Una semana después de que se formalizara su compromiso oficialmente ante todos, el silencio entre Harper y Austin era tan denso que nadie se atrevía a pronunciar palabra alguna, a pesar del acercamiento era como si la otra persona no existiera.
Austin se había comportado como un fantasma errante en su propia empresa, más que ello como un cretino manteniendo una distancia gélida con Harper como si ella fuera la culpable de que su abuelo lo hubiese obligado a contraer matrimonio con ella.
No era