La esposa fea del CEO
La esposa fea del CEO
Por: Gio escritor
Mi nuevo jefe me odia

Harper atravesó la puerta giratoria, estaba apresurada, una recaída de su hermana había comprometido el horario de ingreso.

Sin importar la tardanza se dirigió a la cafetería, su jefe no podía empezar el día sin una buena taza con café.

El reloj hacía que por el cuerpo de Harper recorrieran unas pequeñas gotas de sudor, especialmente porque a su jefe le gustaba la puntualidad. 

Las puertas del ascensor frente a ella se estaban cerrando, cada segundo contaba, sin pensar en las consecuencias incrementó la velocidad lanzándose hacia el interior del ascensor. 

Aquel movimiento brusco hizo que la tasa con café se derramara sobre el traje de un hombre, los labios de Harper se separaron, no podía creer lo que había sucedido... no podía creer su mala suerte. 

—¿Acaso es idiota o los lentes que trae no le sirven? —rebuzno aquel hombre alzando el tono de su voz. 

Harper espantó la mirada, observando como aquel hombre trataba de limpiar su fino traje, no tenía el valor de levantar el rostro y pedir disculpas. 

—Lo siento mucho señor, tropecé... Prometo que le ayudaré a limpiar su traje.

Aquel tono de voz suave y carismático no sirvió de nada para que aquel hombre disminuyera su enfado, todo lo contrario, se mostraba más furioso. 

Él fijó la mirada en Harper, lo primero que notó fue a una mujer con la apariencia descuidada.

—No entiendo qué clase de ineptos contratan en esta empresa, mire nomás el daño que ha causado en mi traje, ni siquiera con el pago de un mes puede remediar este inconveniente. 

Aquel hombre dedujo fácilmente que Harper trabajaba allí ya que llevaba el uniforme de la empresa.

—Fue un accidente —agregó Harper encogiéndose de hombros.

—¿Un accidente?... El único accidente aquí es que personas como usted existan en este entorno, me fastidia su presencia —las palabras que salían de su boca herían a Harper. 

Harper abrió su bolso, sacó unos pañuelos y trató de limpiar su traje, una vez que estiró el brazo su mano fue tomada con fuerza.

—Ni lo intente, ya ha hecho demasiado. 

Los ojos de Harper se cristalizaron, deseando romper en llanto; estaba pasando por su peor momento, su hermana se debatía entre la vida y la muerte, y aquel hombre estaba haciendo que su día terminara de empeorar. 

De manera brusca aquel hombre frío y con poca empatía detuvo el ascensor, Harper se estremeció, su cuerpo tambaleó y posterior a ello cayó sobre su pecho. 

—Pero, ¿qué hace?, ¿acaso no fue suficiente con que arruinara mi traje para que ahora se lance sobre mí?, aléjese.

Harper fue empujada sin el más mínimo cuidado. 

—No quiero volverla a ver, le exijo que baje de este ascensor y desaparezca para siempre, si se vuelve a cruzar en mi camino no responderé por mis acciones —Harper inclinó la cabeza mostrándose avergonzada. 

Las puertas del ascensor se abrieron, ella descendió sin pronunciar una sola palabra, estaba avergonzada, al escuchar las palabras de aquel hombre por un instante había regresado al pasado donde era tratada de la misma manera solo por su apariencia. 

—Eres una tonta Harper, como pudiste haber tropezado y haber derramado el café sobre ese hombre, espero que este accidente no traiga consecuencias —Harper se regañó a sí misma.

La mirada de Harper se fijó en la taza, había derramado todo el café, cerró los ojos y apretó los labios, dio un zapatazo sintiéndose impaciente. 

Sin otra salida tomó nuevamente el ascensor y regresó al primer piso, pidió un nuevo café y se dispuso a ir a su lugar de trabajo, antes de subir al ascensor se dio cuenta que su vestido estaba manchado. 

Se dirigió al baño, con la ayuda de unos pañuelos se limpió lo mejor que pudo, ella era la imagen de presidencia y tenía que verse pulcra siempre, sin importar nada.

Luego de unos cuantos minutos más tarde, finalmente Harper se encontraba en el piso de presidencia, su cabello se mostraba agitado, y su rostro mostraba la difícil noche que había pasado.

Colocó el bolso sobre el escritorio, acomodó sus pesados lentes y se preparó para ingresar en la oficina de presidencia; había pasado la mayor parte de la noche adelantando unos documentos que le habían pedido.

Ella abrió la puerta e ingresó, la silla estaba vacía, le extrañó no ver al presidente allí como siempre, se acercó al escritorio, colocó la taza con café y a su lado la carpeta.

Harper se dio vuelta y se dispuso a salir, antes de atravesar la puerta un sonido fuera de lo habitual hizo que ella se detuviera.

—Señor Hugo... ¿Es usted? 

Harper regresó nuevamente, con pasos silenciosos se dirigió hasta la parte de atrás de la oficina, su mirada se fijó hacia el sofá, su cuerpo quedó congelado, lo que sus ojos estaban viendo no era fácil de procesar.

Ella intentó salir sin ser descubierta, pero debido a su torpeza golpeó la estantería consiguiendo que unos vasos cayeran armando todo un escándalo. Cubrió su boca con las dos manos, el hombre que se encontraba allí con el cuerpo desnudo teniendo intimidad con la contadora se detuvo de manera brusca.

—Tu... 

Harper negó con la cabeza, la mala suerte estaba ese día con ella, el hombre que se encontraba desnudo frente a ella era él mismo al cual le había derramado el café sobre su traje. 

—¿Qué m****a está haciendo aquí?, ¿quién demonios se cree para entrar sin llamar a la puerta? —preguntó molesto.

La contadora rápidamente se vistió, avergonzada inclinó la cabeza, el cabello cubría su rostro, pasó por el lado de Harper y salió huyendo.

Harper no podía vocalizar, estaba sorprendida, tener a un hombre desnudo y sumamente atractivo frente a ella hacía que todo su cuerpo se quedará congelado.

No era para menos, él tenía un cuerpo perfecto como si hubiese sido esculpido por los dioses, fácilmente causaba en las mujeres más atractivas que cayeran rendidos ante él. 

—¿Acaso estás sorda?... ¡Responda carajo! —gruño con aquel tono de voz gruesa que causó que Harper diera un pequeño salto.

—So, so... soy la asistente de presidencia, no me anuncié antes de ingresar porque el señor Hugo así me lo ordenó —respondió Harper con la voz entrecortada. 

—Me importa muy poco lo que le hayan ordenado, lo único que importa es no volverla a ver, recoja todas sus mugrosas cosas y lárguese ahora mismo de mi empresa.

Él se inclinó, tomó sus pantalones y los llevó a su lugar, en su rostro se podía ver la molestia en contra de Harper.

—¿Qué? —balbuceo Harper incrédula de lo que acababa de escuchar.

—Estás despedida... ¿Qué esperas para largarte?

La boca de Harper quedó seca, parpadeó rápidamente regresando a la realidad, perder el empleo era una locura, ella sabía muy bien que aquella acción le costaría la vida a su hermana. 

—No puede hacerlo —musitó Harper—. No lo voy a hacer. 

—¿Disculpe?... Me está retando —él caminó hacia ella. 

La distancia fue reducida a la nada, Harper dio pasos cortos hacia atrás, todo hasta que su espalda se estrelló contra la pared, su corazón palpitaba con fuerza queriendo salir de su pecho.

—No sé quién sea usted, pero le aseguro que todo tiene una explicación, no hay necesidad de que me despida, este empleo lo es todo para mí —explicó Harper con la voz temblorosa. 

Los ojos oscuros de aquel casi desnudo hombre se fijaron en los suyos, Harper se sintió desnuda, a pesar de que su cuerpo estaba más cubierto de lo habitual.

Harper intentó escapar de aquel acercamiento que hacía que su cuerpo se atrofiara, pero él colocó la mano en la pared impidiendo que lo hiciera. 

—Dice que todo tiene una explicación, me gustaría escucharla, pero como puede darse cuenta acaba de arruinar uno de mis momentos más placenteros —él chasqueo con su lengua.

»Definitivamente esta empresa necesita un cambio de manera urgente, como es posible que la asistente de presidencia sea una religiosa recién salida del convento. 

Dijo él mirando de arriba a abajo, escaneando cada centímetro del cuerpo de Harper.

Ella esquivó su mirada, él estaba tan cerca que ella podía percibir su aliento, el olor que su cuerpo emanaba se filtraba con facilidad por sus fosas nasales. 

Él de un solo movimiento llevó la mano hasta el rostro de Harper, le arrebató sus lentes y luego los lanzó al piso. 

—¿Qué hace, cómo se atreve? 

Harper se inclinó por sus lentes quedando de espalda a aquel sujeto. Con el pie pisó su falda larga haciendo que ella cayera al suelo.

—Recoge tus ridículos lentes y márchate de mi empresa, y esto... esto es para que aprendas a mantener tu lugar. Lo peor que te pudo haber pasado, fue cruzarte en mi camino  —espetó con coraje.

—¿Su empresa? —pregunto en medio de un susurro. 

—Sí, mi empresa ¿te quedó claro?  —bufó.

—No me iré... No sin que el señor Hugo sea quien me despida, y siendo sincera, dudo mucho que lo haga, él me tiene gran aprecio, más que su asistencia soy... —él la interrumpió colocando su dedo índice sobre ella. 

—¿Estás diciendo que mis órdenes no tienen validez?, yo soy el heredero y dueño de esta empresa. Y no quiero volver a verte en mi vida. 

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP