Entre sus brazos

 Harper observaba de manera sigilosa a Austin, cada palabra que salía de su boca la lastimaba sin mostrar el más mínimo rastro de piedad, él era cruel, un hombre acostumbrado a hacer a su antojo de las personas que se le atravesaban en su camino, desafortunadamente Harper estaba atravesando por su mal momento.

—Eres mi prometida ante el mundo y no voy a permitir que camines a mi lado pareciendo una secretaria de los años cincuenta. Eres una vergüenza para mi imagen y para la de esta empresa. 

»Nadie creerá que un hombre como yo se fijaría en alguien con tu... Eres fea y con falta de gracia, ni siquiera te tomas la molestia para verte al espejo y poder combinar una prenda con la otra —escupió Austin resoplando con fuerza.

Harper enderezó la espalda, dio un paso hacia el escritorio, apoyó las manos sobre la madera desafiando la distancia que él intentaba imponer.

—Escúcheme bien —dijo ella con una autoridad que sorprendió a Austin—. Mi capacidad intelectual, mis habilidades estratégicas y mi lealtad a esta empresa no residen en mi vestimenta ni en el marco de mis lentes. 

»He mantenido este imperio a flote mientras usted se dedicaba a despilfarrar dinero en fiestas, su abuelo lo dijo y no pongo en duda su palabra; mi apariencia no afecta mi cerebro, aunque parece que su arrogancia sí afecta su juicio —ella habló sin tartamudear.

Austin se quedó en silencio durante un instante con la mandíbula tensa, sus ojos brillaron con una furia peligrosa, lentamente se levantó de la silla, su estatura superior dominó el espacio, haciendo que Harper pareciera pequeña, aunque ella no retrocedió.

Él rodeó el escritorio con pasos lentos, como un depredador que no tiene prisa, Harper mantuvo la barbilla en alto hasta que él estuvo a centímetros de ella.

De un movimiento brusco Austin la tomó del brazo y la acorraló contra la estantería de libros, atrapándola con ambos brazos a los lados de su cabeza.

Harper soltó un leve murmullo, sus labios se separaron y sus párpados se movieron rápidamente, su respiración incrementó como nunca antes lo había hecho frente a un hombre.

—¿Te crees muy valiente al desafiarme? —cuestionó Austin, su aliento rozó el rostro de Harper—. No te equivoques, Lane, en cuanto a mí no estás aquí por tu brillante cerebro —la mirada de Harper conectó con la suya, la presión hizo que sintiera que sus pies flotaban.

»Aunque te guste alimentar ese ego de asistente perfecta quiero que recuerdes que estás aquí porque yo lo decidí, sin mi consentimiento estás fuera friendo patatas en un restaurante —Harper intentó defenderse, sus labios se separaron, pero de su boca no salió una palabra.

Austin aprovechó su autoridad, ya que no estaba Hugo para defenderla, redujo la distancia obligándola a sentir la presión de su cuerpo contra el de ella.

Harper de inmediato sintió como sus mejillas se coloraron ante la cercanía de Austin, como aquellas pequeñas gotas de sudor comenzaban a aparecer en las palmas de sus manos.

El perfume de Austin invadió su olfato, aquella aroma se grabó en su cabeza siendo difícil olvidarlo, su aliento tibio y con notas de licor hacía que el tiempo se detuviera. Una extraña sensación invadió el cuerpo de Harper.

—¿Ya olvidaste quién firmó el cheque que salvó a tu hermana? 

Su voz gruesa le recordó en medio de un susurro cargado de veneno causando que Harper regresará a la realidad

—Ella está viva porque yo puse el dinero y tú no eres más que un contrato firmado —gruño—. Una propiedad que adquirí para que mi abuelo me diera este puesto... Si digo que te vistes de seda, te vistes de seda... Si digo que caminas detrás de mí en silencio, lo haces y punto.

Harper intentó empujarlo para liberarse, pero él era como una roca, sus brazos eran jaulas de músculos que estaban dispuestos a no ceder, la humillación de que le recordara que ahora era su propiedad le dolió más que cualquier insulto sobre su físico.

—Tenemos un trato Lane —continuó Austin, clavando su mirada en los ojos avellana de ella—. Tú cumples con la farsa, mantienes una imagen impecable a mi lado y yo sigo pagando las facturas del hospital de tu hermana, solo basta con una llamada y tu hermana es retirada de todos los tratamientos. 

—No... Por favor no lo haga, yo...

—Un solo desafío más a mi autoridad sin importar que nos encontremos frente a los empleados o en esta oficina y te aseguro que ella terminará en una clínica pública antes de que te des cuenta. ¿Fui claro?

—Si, sí señor —respondió Harper entre dientes.

Harper sintió un nudo en la garganta, el brillo de desafío en sus ojos se opacó por el miedo a perder la atención que estaba recibiendo Sofía, Austin era malvado, sabía que fichas mover para hacer que Harper caminara a su ritmo.

—Bien —dijo él.

Austin retiró los brazos y regresó a su silla como si nada hubiera pasado, mientras que Harper respiraba de manera desbocada, sus lentes empañados impedían que pudiera ver con claridad.

—Ahora, como todo ha quedado claro, toma la tarjeta y lárgate; tienes el día libre para que hagas tus compras, si continuas luciendo igual, te juro que yo mismo romperé esos lentes en mil pedazos, rasgaré tu ridículo vestido y haré que camines frente a los empleados luego de eso. 

Harper apretó los labios y resopló con fuerza, quería defenderse, quería ponerlo en su lugar, pero lastimosamente estaba con las manos atadas, completamente vulnerable ante él.

Harper tomó la tarjeta con los dedos temblorosos, no por miedo, sino por la rabia contenida que estaba a punto de explotar. 

Harper salió de la oficina sin decir una palabra, todas se las había tragado por el bien de su hermana, ajustó la puerta con fuerza y apretó sus puños, del otro lado de la puerta escuchó la risa seca de Austin a sus espaldas disfrutando su victoria. 

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