Mundo ficciónIniciar sesiónDenise, una exitosa empresaria de 25 años, dueña de una de las cosmetiqueras naturales más famosas de su país; contrata un hombre con el que tienen 10 años de diferencia para que sea su secretario. Pero las intenciones de este señor no son profesionalmente puras. Ha sido contratado por un tercer jugador que desea el secreto de su éxito. En un entramado de misterio ; suspenso y engaño; mientras ella le hace a él su tarea de infiltrado casi imposible ,este dúo empezará a compenetrarse. Traidores , falsos socios y amenazas convergeran en esta historia. ¿Cederá el corazón de él a los encantos de la chica o se mantendrá firme en su papel de doble agente? ¿ Conseguirá lo que ha ido a buscar? ¿Será capaz de traicionarla o ella lo descubrirá a tiempo? ¿ Sería capaz de perdonarlo?
Leer másRahyra apretó el pañuelo en su mano con fuerza, tenía el corazón acelerado palpitándole en los oídos tan desbocadamente que no podía oír nada más allá de eso. Estaba escondida detrás de la cortina de ceda.
Le había tomado tiempo y energía colarse al lugar, pero a pesar de la alta seguridad y los guardias que custodiaban las entradas, Rahyra había logrado colarse por los grandes salones del palacio.
Un cañonazo resonó por todo el lugar, anunciando la llegada del rey y su corazón se detuvo, tenía que actuar en ese instante o no habría tiempo ya.
Salió de detrás de la cortina donde estaba y caminó por la ostentosa habitación. Frente a un enorme espejo había una mujer joven, y cuando la vio a través del espejo dio un salto y se volvió hacia ella.
— ¡Rahyra! —dijo con alegría —hermana, pensé que no vendrías —pero en cuanto vio la expresión en el rostro de su hermana mayor Kaeira tragó saliva.
Rahyra avanzó hacia ella con pasos decididos y le aplastó el pañuelo en la cara. Su hermana menor lucía hermosa con el vestido de novia y el cabello recogido. Miró asustada a Rahyra y trató de apartarse, pero su hermana mayor no se lo permitió. Le agarró el cuello para aplastar el pañuelo con más fuerza contra su cara y ella respiró. El líquido que tenía el trapo entró por su garganta como agua caliente y la muchacha sintió mareo.
—Lo siento, hermanita —le dijo Rahyra cuando la menor ya había perdido la conciencia —pero no dejaré que este infierno sea para ti.
Con habilidad le quitó el vestido de novia a su hermana y se lo puso, por suerte eran de una talla muy parecida y penas le quedó ajustado, era amplio, de cola larga y con espinas de rosas de oro que caían como una cascada por la espalda.
Con esfuerzo escondió a su hermana tras la cortina de ceda, ahí la encontraría el hombre que contrató para cuidarla.
Rahyra se miró vestida de novia en el espejo y cubrió su brillante cabellera roja con el velo.
Una doncella entró por la puerta y se sorprendió al verla, pero Rahyra caminó hacia ella, le arrebató la rosa de la mano y respiró profundo.
—Llevame con el rey — le dijo —ya llegó la hora —sabía que no había marcha atrás.
Ella cuelga y marca el número de su cita, Alex que se encuentra en la mesa preguntándose por la demora, se asombra al ver que es quien lo llama. —Necesito que vengas al baño, es urgente. —al sentir su tono de voz el corre hacia el lugar y abre la puerta.La ve sentada en el piso y nota algunos vestigios de sangre a su alrededor.—O dios mío —se lanza al piso con ella — ¿Qué ha pasado?—Necesito que me lleves al hospital —responde con la respiración entrecortada.Sin pedir más respuestas él la levanta en brazos y corre hasta su auto. La coloca con cuidado sobre el asiento del copiloto. Y pone la sirena antes de apretar el acelerador.— ¿Qué te pasa? —pregunta alarmado.—Podemos hablar de eso luego, me está costando hasta respirar aquí.La vuelve a tomar en brazos para entrar en la sala de emergencias. El personal de la sala le indican la camilla donde colocarla. Y cierran la cortina con Alex dentro.—Creo que estoy teniendo un aborto —exp
El intercomunicador del edificio suena y Denisse corre ávida hacia la entrada aun poniéndose unos pendientes con las evillas de los tacones sueltas. Aprieta el botón del micrófono con la mano libre.—Un segundo —responde a Alex que le espera abajo en el coche.Se voltea cuando es interceptada por el cuerpo de Richard.— ¿Aretes?, vas en serio, pero sigo creyendo que debes descansar —informa sin apartarse pero ella lo rodea.—Voy a una cita, no a un campo de batalla, ahora sé un buen esclavo y sube la cremallera del vestido, por favor —ella se pones de espaldas a él y tira el pelo hacia el frente.La cremallera abierta deja ver la espalda desnuda de ella, por los huesos de su columna ajan lunares como piedras de un camino peligroso.— ¿En qué piensas? —pregunta ella por los segundos de silencio.—En que hasta ahora no había notado tu pequeña panza. —desliza el ziper lentamente— O puede que sí y se lo haya achacado a tantos dulces —termina de cerrar
Denisse se lleva una mano a la boca mientras busca algo en lo que sostenerse. No podía ser, definitivamente era un error. La foto de la joven rubia sigue ahí, demostrando su culpabilidad.—Tiene que haber un error en el sistema Richard. Ella nunca me haría daño. —dice con voz entrecortada.—Estoy verificándolo. La imagen vuelve a saltar. La chica arrebata el portátil de sus manos y aprieta una y otra vez los mismos comandos para recibir la misma respuesta. —Esto tiene que estar mal —se encuentra a punto de batir el computador contra el piso cuando Richard la detiene.Agarra su cintura por detrás y con la otra mano le quita el equipo dejándolo sobre la mesa. Ella se voltea y golpea su pecho para descargar la impotencia y la furia. Él solo la sostiene, la mantiene aprisionada en un intento de calmarla.—Tiene que estar mal Richard, tiene que estar mal —llora sobre su pecho —Ella no me traicionaría, ella no me traicionaría nunca. —Si hay un error
Richard borra el mensaje de la aplicación celular, una amenaza a la vida no es un buen contribuyente para el estrés. Por una vez tendría tiempo libre, llena su vaso de wiski y se sienta frente a la televisión. Unas horas más tarde Denisse sale del cuarto.—Debemos irnos —es lo primero que dice apagando el partido de Richard. —he pedido un taxi, debemos ir a la empresa y revisar el inventario total, contabilizar y otras cosas.—La doctora dijo que deberías descansar, y yo también quiero. —Estoy bien, he descansado y para eso te pago.—Quiero un aumento de sueldo —responde saltando del sillón.Denisse hace varias llamadas mientras van en el taxi. Sus dedos se mueven con rapidez sobre el táctil. Entran en el elevador del edificio administrativo pero en vez de subir, bajan hacia los almacenes, pasando por los laboratorios, tres pisos abajo.— ¿Aquí sí es donde escondes los cadáveres?—No tonto, esos los arrojo directo por el incinerador —contesta Denisse mientras un grupo de tres





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