Luego de encargarse de revisar y asegurar cada entrada y rendija del apartamento de Denise, Richard entra a su auto, finalmente sólo, respira aliviado al saber que aquella voz chillona no se replica en el reducido espacio y rezando por no ser llamado a media noche de forma inesperada, vuelve a marcar el número fijado en el táctil de la pantalla; el sonido del tono sin respuesta, que luego de sornar por casi un minuto salta al buzón de voz, ya empieza a desequilibrarlo. ¿Estaría molesta? ¿Sería