El jardín de la terraza aún olía a tabaco y mentira cuando Jorge regresó al salón. El rostro de Santiago López, con su sonrisa sinica, seguía grabada en su mente. Pero no había tiempo para rivales. Buscó a Linda entre la multitud, encontrándola junto a Erick, quien conversaba con un grupo de inversores. Su vestido azul, antes impecable, ahora lucía desordenado y Linda se veía apagada.
—Tenemos que irnos —murmuró Jorge al acercarse, tomándola del codo con urgencia. —Estoy cansado y no me siento