Mundo ficciónIniciar sesiónLes dieron el mismo cargo, el mismo sueldo y el mismo plazo: un mes para demostrar quién merece quedarse arriba. Quien falle será secretario del otro… y luego los roles se invertirán. Entre reuniones, órdenes y miradas que no deberían existir, descubren que el verdadero riesgo no es perder el puesto… sino perder el corazón.
Leer más—Esa noche… después de… eso —dijo Elizabeth, evitando el detalle, como si no nombrarlo pudiera borrar el hecho—, me quedé dormida. Y ahí fue cuando Alejandro me traicionó. Mientras dormía, me robó los datos de mis dos clientes más importantes. Los que iban a asegurarme el puesto.Hizo una pausa, tragando saliva, como si el recuerdo todavía le pesara en el pecho. —No solamente me robo, —continuó—sino que apago mi alarma y mi celular. Cuando me desperté al otro día, él ya se había ido y era tardísimo. Volé a la oficina como una loca y cuando llegue vi a Alejandro con mis clientes, festejando después de cerrar los contratos. Él los cito, les ofreció mejores condiciones, y me los ganó. Ese mismo día lo promovieron. — ¡Desgraciado! —Daniela estaba que echaba fuego por la nariz, caminando de un lado al otro como un animal enjaulado—. ¡Qué hijo de ****! ¡Como te va a hacer eso a vos Eli! ¡A vos, que sos más buena que el pan, que pedís perdón cuando te pisan! No, no, no… esto no queda así.
—Ah, no, no, para todo acá mismo. ¿Cómo que lo carnal? ¿Entonces hubo acción o no? —Daniela estaba eufórica. Elizabeth no solía hablar de su vida amorosa, prácticamente porque no existía una de la cual hablar, y esto era lo máximo que había logrado sacarle en cinco años de amistad.—Lo que pasó fue… Dios, me da tanta bronca acordarme —Elizabeth tenía los puños apretados y los ojos vidriosos, y no supo en qué momento había comenzado a llorar.Por un momento, Daniela sintió una punzada de culpa: había estado presionándola para que contara qué era lo que había pasado. Pero tampoco creía que fuera sano para su amiga guardar todo ese dolor dentro suyo.—Bueno, bueno, despacio… no te alteres y contame a tu ritmo —le dijo, mientras le sobaba un hombro.Elizabeth suspiró lentamente y, cuando empezó a hablar, las palabras comenzaron a salir como vomitadas de su boca.—La cosa fue que empezamos a salir fuera del horario laboral. Una cita por acá, otra por allá… todo con un objetivo profesional:
Después de semejante noticia y de haberse peleado no una, sino dos veces con el idiota de Alejandro, Elizabeth necesitaba un trago. Y pronto.—¿Nos vamos? —le dijo a Daniela, aún con la adrenalina clavada en la garganta.Pero Daniela no se movió. Tenía los brazos cruzados, una ceja en alto y esa expresión que decía que no iba a poder safar de las garras de su amiga. —Bueeeno si, pero mientras vamos para casa me vas a tener que contar todo -respondió.Elizabeth parpadeó.—¿Qué?—No te hagas la distraída —replicó Daniela—. Esta vez no voy a jugar con tu corazón- repitió, imitando el tono masculino de Alejandro con teatralidad—. ¿De qué estaba hablando? ¿Y por qué nunca me habías contado esa historia? Me siento un poco ofendida, eh.Viendo que no había salida, se dirigieron al estacionamiento, los tacos resonando contra el piso como un segundo pulso, y Elizabeth comenzó a desembuchar:—La verdad es que no hay mucho que contar…Daniela la miró con una ceja en alto y Elizabeth suspiró.—
Daniela apretó el brazo de Elizabeth. Iván abrió la boca en un “wow” silencioso. Elizabeth no se atrevió a girar la cabeza, pero no era necesario, sintió la mirada de Alejandro penetrándole sobre la nuca. Dos sucursales. Un solo puesto. Elizabeth no sabía ni cómo ni cuándo, pero, cuando volvió a ser consciente de su cuerpo, estaba en el baño del auditorio. Daniela le echaba agua fría en la cara para que no se desmayara. —Respirá, Eli, respirá conmigo —decía, sosteniéndola por los hombros—. Inhalá… exhalá… eso, así. Se aferró al borde de la bacha como si el mármol fuera lo único sólido en el mundo. Su reflejo en el espejo la miraba con los ojos muy abiertos, el maquillaje ligeramente corrido y el cabello pegado a la frente. —No puedo creerlo… —murmuró, con voz ronca—. No me puede estar pasándo esto a mí. Voy a tener que trabajar con él… competir con él… y después ser su asistente —dijo en un hilo de voz—. ¡Su asistente, Dani! —Y después él va a ser la tuya —respondió su amiga
— ¿Se puede saber de qué va todo esto? —reprochó Daniela, sentándose al lado de Iván mientras miraba a Alejandro de reojo. Él, muy divertido, ocupaba la esquina como si nada de lo ocurrido lo afectara. —Shh, Dani, ahora no —murmuró Elizabeth sin apartar la vista del frente—. Estoy demasiado enojada… y además el CEO ya está subiendo al escenario. — ¿Me vas a contar qué fue todo eso que acaba de pasar o te vas a seguir haciendo el boludo? —reclamó Iván desde el otro lado, en voz baja. —Primero lo primero —dijo Alejandro, señalando al CEO—. Cuando anuncien el ascenso y tenga la seguridad de que el puesto es mío, te cuento todo lo que quieras saber. Elizabeth sintió alivio y fastidio al mismo tiempo. Alejandro, desde el otro extremo observaba como el reflejo de la pantalla iluminaba el perfil de Elizabeth: mandíbula tensa, manos entrelazadas sobre el regazo, una pierna que se movía de forma casi imperceptible por los nervios. —Gracias por su paciencia. Hoy comienza una nueva etapa
A Elizabeth no le gustó nada esa soberbia encontrada en las palabras del recién conocido. Dio un paso hacia atrás sin bajar la mirada ni agachar la cabeza, no fue cobardía, sino que necesitaba medir a quien estaba frente a ella. Mientras Daniela e Iván estaban a un costado viendo toda la escena sin entender absolutamente nada, ellos parecían matarse con la vista. Los cuatro se quedaron en un silencio incomodo por una fracción de segundo. Elizabeth llevó las manos a la boca, los ojos bien abiertos, como si acabara de comprender algo terrible. — ¡Vos! —murmuró, con una furia peligrosa brillándole en la mirada. Y antes de que cualquiera pudiera anticiparlo, su mano blanca y delicada se estampó contra la mejilla de Alejandro.¡Plaf! El golpe lo tomó por sorpresa.— ¡Dios mío, Eli! ¿Te volviste loca? —susurró Daniela, horrorizada… pero también intrigada. No lograba imaginar qué podía haber llevado a su amiga a reaccionar de una manera tan extrema, y menos aún en la previa de una junta ta
Último capítulo