Intentando que el líquido marrón, que recién había hecho, en la taza de porcelana blanca no se le voltease, avanza para abrir con una de las manos la puerta de la oficina equilibrándose perfectamente. Sus ojos se tuercen al no verla dentro, lo cual es raro porque no la ha visto salir. Se dispone a dar media vuelta cuando el huracán Denise le corta el paso, haciendo que el café caliente se vierta sobre él y en un gesto instintivo al sentir el calor soltase la taza al piso, dejándola romperse en