Harper observaba de manera sigilosa a Austin, cada palabra que salía de su boca la lastimaba sin mostrar el más mínimo rastro de piedad, él era cruel, un hombre acostumbrado a hacer a su antojo de las personas que se le atravesaban en su camino, desafortunadamente Harper estaba atravesando por su mal momento.
—Eres mi prometida ante el mundo y no voy a permitir que camines a mi lado pareciendo una secretaria de los años cincuenta. Eres una vergüenza para mi imagen y para la de esta empresa.
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