- ¡¿Te volviste loca Chantal?!.- El grito enloquecido de Albert reverberó por toda la mansión, haciendo eco entre las paredes del lugar.
La rubia que se encontraba tranquilamente sentada en el sofá con las piernas cruzadas elegantemente, ni siquiera alzó el rostro, antes de suspirar hastiada y cerrar de golpe la revista que tenía en sus manos.
Sabía perfectamente a que se debía aquel arrebato, pero poco le importaba. Estaba harta de todo aquello.
Siempre había soñado con una vida de lujos, sin