Mundo ficciónIniciar sesiónHarper Lane es una mujer de 30 años, inteligente y una secretaria ejemplar. Sin embargo, físicamente no es muy agraciada y eso hace que a lo largo de su vida haya recibido burlas. La vida de Harper cambia cuando Austin, el nieto de su jefe, hace presencia en la empresa para tomar el control. Desde el primer momento él le hace la vida imposible. La hermana de Harper debe recibir una cirugía de emergencia para que su vida sea salvada, Harper es de escasos recursos y no cuenta con aquella exagerada suma de dinero. Austin es un hombre de 30 años, un hombre que ha llevado una clase de vida descontrolada con mujeres y alcohol, pero su abuelo lo presiona para que su vida dé un giro de manera drástica. El abuelo de Austin le exige que debe contraer matrimonio para que pueda heredar todo el dinero que él posee. Debido a secretos del pasado el abuelo hace que Austin contraiga matrimonio con Harper, de lo contrario amenaza con donar todo a la beneficencia. Austin de manera astuta busca a Harper en su condición más vulnerable, él le dice que se case con él y así le dará el dinero que ella necesita. ¿Harper aceptará ser la esposa de Austin luego de que la trató de la peor manera? ¿Podrá Harper hacer de Austin un hombre nuevo dejando atrás su vida libertina y desordenada? ¿Qué sucederá cuando Austin encuentre el amor verdadero en Harper?
Leer másHarper atravesó la puerta giratoria, estaba apresurada, una recaída de su hermana había comprometido el horario de ingreso.
Sin importar la tardanza se dirigió a la cafetería, su jefe no podía empezar el día sin una buena taza con café.
El reloj hacía que por el cuerpo de Harper recorrieran unas pequeñas gotas de sudor, especialmente porque a su jefe le gustaba la puntualidad.
Las puertas del ascensor frente a ella se estaban cerrando, cada segundo contaba, sin pensar en las consecuencias incrementó la velocidad lanzándose hacia el interior del ascensor.
Aquel movimiento brusco hizo que la tasa con café se derramara sobre el traje de un hombre, los labios de Harper se separaron, no podía creer lo que había sucedido... no podía creer su mala suerte.
—¿Acaso es idiota o los lentes que trae no le sirven? —rebuzno aquel hombre alzando el tono de su voz.
Harper espantó la mirada, observando como aquel hombre trataba de limpiar su fino traje, no tenía el valor de levantar el rostro y pedir disculpas.
—Lo siento mucho señor, tropecé... Prometo que le ayudaré a limpiar su traje.
Aquel tono de voz suave y carismático no sirvió de nada para que aquel hombre disminuyera su enfado, todo lo contrario, se mostraba más furioso.
Él fijó la mirada en Harper, lo primero que notó fue a una mujer con la apariencia descuidada.
—No entiendo qué clase de ineptos contratan en esta empresa, mire nomás el daño que ha causado en mi traje, ni siquiera con el pago de un mes puede remediar este inconveniente.
Aquel hombre dedujo fácilmente que Harper trabajaba allí ya que llevaba el uniforme de la empresa.
—Fue un accidente —agregó Harper encogiéndose de hombros.
—¿Un accidente?... El único accidente aquí es que personas como usted existan en este entorno, me fastidia su presencia —las palabras que salían de su boca herían a Harper.
Harper abrió su bolso, sacó unos pañuelos y trató de limpiar su traje, una vez que estiró el brazo su mano fue tomada con fuerza.
—Ni lo intente, ya ha hecho demasiado.
Los ojos de Harper se cristalizaron, deseando romper en llanto; estaba pasando por su peor momento, su hermana se debatía entre la vida y la muerte, y aquel hombre estaba haciendo que su día terminara de empeorar.
De manera brusca aquel hombre frío y con poca empatía detuvo el ascensor, Harper se estremeció, su cuerpo tambaleó y posterior a ello cayó sobre su pecho.
—Pero, ¿qué hace?, ¿acaso no fue suficiente con que arruinara mi traje para que ahora se lance sobre mí?, aléjese.
Harper fue empujada sin el más mínimo cuidado.
—No quiero volverla a ver, le exijo que baje de este ascensor y desaparezca para siempre, si se vuelve a cruzar en mi camino no responderé por mis acciones —Harper inclinó la cabeza mostrándose avergonzada.
Las puertas del ascensor se abrieron, ella descendió sin pronunciar una sola palabra, estaba avergonzada, al escuchar las palabras de aquel hombre por un instante había regresado al pasado donde era tratada de la misma manera solo por su apariencia.
—Eres una tonta Harper, como pudiste haber tropezado y haber derramado el café sobre ese hombre, espero que este accidente no traiga consecuencias —Harper se regañó a sí misma.
La mirada de Harper se fijó en la taza, había derramado todo el café, cerró los ojos y apretó los labios, dio un zapatazo sintiéndose impaciente.
Sin otra salida tomó nuevamente el ascensor y regresó al primer piso, pidió un nuevo café y se dispuso a ir a su lugar de trabajo, antes de subir al ascensor se dio cuenta que su vestido estaba manchado.
Se dirigió al baño, con la ayuda de unos pañuelos se limpió lo mejor que pudo, ella era la imagen de presidencia y tenía que verse pulcra siempre, sin importar nada.
Luego de unos cuantos minutos más tarde, finalmente Harper se encontraba en el piso de presidencia, su cabello se mostraba agitado, y su rostro mostraba la difícil noche que había pasado.
Colocó el bolso sobre el escritorio, acomodó sus pesados lentes y se preparó para ingresar en la oficina de presidencia; había pasado la mayor parte de la noche adelantando unos documentos que le habían pedido.
Ella abrió la puerta e ingresó, la silla estaba vacía, le extrañó no ver al presidente allí como siempre, se acercó al escritorio, colocó la taza con café y a su lado la carpeta.
Harper se dio vuelta y se dispuso a salir, antes de atravesar la puerta un sonido fuera de lo habitual hizo que ella se detuviera.
—Señor Hugo... ¿Es usted?
Harper regresó nuevamente, con pasos silenciosos se dirigió hasta la parte de atrás de la oficina, su mirada se fijó hacia el sofá, su cuerpo quedó congelado, lo que sus ojos estaban viendo no era fácil de procesar.
Ella intentó salir sin ser descubierta, pero debido a su torpeza golpeó la estantería consiguiendo que unos vasos cayeran armando todo un escándalo. Cubrió su boca con las dos manos, el hombre que se encontraba allí con el cuerpo desnudo teniendo intimidad con la contadora se detuvo de manera brusca.
—Tu...
Harper negó con la cabeza, la mala suerte estaba ese día con ella, el hombre que se encontraba desnudo frente a ella era él mismo al cual le había derramado el café sobre su traje.
—¿Qué m****a está haciendo aquí?, ¿quién demonios se cree para entrar sin llamar a la puerta? —preguntó molesto.
La contadora rápidamente se vistió, avergonzada inclinó la cabeza, el cabello cubría su rostro, pasó por el lado de Harper y salió huyendo.
Harper no podía vocalizar, estaba sorprendida, tener a un hombre desnudo y sumamente atractivo frente a ella hacía que todo su cuerpo se quedará congelado.
No era para menos, él tenía un cuerpo perfecto como si hubiese sido esculpido por los dioses, fácilmente causaba en las mujeres más atractivas que cayeran rendidos ante él.
—¿Acaso estás sorda?... ¡Responda carajo! —gruño con aquel tono de voz gruesa que causó que Harper diera un pequeño salto.
—So, so... soy la asistente de presidencia, no me anuncié antes de ingresar porque el señor Hugo así me lo ordenó —respondió Harper con la voz entrecortada.
—Me importa muy poco lo que le hayan ordenado, lo único que importa es no volverla a ver, recoja todas sus mugrosas cosas y lárguese ahora mismo de mi empresa.
Él se inclinó, tomó sus pantalones y los llevó a su lugar, en su rostro se podía ver la molestia en contra de Harper.
—¿Qué? —balbuceo Harper incrédula de lo que acababa de escuchar.
—Estás despedida... ¿Qué esperas para largarte?
La boca de Harper quedó seca, parpadeó rápidamente regresando a la realidad, perder el empleo era una locura, ella sabía muy bien que aquella acción le costaría la vida a su hermana.
—No puede hacerlo —musitó Harper—. No lo voy a hacer.
—¿Disculpe?... Me está retando —él caminó hacia ella.
La distancia fue reducida a la nada, Harper dio pasos cortos hacia atrás, todo hasta que su espalda se estrelló contra la pared, su corazón palpitaba con fuerza queriendo salir de su pecho.
—No sé quién sea usted, pero le aseguro que todo tiene una explicación, no hay necesidad de que me despida, este empleo lo es todo para mí —explicó Harper con la voz temblorosa.
Los ojos oscuros de aquel casi desnudo hombre se fijaron en los suyos, Harper se sintió desnuda, a pesar de que su cuerpo estaba más cubierto de lo habitual.
Harper intentó escapar de aquel acercamiento que hacía que su cuerpo se atrofiara, pero él colocó la mano en la pared impidiendo que lo hiciera.
—Dice que todo tiene una explicación, me gustaría escucharla, pero como puede darse cuenta acaba de arruinar uno de mis momentos más placenteros —él chasqueo con su lengua.
»Definitivamente esta empresa necesita un cambio de manera urgente, como es posible que la asistente de presidencia sea una religiosa recién salida del convento.
Dijo él mirando de arriba a abajo, escaneando cada centímetro del cuerpo de Harper.
Ella esquivó su mirada, él estaba tan cerca que ella podía percibir su aliento, el olor que su cuerpo emanaba se filtraba con facilidad por sus fosas nasales.
Él de un solo movimiento llevó la mano hasta el rostro de Harper, le arrebató sus lentes y luego los lanzó al piso.
—¿Qué hace, cómo se atreve?
Harper se inclinó por sus lentes quedando de espalda a aquel sujeto. Con el pie pisó su falda larga haciendo que ella cayera al suelo.
—Recoge tus ridículos lentes y márchate de mi empresa, y esto... esto es para que aprendas a mantener tu lugar. Lo peor que te pudo haber pasado, fue cruzarte en mi camino —espetó con coraje.
—¿Su empresa? —pregunto en medio de un susurro.
—Sí, mi empresa ¿te quedó claro? —bufó.
—No me iré... No sin que el señor Hugo sea quien me despida, y siendo sincera, dudo mucho que lo haga, él me tiene gran aprecio, más que su asistencia soy... —él la interrumpió colocando su dedo índice sobre ella.
—¿Estás diciendo que mis órdenes no tienen validez?, yo soy el heredero y dueño de esta empresa. Y no quiero volver a verte en mi vida.
Luego de aquella noche cargada de estrés y presión, Harper luego de lavar su cuerpo se dirigió al comedor con el estómago hecho un nudo. La tensión de la noche anterior aún la sentía en los hombros, y la urgencia de que la junta de esa mañana saliera perfecta la mantenía en un estado de alerta constante. Al entrar, encontró a Austin sentado de manera erguida alrededor de la mesa, estaba tomando el desayuno con una rigidez que hacía juego con la tormenta en sus ojos oscuros.En cuanto Harper tomó asiento al otro extremo de la mesa, el silencio se rompió. Austin cerró los puños y golpeó la madera con una fuerza brutal que hizo temblar la vajilla de porcelana. El estruendo provocó que Harper diera un pequeño salto en su silla al tomarla por sorpresa. —No vuelvas a amenazarme en tu vida —gruñó Austin inclinándose hacia ella con los ojos encendidos con rabia y prepotencia.»Lo que pasó anoche no se va a repetir, aquí el que manda soy yo... que soy yo quien tiene el control sobre los ga
Él salió de su despacho, cansado luego de estudiar cada línea de los últimos contratos, dispuesto a descansar para prepararse para lo que se venía. Antes de seguir caminando notó la casa en silencio, al entrar a la biblioteca, la luz del escritorio estaba encendida.Harper lo esperaba allí, seguía vistiendo el traje de la mañana, aunque se había quitado los tacones. Frente a ella, la computadora mostraba los gráficos de cierre del mercado y a un lado descansaban las mismas carpetas que él había rechazado horas antes. Su rostro reflejaba un cansancio extremo, pero sus ojos avellana brillaron con furia en cuanto lo vio cruzar la puerta.—Vaya, el CEO ha decidido honrarme con su presencia —dijo Harper, su voz destilando un sarcasmo letal mientras cerraba la pantalla de la laptop.»Espero que la hayas pasado muy bien porque yo tuve que pasar algunas horas buscando hacer lo que pidió el señor Hugo —gruñó con palabras directas—. Aunque es obvio que si llegó a esta hora, es porque se estaba
El despertador sonó antes de que el sol lograra disipar la niebla matutina de Sídney. Harper se levantó con los ojos pesados, sintiendo el rigor de haber pasado la madrugada entera pegada a la pantalla de su computadora. Su esfuerzo no era en vano; bajo las órdenes de Hugo continuaba trabajando, él la había llamado para recalcar eso que tenían planeado hace mucho, pero hasta ahora lo habían conseguido, con una urgencia que le erizó la piel.Se trataba de la importancia de la reunión que tendrían esa misma mañana. Había datos financieros y cláusulas ocultas que no podían dejar pasar bajo ninguna circunstancia si querían proteger el futuro de la compañía.Harper lavó su cuerpo y se preparó para una larga jornada de trabajo, sin importar la forma en que Austin la trataba, su prioridad era soportarlo para salvar la vida de su hermana. Adicional, Hugo confiaba en su agudeza, y ella no pensaba fallar. Al llegar a la planta principal de la casa con las carpetas listas bajo el brazo para p
Dos días después.Harper estaba en la oficina de presidencia revisando la agenda cuando Austin entró, cerró la puerta con un golpe seco causando que Harper diera un pequeño salto. Austin ni siquiera se molestó en saludar. La presencia de ella era insignificante para él. —En un par de semanas se llevará a cabo un congreso importante, en donde debes viajar, el señor Hugo solía participar en él cada dos años. —Austin negó, él sabía que eso era solo para gastar y donar dinero a empresas pequeñas, algo que a él no lo beneficiaba en lo absoluto, especialmente si tenía que estar tanto tiempo con ella a solas lejos. —Sé muy bien como es mi abuelo de intenso, seguramente buscará la manera en la que estemos solos, como una pareja de enamorados, así que antes de que se presente una de sus sorpresas anula cualquier reserva de viaje —ordenó con voz cortante, arrojando su maletín sobre el escritorio.Harper levantó la vista, manteniendo una calma imperturbable.—Por mí no hay problema Austin, to
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