Mundo ficciónIniciar sesiónLinda es una joven de escasos recursos y está desesperada. Ella vive sola con su abuela y el banco está a punto de hipotecar su casa. En medio de la desesperación, ingresa a una aplicación diseñada para encuentros sexuales donde conoce al misterioso Baphomet.Baphomet, como se hace llamar aquel hombre, es inmensamente rico y poderoso. Es joven, endemoniadamente guapo y Linda no entiende por qué un hombre así debe de pagar por sexo. Cuando lo conoce, comprende el porqué. Erick Miller, más conocido como Baphomet, tiene gustos bastante particulares en la intimidad.Linda es virgen, nunca a estado antes con un hombre, pero la desesperación la llevan a atreverse a no solo estar con uno, si no con tres a la vez, convirtiéndose por todo un año en la sumisa de los hermanos multimillonarios.
Leer másEl aire en la casa de los Miller estaba cargado de ira y decepción. Erick, con la corbata deshecha y las mangas arremangadas, enfrentó a Alexis frente a las escaleras del vestíbulo. Jorge, al fondo, destrozaba cuadros y lanzaba libros contra la pared, su respiración entrecortada por los sollozos de rabia. ¡Linda se había ido, los había dejado! ¡Todo por culpa de Alexis!—¿En qué demonios estabas pensando? —rugió Erick, empujando a Alexis contra la pared—. ¡Ella nos necesita! ¡TE necesita! ¿Por qué actuaste de esa manera? Linda te ama y a veces creo que solo a ti te ama... Puede faltarle Jorge, puedo faltarle yo y definitivamente no le importaría.Alexis, con los ojos vidriosos y el aliento a alcohol, se liberó del agarre con brusquedad. —¿Y qué querías que hiciera? ¡Franchesca me entiende! No me juzga como Linda… como ustedes. Franchesca es solo Franchesca y comprendí que Linda jamás podrá ser Loreine.—¿Esa mujer te entiende? —Jorge se abalanzó hacia él, tomándolo del cuello de la ca
El jardín de la terraza aún olía a tabaco y mentira cuando Jorge regresó al salón. El rostro de Santiago López, con su sonrisa sinica, seguía grabada en su mente. Pero no había tiempo para rivales. Buscó a Linda entre la multitud, encontrándola junto a Erick, quien conversaba con un grupo de inversores. Su vestido azul, antes impecable, ahora lucía desordenado y Linda se veía apagada.—Tenemos que irnos —murmuró Jorge al acercarse, tomándola del codo con urgencia. —Estoy cansado y no me siento del todo bien.Erick alzó una ceja, incómodo. —¿Otro drama? ¿Ahora que pasó?—Déjalo —susurró Linda, evitando la mirada de ambos—. Pero no me iré sin hablar con Alexis.Jorge apretó los dientes. —¿En serio? Él está demasiado ocupado lamiéndole los zapatos a Franchesca.—Jorge —la voz de Linda tembló—. Es parte de esto. De nosotros.Él soltó un suspiro áspero, pero asintió. Mientras ella se alejaba entre las mesas, Erick lo miró con desdén. —¿Cuándo dejarás de jugar al caballero? —refunfuñó—. Al
Jorge corrió como si el infierno lo persiguiera. El eco de sus pasos resonó en el estacionamiento desierto mientras veía a Linda detenerse junto a un callejón, su silueta temblorosa bajo la luz amarillenta de un farol. Al acercarse, notó cómo sus hombros se sacudían en silencio. Ella estaba llorando y para Jorge no había nada peor que ver a la mujer que amaba llorar.—Linda —llamó suavemente, tocando su brazo—. Por favor, mírame mi amor...Ella se giró, revelando el rímel corrido y los labios temblorosos. —¿Por qué siempre tengo que pelear por un lugar que debería ser mío? —susurró, la voz cargada de agotamiento—. Siento que Erick y Alexis están cansados de esta situación... Puedo entenderlos, la relación que llevamos no es nada normal. Pero de verdad Jorge, yo estoy perdidamente enamorada de los tres, cuando alguno de ustedes me falta siento que me arrancan el alma.Jorge le enmarcó el rostro con las manos, obligándola a sostener su mirada. —Porque esta familia está llena de cobardes
La noche de la inauguración había caído sobre Los Ángeles como un manto de exigencias y expectativas. Para nadie era un secreto que los hermanos Miller habían sido exiliados de la familia por una mujer que no era del mismo círculo social. Aún así, estaban admirados de que se hubieran levantado tan de prisa.El elegante salón donde se llevaba a cabo el evento brillaba bajo candelabros de cristal, donde el chisporroteo de las copas de champán se mezclaba con el murmullo de conversaciones exclusivas. Erick Miller, con su traje negro impecable y la corbata de seda granate, recibía a los invitados en la entrada. Su postura erguida y su sonrisa diplomática escondían el peso de ser el anfitrión de un evento que, en el fondo, no había querido para sí. El consideraba que Linda tenía que estar a su lado en ese momento, al igual que sus dos hermanos. Pero los negocios exigían sacrificios, y él siempre cumplía con ellos. —Gracias por venir —repetía una y otra vez, estrechando manos con la elegan





Último capítulo