El aire en la casa de los Miller estaba cargado de ira y decepción. Erick, con la corbata deshecha y las mangas arremangadas, enfrentó a Alexis frente a las escaleras del vestíbulo. Jorge, al fondo, destrozaba cuadros y lanzaba libros contra la pared, su respiración entrecortada por los sollozos de rabia. ¡Linda se había ido, los había dejado! ¡Todo por culpa de Alexis!
—¿En qué demonios estabas pensando? —rugió Erick, empujando a Alexis contra la pared—. ¡Ella nos necesita! ¡TE necesita! ¿Por