Mundo ficciónIniciar sesiónLos segundos parecían eternos, la respiración de Harper era brusca e incontrolada, sus párpados golpeaban rápidamente, su cabeza trataba de procesar una información para la cual no estaba preparada.
—Acepto.
—¿Qué dijiste? —preguntó Austin.
—Dije que acepto—. susurró ella, con el corazón rompiéndose en mil pedazos—. Me casaré con usted.
—Es una buena decisión la que acabas de tomar, salvaste a tu hermana, por lo visto piensas más en ella que en ti misma... —La voz de Austin era peor que una sentencia, eran palabras frías carentes de sentimientos.
Austin no sonrió, simplemente entregó el cheque... Harper pasó un sorbo grueso de saliva, no había tiempo para pensar en las consecuencias, no dudó un segundo para tomarlo, sus dedos se cerraron con una fuerza desesperada, sintiendo que aquel trozo de papel era el único salvavidas para su hermana.
No tuvo el valor para mirar a Austin; no podía permitirse ver el desprecio en sus ojos, ni la humillación que acababa de aceptar.
Harper se dio vuelta y echó a correr por los pasillos del hospital, con el corazón golpeando en su pecho con fuerza, deseando que aún no fuera tarde.
A sus espaldas, Austin permaneció inmóvil observando cuidadosamente los movimientos de Harper.
—Aquí me tienes abuelo, llevando a cabo tus estúpidos deseos, solo espero que esta locura de contraer matrimonio no me arruiné mis momentos de diversión.
En cuanto la silueta de Harper desapareció al doblar la esquina, la máscara de dócil y de preocupación que había en Austin se desvaneció por completo.
Una sonrisa malvada, cargada de una satisfacción oscura y triunfante se dibujó en su rostro; se ajustó los puños de la camisa saboreando el éxito.
Con aquel movimiento estratégico había asegurado su herencia y de paso, había obtenido el control total sobre la mujer que se atrevió a desafiarlo. Sin decir una palabra más dio media vuelta y desapareció por la salida principal.
Mientras tanto, Harper corría desesperadamente yendo directo a la ventanilla administrativa sin aliento, golpeó el mostrador con la mano, extendiendo el cheque con los dedos temblorosos.
—¡Aquí está!, he traído el pago —logró articular Harper con voz ronca—. Por favor, notifique al doctor... Mi hermana, Sofía Lane tiene que entrar a cirugía ahora mismo.
La recepcionista verificó el cheque con una lentitud que a Harper le pareció eterna, tras unos segundos, la mujer asintió y realizó una llamada, el ambiente cambió para Harper, ella vio como las puertas dobles del área de urgencias se abrían y un equipo de enfermeras empujaba la camilla de Sofía a toda velocidad.
Harper estiró la mano en aquella dirección, su mirada se cristalizó, ahí estaba ella tendida sobre una camilla, dependiendo de máquinas con un pie más cercano a la tumba que de salir con vida.
Sofía, era el único motivo por el cual ella luchaba, verla al borde de la muerte era insoportable, un enorme nudo en su garganta impedía que pudiera hablar, las enfermeras empujaban la camilla alejando a su hermana.
—¡Sofía! —gritó Harper con la voz quebrada, intentó seguir la camilla, pero el doctor la detuvo con un gesto firme antes de entrar al área restringida.
—Ya tenemos el depósito... Vamos a entrar al quirófano ahora mismo —dijo el doctor con brevedad—. Hiciste lo necesario, ahora déjanos el resto a nosotros.
Las puertas se cerraron con un golpe seco, el cartel luminoso de cirugía en curso se encendió, tiñendo el pasillo de un tono rojo que Harper apenas podía reconocer.
Harper regresó a la sala de espera, llevó la mirada a su alrededor, Austin ya no estaba allí, ella llenó de aire sus pulmones y exhaló con fuerza.
Se desplomó en una de las sillas de la sala de espera sintiendo que sus piernas finalmente cedían, un alivio momentáneo la recorrió... Sofía tenía una oportunidad de vivir.
Sin embargo, la calma no llegó para Harper, para ella no era suficiente que su hermana estuviera recibiendo aquella cirugía, los riesgos eran bastante elevados, ante el más mínimo error todo habría terminado.
Ella se quedó sola en un rincón de la sala de espera, con la mirada fija en el reloj de pared, cada segundo que pasaba se sentía como una hora; se abrazó a sí misma, frotó sus brazos mientras el frío del hospital empezaba a llegar hasta sus huesos.
El silencio era ensordecedor, la desesperación la estaba consumiendo, solo podía escuchar a la distancia el sonido de alguna máquina, estaba ansiosa, con los nervios alterados.
Cada vez que una puerta se abría, Harper se ponía en pie de un salto, esperaba noticias, pero solo veía pasar camillas vacías o personal de limpieza.
El peso del trato que acababa de cerrar con Austin comenzó a hundirse en su pecho, pero lo apartó de su mente, nada de eso importaba si Sofía lograba salir de esa sala con vida.
Harper cerró los ojos iniciando una espera agónica que parecía no tener fin, lo único que tenía claro era que su destino ya estaba sellado por un papel, pero la vida de su hermana todavía pendía de un hilo en manos de los cirujanos.







