El sonido de la máquina y el lento subir y bajar de su pecho ante cada respiración era lo único que daba la certeza de que aún seguía con vida.
Su rostro, lleno de moretones e inflamado lo hacían irreconocible ante los ojos de la chica, quién lo observaba con ojos llorosos y vacíos.
Sabía que su padre estaba detrás de aquel acto inhumano, pero no contaba con las pruebas suficientes para acabar con todo aquel desastre de una vez por todas.
Aunque después de ver hasta dónde era capaz de llegar, y