Ausencia

Una semana después de que se formalizara su compromiso oficialmente ante todos, el silencio entre Harper y Austin era tan denso que nadie se atrevía a pronunciar palabra alguna, a pesar del acercamiento era como si la otra persona no existiera.

Austin se había comportado como un fantasma errante en su propia empresa, más que ello como un cretino manteniendo una distancia gélida con Harper como si ella fuera la culpable de que su abuelo lo hubiese obligado a contraer matrimonio con ella. 

No era de extrañar que para Harper aquello era reconfortante, la actitud de Austin le traía paz, prefería tenerlo distante que escuchar sus palabras hirientes hacia ella. 

Desde luego que Harper no tenía el más mínimo interés en acortar esa brecha; cada minuto que pasaba sin tener que lidiar con su arrogancia era un respiro para su salud mental. 

Harper sintió como estaba a punto de flaquear, su paciencia ante los ataques de Austin la tenían al límite. 

Buscando una pizca de cordura, Harper decidió visitar a Hugo en su oficina, él siempre había sido su mentor, la persona que admiraba, la persona que valoraba su intelecto por encima de su apariencia. 

Si alguien podía explicarle la urgencia y porque el cambio de actitud de Austin, era él, el único que conocía el enigma de aquel hombre prepotente y arrogante.

Harper llamó a la puerta, Hugo del otro lado le indicó que siguiera, una vez dentro Hugo de inmediato detuvo sus actividades y fijó la atención en Harper, en su rostro esbozó una leve sonrisa.

—Hola Harper, no me canso de admirarte, esta semana definitivamente ha sido una semana agitada —comentó Hugo. 

—Señor Cooper —dijo Harper al entrar, manteniendo el tono profesional que siempre los había unido—. Por favor ni lo mencione, no ha sido nada fácil llevar esta vestimenta sobre mí, aún así hago lo mejor posible. 

Hugo con la mano invitó a Harper para que tomara asiento y continúo con su trabajo. 

—Cuéntame, ¿cuál es el motivo de tu visita?

—Señor Hugo, necesito hablar un momento?, estoy... abrumada por todo esto, las cosas están sucediendo muy rápido. Solo necesito escucharlo, sus consejos me hacen sentir bien. 

Hugo retiró la mirada de unos documentos antiguos y levantó la vista... Harper esperó encontrar la calidez habitual en sus ojos, pero se encontró con un muro al que ella no estaba acostumbrada. 

—Harper, lo que mi nieto decida hacer con su vida privada y su compromiso es asunto suyo, no puedo interferir más de lo que él me permite, todo sucedió de manera repentina, sabes que te he apoyado en diferentes asuntos, pero este...

 Él hizo una pausa y colocó sus manos sobre la mesa acercandolas a las de ella. 

—Este asunto está fuera de mi alcance, mi nieto no es fácil lo admito, pero créeme o no, en realidad es un buen chico. Solo han pasado algunas cosas... Pero creo que con tu amor, él y sus actitudes no tan agradables cambiarán —Harper apretó los labios e inclinó la mirada.

La respuesta de Hugo le hizo entender a Harper que el abuelo de Austin no iba a intervenir en su compromiso.

—Harper, él es el CEO ahora, yo he dado un paso al lado, si tienes dudas sobre algo que tenga que ver con su compromiso, deberías discutirlos con él, no conmigo, no quiero ser grosero contigo, pero Austin será tu esposo y todo lo relacionado con él, debes hablarlo con él.  

Harper se quedó helada, las palabras de Hugo eran un golpe que no esperaba, supuso que iba a encontrar en él un refugio, aquel apoyo que siempre había obtenido.

—Pero usted fue quien sugirió que él necesitaba estabilidad —insistió ella—. Usted sabe que esto es... Repentino, hay cosas que no logro comprender.

—El compromiso es un hecho... Cumple con tu papel Harper, es lo que se espera de ti.

—Entiendo perfectamente, lamento haberlo molestado señor Hugo —Harper se levantó de la silla y dando pasos cortos se retiró.

—Harper, hay algo más que necesito que hagas, algo con lo que no quiero reproches. Quiero que te vayas a vivir con él, de inmediato. No quiero esperar hasta la boda para que eso suceda.

—¿Vivir con él? 

—Así es, como la pareja de enamorados que son. Su casa es grande, inmensa. Pero para ustedes dos, será ese nido de amor que tanto necesitan. ¿Entendiste Harper? 

Ella movió su cabeza asintiendo, no tenía otra opción. 

Harper salió de la oficina con un nudo en el estómago, la actitud distante de Hugo la dejaba completamente sola en esa jaula de cristal. 

Ella entendió que no había aliados en la empresa Cooper; solo había intereses de por medio y contratos, el caso más cercano era ella, quien había perdido la libertad de su vida.

Sin otra opción, Harper se vio arrastrada por los planes que Austin había diseñado minuciosamente para ella; de la noche a la mañana, su vida se llenó de lujos que ella jamás pidió y que francamente le resultaban insultantes. 

Austin claramente no lo hacía por generosidad; lo hacía para limpiar su propia imagen, no podía permitirse ser ridiculizado al lado de una mujer que no destilara opulencia, necesitaba una mujer a su altura y estaba dispuesto a construirla todo para garantizar su imperio. 

No solo había mandado a remodelar el guardarropa de Harper, se había encargado de adquirir para ella joyas que costaban más que la cirugía de Sofía. 

Cada objeto era un recordatorio de que ella era un proyecto de remodelación, una pieza que él estaba construyendo a su manera y que amenazaba con destruirla si no obedecía en lo que él pedía.

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