Mundo ficciónIniciar sesiónUn joven afortunado y apuesto, con el dinero suficiente para tener a la mujer que desease, demostraba siempre arrogancia y apatía por los demás, pero es el dueño del corazón más noble y bondadoso que jamás se podría imaginar, siempre ponía las necesidades ajenas primero que las suyas. Ella es una mujer de pocos recursos que la vida le ha jugado de manera amarga y dolorosa, perdió al amor de su vida huyendo de su propio padre que es su eterno verdugo. Con un hijo a cargo y muy pocos recursos, dedica su vida a luchar y vivir en mejores condiciones. El destino dicta que deben estar juntos, a pesar de que todo a su alrededor grite que no. ¿Quién definirá el destino de Amalia? ¿Será capaz Camilo de dejarlo todo por la única cosa que no puede tener?
Leer másEl silencio en la húmeda habitación es sepulcral, Roberto tiene su mano firme sobre los labios de Alicia, el miedo invadía el cuerpo del joven, pues sabía que si no la protegía sería vendida por su madre al mejor postor. Y él mejor que nadie conocía al mejor postor.
—Mírame bien, vas a correr tan rápido como puedas, tan rápido como tus piernas te lo permitan —los ojos de Alicia estaban llenos de lágrimas, su pecho subía y bajaba con rapidez, pero ella confiaba, confiaba en el hombre que amaba y sabía que la estaba ayudando. Así que no dudaría en lanzarse de un barranco de ser necesario si él se lo pedía. —Prométeme que no nos vamos a separar —los ojos de Roberto no mentían nunca, pero está vez tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para mentirle a Alicia. —Ali… —¡Promételo Roberto! —gritó en la palma de la mano de Roberto. El rubio volvió a tapar la boca de Alicia con fuerza y colocó su frente sobre la de ella, anticipándose a dejarla ir y dejando en él un recuerdo, intentando creer dentro de sí, que sería una historia sin final para ellos dos. Su mano libre rozaba la cintura y la mejilla inundada de lágrimas de la joven castaña. —Te amo Alicia, te amo más que a nada. Me has hecho muy feliz —las lágrimas de Roberto estaban desbordadas en su rostro. —No hables como si este fuera nuestro fin, no lo puedo... —la rabia era perceptible en la voz de Alicia. —No hablo en pasado amor mío, pero sabes que hoy tu madre y sus secuaces nos alcanzaron. Sin decir nada más, Alicia se liberó del agarre de Roberto y lo abrazó, apoyando su rostro en el cuello a modo de protección, se sentía segura así. De repente recordó algo importante. —Debes saber que… Roberto no se contuvo más y la beso, la beso de nuevo y por última vez, algo que no pasó por sus mentes en ese momento. El sonido brutal de un disparo y una puerta siendo abierta de golpe, interrumpió aquel intenso beso y los sacó de esa nebulosa, los trajo de nuevo a la realidad, a su realidad. Roberto se colocó frente a la chica y la protegió, sin darse cuenta que su mano va directo a su abdomen y ella enseguida se pone rígida, sabe que debe hablar, debe decir las cosas antes de que algo terrible ocurra. Tal vez si su madre sabe la verdad, que en ella se está engendrando un lindo bebé fruto de su amor con Roberto, desista de venderla, pues no valdrá lo mismo. Ya no es una virgen. —¡Déjenos en paz! —A ti te dejo en paz, maldito bastardo. Vengo por la mocosa que está detrás tuyo, es mía. —Alicia no es de nadie. No voy a dejar que… Un hombre musculoso y calvo, de aspecto rudo, pero desagradable, levanta la mano empuñando un arma, quita el seguro y apunta en medio del pecho de Roberto. El miedo es casi palpable en el aire y los ojos de la castaña se llenan de lágrimas, intenta zafarse de quién la ha estado protegiendo por varios años, pero su fuerza no es suficiente. —Cuando cuente tres, vas a correr y recuerda lo que te dije. No te detengas —La voz de Roberto es una verdadera orden. La cara de terror de Alicia es contagiosa, tiene miedo, lleva una pequeña maleta a cuestas con algo de dinero y algo de comida, sabe que debe decirle a Roberto la verdad, pero el hombre que viene con su madre es más rápido, dando un tiro al aire. —Uno… —¡No! Roberto no, por favor —casi parece que las lagrimas hablaran por ella. —¡Tres! El grito de Roberto resonó por el lugar y Alicia, como se había prometido, obedeció, obedeció ciegamente y corrió, corrió tan rápido como pudo, hasta que un segundo estallido y un tercero resonó en el aire y se detuvo, en medio del bosque, sabía perfectamente dónde estaba, había crecido en medio de aquel lugar. Desde donde estaba, logró observar que su madre salía algo coja y sosteniéndose el brazo, Alicia decidió subir a un árbol y esperar, esperó horas y nunca vio salir a Roberto, en un acto temeroso y rompiendo la promesa que le había hecho a su amor, regresó. El lugar se sentía más pesado y olía peor. De la pequeña maleta, sacó una linterna, pues el rubio siempre pensaba en todo y vio en el piso la sangre, estaba esparcida por el suelo hasta un rincón, donde había un charco y luego nada más. Pensó en Roberto, en todo lo que debió decirle, pensó en buscarlo, pero sabía que regresar al pueblo sería perder la ventaja que Roberto le dio. —Vamos a ser padres —le dijo al aire, mientras estaba completamente ahogada—. Debí decírtelo antes, pero como siempre, estoy arruinando las cosas. Te prometo —suspira—. Te prometo que tu hijo te amará aún sin conocerte, tu hijo sabrá que tuvo el mejor padre del mundo y te prometo que seré mejor cada día, para que allá arriba en el cielo, te sientas orgulloso de mí —limpio sus lágrimas y se enderezo— Seré tan fuerte como siempre quisiste que fuera. Camino y una vez estuvo lejos del lugar, volvió a correr, corría y corría tan rápido y tan fuerte en medio de la noche, sin ningún temor, por primera vez Alicia no tenía miedo, sabía que ahora no estaba sola, que su hijo y Roberto estaban y estarían con ella siempre. Se detuvo a un lado de la carretera y tomó el primer bus que vio pasar, el destino no lo conocía, pero sabía que las cosas no iban a ser nada fáciles. Le parecía demasiado cruel que la vida, le diera una oportunidad de amar, pero al mismo tiempo le quitara el amor de su vida. Él era la razón por la que respiraba, era la razón por la que permanecía a salvo y seguía viviendo. Pero ahora tenía una razón más fuerte para seguir adelante, esa misma razón le estaba dando fuerza y voluntad, a pesar de sentirse perdida. Su hijo, el fruto del amor que había vivido junto a Roberto. —¡Hemos llegado! —Anunció el auxiliar del bus. Se bajo y miro a todas partes, sin tener la más mínima idea de donde se encontraba, estaba casi cegada por las luces y los grandes letreros de colores. —Debe tener cuidado hija, está ciudad —señaló el hombre, un poco mayor que ella—... Es una jungla, solo sobreviven los más fuertes. —¿D-dónde estoy? —Chicago, está en Chicago. Por cierto, no se quede en los hoteles cercanos a esta terminal, están llenos de —hizo mala cara—, cosas feas, ya sabes, drogas y prostitutas —el joven se alejó. —Espere, espere. ¿Dónde me puedo quedar? No tengo mucho dinero —ella mintió y apretó el bolso. Fue escaneada por completo, el joven le regaló una sonrisa amable y cálida. —La voy a llevar a un refugio, no es mucho, pero es seguro para alguien como usted. Alicia confió y llegó a un lugar lleno de solo mujeres, la mayor saludó al joven y le brindó un plato de sopa, ella no sabía si debía comer, pero su estómago rugía y no dudó mucho más que los primeros segundos. Fue allí donde ella recibió una ayuda y una segunda oportunidad, aprendió que no todas las personas son malas y que para sobrevivir en este mundo se debe luchar, pero para vivir, se debe amar.—Debo viajar en dos días.—¿Y Alan? —pregunto Paula un poco preocupada.—No lo se, lo hable con el padre de Thomas, porque ese hombre no quiere volver a trabajar, desde que su asistente y amor de su vida se fue de la empresa. Para Alicia las cosas no estaba nada fáciles, Elizabeth se estaba ausentando por periodos cada vez más prolongados. Y luego sin previo aviso dejo de asistir. Igual que Thomas que no estaba nada bien. Entonces la empresa sin Katerina, sin Elizabeth y sin Thomas, muchas cosas estaba sobre sus hombros, por no decir que prácticamente todas. Mathew estaba sumamente preocupado por su hermana, era algo que no podía evitar, pero que tampoco quería hablar de eso con Alicia. Aunque ella en muchas ocasiones intentara preguntar. —¿Qué piensas hacer entonces?—No lo sé. No puedo simplemente irme por 4 días y dejar a Alan a su suerte. La señora que me ayuda a cuidarlo no puede tenerlo por tanto tiempo.Alicia no sabia como, pero su mejor amiga Paula la estaba llamando casi todos
—No puedo ir.—Alicia, estaré allí en 20 minutos.—Apenas llegue a la empresa, son las 8 y 15 de la mañana. No puedo irme así como así.—20 minutos —fue una orden.Mathew colgó la llamada y no la dejo responder nada más, no pudo hacer una negativa a esa petición, cerro los ojos con fuera y no se le ocurrió nada para escaparse de su lugar de trabajo. En cambio para el rubio cada vez era más fácil escaparse exitosamente de su esquema de seguridad, Jeremy era el mejor cómplice de Mathew que en ese momento iba en un taxi como un ciudadano cualquiera esperando que Alicia no le fallara. —Elizabeth, debo regresar a mi apartamento —titubeo Alicia a su jefa, su voz era temblorosa, aunque intento sonar firme. —¿Qué sucede? ¿Es mi pequeño Alan? —la preocupación de Elizabeth por Alan la sorprendió. Pero sobre todo la enterneció. Su jefa se había vuelto más que una a miga para Alan, ella lo quería: en algunas ocasiones, cuando tenía tiempo, Elizabeth bajaba hasta la guardería a jugar con el
—Elizabeth, es hora.La rubia seguía distraída en sus pensamientos y Alicia se dio cuenta. Así como su jefa la había apoyado en varias ocasiones, se dio cuenta de que este era su momento. —¿Qué sucede? —Alicia se sentó frente a Elizabeth, dispuesta a saber la verdad.—Nada lo juro, ya nos vamos —la rubia suspiro y se enderezo. —Aún tenemos tiempo y no me digas mentiras —Elizabeth levanto la mirada rápidamente y sonrío—. Yo no lo hago.—Sí, es... Se trata de mi hermano, Mathew. Me preocupa —Alicia se arrepintió de haber preguntado.—No puedo aconsejarte, no tengo hermanos, mi única familia es Alan. —Tienes razón —Alicia se puso de pie y estaba lista para marcharse, cuando la rubia la interrumpió—. Pero puedes escucharme, por favor. Ella sabía que debía escuchar a su amiga, porque en eso se había convertido Elizabeth, aunque no contarle que conocía a Mathew y que habían sido mas que íntimos, era una mentira que tal vez Elizabeth no le iba perdonar. —Te escucho. —Mi hermano... Math
"¿Qué es el infierno? Sostengo que es el sufrimiento de no poder amar". Fyodor Dostoievski.—...Entonces de esa manera lograremos subir el valor de las acciones en el mercado, claro, sí Mathew aprueba esta nueva estrategia.Estaba hablando en ese momento uno de los gerentes financieros más importantes del conglomerado hotelero de la familia de Mathew, era una empresa en crecimiento, pero estaba dando demasiado frutos, todos gracias a la ardua labor del rubio, labor con la que cumplía por obligación. Sin embargo, él no había escuchado nada de lo que el hombre había dicho, ni de él ni mucho menos nada de lo que los otros exponentes pudieron haber dicho, estaba sumido en sus pensamientos, en su divagaciones, en sus problemas, en sus ganas de salir de allí corriendo. No había escuchado el momento en el que la sala se quedo en silencio aguardando por una respuesta que autorizara o denegara una importante decisión de su parte. Porque no podía dejar de pensar en Alicia, pero tampoco podí
—Hijo, bienvenido.—No seas hipócrita, que no soy tu hijo. —Tal vez sientas que no es así, pero eres el único al que considero mi hijo.Las palabras de James no le gustaron para nada a Mathew, sintió algo amargo y algo oculto allí, pero sabía que su madre no sería capaz de engañar a su padre, pues conocía de primera mano lo brutal que podría ser ese hombre cuando se le traicionaba. —Bueno, hablemos de lo que te importa. Negocios. —hoy no me interesan los negocios —dijo James y Mathew retrocedió enseguida, sabía que nada bueno traían esas palabras, porque conoce muy bien a su padre. —No mientas, por lo menos no a mi. Eres esa clase de persona que no mueve un solo dedo si no te conviene, no das puntada sin dedal y no permites perder ventaja en cada cosa que te rodea.—Y eso no es malo —dijo James sonriendo y acercándose a la ventana de la sala. —Por supuesto que lo es, crees que puedes... —dijo Mathew, pero su padre lo interrumpió. —Puedo, Mathew, puedo, puedo hacer lo que me de l
Entonces el día que Mathew se iba para Italia, llego, desde la mañana la comida y el café se sentían como un trago amargo que no podía pasar.La noche antes de viajar, estaciono su auto frente al pequeño departamento de Alicia, allí la vio llegar agotada del trabajo y con Alan entre sus brazos, el pequeño estaba casi dormido, pero iba caminando con las pocas fuerzas que un niño puede tener.En ese momento recordó la primera vez que jugo con él, recordó la felicidad del pequeño cuando vio su cama nueva y todos los juguetes que Alicia juro que no iba a dejar que usará, el día que lo invito a una hamburguesa y se la comió con tanta felicidad, la noche de aquel sábado en el que estaban viendo una película animada y el niño se quedo dormido entre sus brazos. Mathew no se dio cuenta, pero por sus mejillas corrían dos gruesas lagrimas, quería mostrar fortaleza, pero tenía rabia, dolor, estaba cansado, Mathew entregaría toda su fortuna, toda su herencia, todo el poder político que está por re
Último capítulo