Mundo ficciónIniciar sesiónDenise, una exitosa empresaria de 25 años, dueña de una de las cosmetiqueras naturales más famosas de su país; contrata un hombre con el que tienen 10 años de diferencia para que sea su secretario. Pero las intenciones de este señor no son profesionalmente puras. Ha sido contratado por un tercer jugador que desea el secreto de su éxito. En un entramado de misterio ; suspenso y engaño; mientras ella le hace a él su tarea de infiltrado casi imposible ,este dúo empezará a compenetrarse. Traidores , falsos socios y amenazas convergeran en esta historia. ¿Cederá el corazón de él a los encantos de la chica o se mantendrá firme en su papel de doble agente? ¿ Conseguirá lo que ha ido a buscar? ¿Será capaz de traicionarla o ella lo descubrirá a tiempo? ¿ Sería capaz de perdonarlo?
Leer más— Lamento tener que darle esta noticia, y sobre todo en su caso, creo firmemente que una joven como usted debería tener más oportunidades, pero esto se escapa de mis manos, señorita Adkins. — El galeno dijo pausadamente y con un deje de amargura en la boca.
Audrey observó sus profundos ojos grises y esperó tensa a que sus labios se separaran de nuevo para terminar de hablar.
— Hemos llegado al punto de no retorno. Me temo que no hay otra solución…
— ¿A qué se refiere, doctor? — La chica rubia de hermoso y pálido rostro se inclinó hacia adelante en la silla, nerviosa por saber más.
El Dr. Connor bajó la vista sobre la superficie del escritorio, verdaderamente incómodo con la situación.
— Necesita un trasplante de corazón, no hay otra forma de solucionar su estado actual de salud…
— ¡Pero doctor, usted es un excelente médico! Yo sé que, con un buen tratamiento… ¡Quiero decir, haré todo lo que me diga!
— Lo sé, eres de los pocos pacientes que se apaguen religiosamente a las instrucciones, pero ya un tratamiento en tu caso no es posible, existe alto riesgo de arritmias letales, Audrey — Cambiando su todo y forma de dirigirse a ella, mientras la miraba dulcemente, odiaba esta parte del trabajo en la que debía dar tan malas noticias a alguien tan joven con la chica — El debilitamiento del músculo es… muy grave, me temo que solo yendo al siguiente nivel tendrás una posibilidad de vivir, lo siento mucho — con voz amable.
El rostro de la joven se trasformó y Connor estuvo tentado a levantarse y darle un abrazo para confortarla, pero sería inapropiado, había aprendido con los años de ejercicio médico a mantener sus sentimientos separados del trabajo, sin embargo, el verla así lo impulsaba a levantarse para consolar a la chica, apretó los puños e hizo acopio de su sensatez para no moverse un solo centímetro.
Inspiró profundo tratando de poner una coraza entre su paciente y su humanidad, mientras la hermosa chica que le inspiraba tanta ternura se desmoronaba frente a él.
Las lágrimas se abrieron paso en el rostro de Audrey sin permiso mientras lloraba en silencio, Connor le extendió una servilleta para que se secara el rostro.
— Hay algo más que debo decirte…
Ella levantó el rostro y su triste mirada golpeó a Connor directo en el pecho.
— Debido a su tipología sanguínea no será fácil hallar un donante.
— ¿Qué factores influyen en esto, doctor? — Ella quiso saber.
— Son varios: la salud de ambos, donante y receptor, la talla del donante debe coincidir con la tuya, la tipología sanguínea. Tú eres O RH-, eso es un problema, solo puedes recibir un trasplante de alguien O negativo…
— Comprendo, no es fácil…
— No, y en tu caso me temo que menos…
— Entiendo —Dijo estoica limpiándose la nariz.
— Debes mudarte a las inmediaciones del hospital, tienes que estar cerca en caso de que haya un corazón disponible.
— Eso no será problema, vivo a diez minutos de aquí.
Connor asintió con un leve movimiento de cabeza tratando de impostar una dulce sonrisa.
— Debes estar lista para cuando te llamen, ¡Completamente disponible!
Afuera, Loretta la esperaba caminando de un lado para otro.
— ¿Cómo te fue?
La rubia negó con la cabeza.
— ¿Qué significa eso?
— Solo con un trasplante tendré oportunidad… — La respuesta de Audrey sonó irreal para Loretta.
— No entiendo, ¡Eres joven!, ¡Eres hermosa, joder! ¡No puedes estar condenada de esa forma!
— Debo tener todo listo por si ocurre un milagro.
Loretta la miró con sorpresa.
— No tengo opción, aunque no es fácil encontrar un donante compatible.
Su amiga la abrazó cálidamente y la reconfortó por un rato. La quería, eran tan diferentes como el agua y el aceite, pero más unidas que un par de hermanas.
— Creo que iré a decírselo a John…
— No entiendo cómo ese troglodita puede hacer algo por ti ahora.
— Es mi novio, además, si tengo suerte de que consigan un corazón para mí, él debe saber todo lo que implica.
La morena negó enfática con la cabeza.
— ¡No me gusta, John, y lo sabes!
— Solo es un cabezota, nadie es perfecto.
Loretta llevó a Audrey en su auto hasta el Complejo Deportivo Universitario en donde estaba la Pista de Atletismo, la Piscina Olímpica y el Estadio en donde John jugaba un partido de fútbol americano. Era el Mariscal de campo, pero ya había terminado el partido y no quedaba mucha gente.
— ¿Te espero?
— No, esta conversación será larga, John me llevará a casa más tarde.
— Llámame si necesitas algo.
La rubia asintió, y luego caminó entre las gradas buscando a su novio mientras el frío comenzaba a soplar anunciando lluvia. Alguien le indicó que estaba en los camerinos, así que se dirigió hacia allá, pero se detuvo en seco ante los ruidos que venían de dentro, le pareció que había una pareja en plena faena amorosa, por lo que ya iba a darse la vuelta cuando lo escuchó:
— ¡Oh, nena! ¡Así, así!
Audrey sintió como si le hubieran lanzado un balde de agua fría y de inmediato el corazón golpeó su pecho.
— ¿John?
— ¡Maldición! ¿Audrey? — La voz del Mariscal chilló desde el otro lado y la rubia avanzó hasta tenerlos en frente.
John estaba desnudo mientras una chica exuberante se acomodaba a horcajadas sobre él sin nada más que sus bragas.
— ¿Qué carajos está pasando? — Audrey lanzó elevando la voz en una octava mientras algo presionaba con fuerza su pecho.
— Vamos, Audrey, hace mucho que ni siquiera tenemos se*xo, ¡No puedo tener lo que necesito por temor a que te infartes, o algo!
Audrey dejó caer su mandíbula sin dar crédito a lo que John decía.
— ¡No puedo creerlo! ¡No tengo la culpa de estar enferma!
— ¡Y tú no puedes culparme a mí por querer un poco de diversión de la que tú no me das!
— ¡Eres un canalla!
— Lo siento, pero lo nuestro ya no está funcionando.
— ¿Y cuándo lo descubriste? ¡Porque yo no me había enterado! — Ella dejó salir con impotencia y llevándose la mano al pecho por el dolor.
— ¿Lo ves? Tienes dolor, ¡Es la prueba de lo que te digo! No podemos ni siquiera discutir sin que estés al borde del colapso.
— ¿Sabes qué? ¡Esto se acaba ya!
— ¡Sí, porque ya no quiero volver a saber nada más de ti!
La rubia salió del lugar destrozada, mientras su corazón bombeaba descontrolado en su pecho, escuchó tras ella las risas de la pareja que continuó en lo suyo.
Afuera, sus lágrimas se mezclaban con la lluvia que había comenzado a caer sobre el campus. Caminó temblorosa sobre las charcas, con los ojos nublados y la cabeza dando vueltas. Se había hecho ilusiones con John, quizás demasiadas, ¡Pero era un idiota indolente!
El móvil sonó en su bolsillo y ella apenas si pudo responder.
— ¿Audrey?
— Lore, ¡Ven a buscarme!
— ¿Qué pasa?
— ¡Solo ven ya! — Alcanzó a decir entre sollozos antes de resbalarse en el borde de la Piscina Olímpica e ir a dar al fondo.
La rubia dejó caer el móvil e intentó volver a subir, pero no pudo, mientras más lo intentaba, más le jugaba en contra la fuerza de gravedad tirando de ella hacia el suelo.
No sabía nadar, desde niña tuvo el deseo de aprender, pero por su condición cardíaca nunca pudo hacerlo, ella intentó mantener el aire en sus pulmones dejando salir solo un poco, pero mientras más se acercaba al piso era más difícil hacerlo.
El agua se abrió camino por sus fosas nasales y luego comenzó a tragarla a bocanadas, mientras hacía esfuerzos desesperados e inútiles por regresar a la superficie. Movió los brazos y las piernas con todas sus fuerzas hasta quedar exhausta mientras la oscuridad la envolvía por completo.
El revuelo en Urgencias era total cuando la joven llegó prácticamente sin signos vitales.
— ¡Se hundió en una piscina! — Alguien gritó — ¿Cuál es el nombre de la paciente?
— ¡Audrey Adkins! — Loretta contestó — Es paciente del Doctor Evans.
— ¡Llamen al Doctor Evans!
Mientras el paramédico le hacía RSP para que reaccionara.
— ¡Aquí estoy! — El Doctor Connor se apresuró a evaluar la situación — Esta paciente está en lista para trasplante, ¡Necesitamos reanimarla de inmediato!
Dijo, tomando el control y retirando al paramédico, para terminar de hacer él mismo el trabajo.
— ¿Qué sucedió?
— Se cayó a la Piscina de la Universidad, yo… la encontré flotando en el agua… — Sollozó la morena.
— No está respirando — Observó otro médico.
De inmediato, Connor presionó su nariz, acomodó su cuello hacia atrás ligeramente y posó sus labios sobre los de Audrey para dar respiración boca a boca.
— ¡Vamos, Audrey! — dijo mientras hacía presión con fuerza sobre el pecho de la rubia e intercalaba con las respiraciones boca a boca — ¡Vamos, quédate conmigo!
Ella cuelga y marca el número de su cita, Alex que se encuentra en la mesa preguntándose por la demora, se asombra al ver que es quien lo llama. —Necesito que vengas al baño, es urgente. —al sentir su tono de voz el corre hacia el lugar y abre la puerta.La ve sentada en el piso y nota algunos vestigios de sangre a su alrededor.—O dios mío —se lanza al piso con ella — ¿Qué ha pasado?—Necesito que me lleves al hospital —responde con la respiración entrecortada.Sin pedir más respuestas él la levanta en brazos y corre hasta su auto. La coloca con cuidado sobre el asiento del copiloto. Y pone la sirena antes de apretar el acelerador.— ¿Qué te pasa? —pregunta alarmado.—Podemos hablar de eso luego, me está costando hasta respirar aquí.La vuelve a tomar en brazos para entrar en la sala de emergencias. El personal de la sala le indican la camilla donde colocarla. Y cierran la cortina con Alex dentro.—Creo que estoy teniendo un aborto —exp
El intercomunicador del edificio suena y Denisse corre ávida hacia la entrada aun poniéndose unos pendientes con las evillas de los tacones sueltas. Aprieta el botón del micrófono con la mano libre.—Un segundo —responde a Alex que le espera abajo en el coche.Se voltea cuando es interceptada por el cuerpo de Richard.— ¿Aretes?, vas en serio, pero sigo creyendo que debes descansar —informa sin apartarse pero ella lo rodea.—Voy a una cita, no a un campo de batalla, ahora sé un buen esclavo y sube la cremallera del vestido, por favor —ella se pones de espaldas a él y tira el pelo hacia el frente.La cremallera abierta deja ver la espalda desnuda de ella, por los huesos de su columna ajan lunares como piedras de un camino peligroso.— ¿En qué piensas? —pregunta ella por los segundos de silencio.—En que hasta ahora no había notado tu pequeña panza. —desliza el ziper lentamente— O puede que sí y se lo haya achacado a tantos dulces —termina de cerrar
Denisse se lleva una mano a la boca mientras busca algo en lo que sostenerse. No podía ser, definitivamente era un error. La foto de la joven rubia sigue ahí, demostrando su culpabilidad.—Tiene que haber un error en el sistema Richard. Ella nunca me haría daño. —dice con voz entrecortada.—Estoy verificándolo. La imagen vuelve a saltar. La chica arrebata el portátil de sus manos y aprieta una y otra vez los mismos comandos para recibir la misma respuesta. —Esto tiene que estar mal —se encuentra a punto de batir el computador contra el piso cuando Richard la detiene.Agarra su cintura por detrás y con la otra mano le quita el equipo dejándolo sobre la mesa. Ella se voltea y golpea su pecho para descargar la impotencia y la furia. Él solo la sostiene, la mantiene aprisionada en un intento de calmarla.—Tiene que estar mal Richard, tiene que estar mal —llora sobre su pecho —Ella no me traicionaría, ella no me traicionaría nunca. —Si hay un error
Richard borra el mensaje de la aplicación celular, una amenaza a la vida no es un buen contribuyente para el estrés. Por una vez tendría tiempo libre, llena su vaso de wiski y se sienta frente a la televisión. Unas horas más tarde Denisse sale del cuarto.—Debemos irnos —es lo primero que dice apagando el partido de Richard. —he pedido un taxi, debemos ir a la empresa y revisar el inventario total, contabilizar y otras cosas.—La doctora dijo que deberías descansar, y yo también quiero. —Estoy bien, he descansado y para eso te pago.—Quiero un aumento de sueldo —responde saltando del sillón.Denisse hace varias llamadas mientras van en el taxi. Sus dedos se mueven con rapidez sobre el táctil. Entran en el elevador del edificio administrativo pero en vez de subir, bajan hacia los almacenes, pasando por los laboratorios, tres pisos abajo.— ¿Aquí sí es donde escondes los cadáveres?—No tonto, esos los arrojo directo por el incinerador —contesta Denisse mientras un grupo de tres
Un sonido en el cristal los despierta. La luz de una linterna les encandila los ojos. Se separan de forma lenta queriendo mantener la comodidad en la que se habían envuelto. Darse cuenta de quien se las proporciona hace que separen mutuamente.— ¿Pedían ayuda? —pregunta el chofer de la grúa de carretera, que al fin ha llegado.Richard sale del auto mientras Denisse se queda acostada para volver a dormir, ayuda al otro hombre enganchar y subir el auto al remolque y regresa al puesto de conductor. El remolque se retira hacia el taller y los deja frente al edificio. Suben por el ascensor hasta el apartamento de Richard. Denisse camina directo a la habitación para seguir durmiendo pero su paso de frena al ver el cartel en la laptop.— ¿Qué es esto? —pregunta señalando la pantalla Los ojos de Richard se abren, todo el sueño que podría tener en ese momento se ha esfumado. Sus dedos se mueven rápidamente sobre el teclado mientras Denisse espera una respuesta. Una foto pasa a mostrar
Denisse duerme sobre el pecho de su hermano, que también duerme, en la parte trasera del coche. Parecen dos inocentes niños después de haber pasado un día jugando juntos. Richard los observa a través del espejo feliz de que al fin se hayan callado. Su estómago todavía duele, la chica lo había obligado a subirse a uno de esos juegos de ferias y había terminado devolviendo el desayuno a la naturaleza, siempre había odiado esos estúpidos juegos.Lleva una menta a su boca para limpiar el sabor del vómito, al fin se ven los cárteles de aeropuerto, al fin regresaría a su casa, aunque fuese acompañado del demonio, para descansar y dejar ese estúpido día atrás. Otras cosas cruzan por su mente, verificar la información que le había proporcionado la rubia no era tarea fácil, pero podría resolver muchos de sus problemas.Aprieta el claxon del auto para que los de atrás despierten sobresaltados, se ríe de forma maliciosa.—Siento despertarlos —la verdad era que no —Pero hemos llegado.Richard
Último capítulo