Ariane se paró frente a la enorme reja de lo que alguna vez fue su hogar y de lo que ahora no quedaba nada, ni siquiera recuerdos.
El jardín se veía igual de cuidado, pero para la joven, carecía de la vitalidad de la que este gozaba cuando su madre estaba viva pues al parecer, ni siquiera las mariposas se atrevían a visitar el espacio.
Esas mujeres habían arruinado todo lo que sus manos habían alcanzado a tocar.
Esas arpías no solamente se habían adueñado de todo lo que su madre había construid