Seguro?.- Sí, sí.- Kalet respondió a punto de enloquecer.- Ve porque ya casi no queda leche para las bebés y la alacena está casi vacía y no sé si nuestros visitantes comerán
Movió su cabeza con pesadez de un lado a otro, tratando de disipar la somnolencia que aún se aferraba a cada célula de su cuerpo.Se sentía cansada... Totalmente sin energía. Incluso poder alzar los párpados le estaba costando toda su fuerza de voluntad.Su boca se sentía reseca, pastosa y con un sabor amargo que le provocaba náuseas.Pequeños flashes de la noche anterior comenzaron a llegar a su mente y sus manos frías fueron directamente a su cabeza, en un intento fallido por evitar una horrible jaqueca.Lo había logrado... Nuevamente su padre había logrado hacerle daño.Abrió los ojos despacio, haciendo acopio de cualquier resquicio de fuerza que aún le quedara en su interior y parpadeó despacio al verse rodeada de absoluta oscuridad.¿Se había quedado ciega?.Movió la cabeza hacia un lado y al compas de la brisa, pudo ver las cortinas danzar con cierta renuencia, dejando que ante su vaivén, pequeños ramalazos de luz se filtraran en la habitación.Volvió a moverse hacia el otro lad





Último capítulo