Richard esperaba en la acera cuando un grito helador rompió el silencio. Sin pensarlo, saltó las escaleras de tres en tres, dejando el ascensor atrás. Al llegar, encontró a Denise pálida, sentada en el suelo frente al cadáver putrefacto de un ave de rapiña. Saltó sobre el animal y la ayudó a levantarse, casi arrastrándola hasta el sofá mientras buscaba algo donde meter el cuerpo.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó después de lavarse las manos.
—Prepárame un té —ordenó ella con voz temblorosa.
É