Polos opuestos

El aire en la oficina de presidencia era irrespirable, Austin mantenía a Harper acorralada contra la pared, su figura atlética y al descubierto proyectaba una sombra amenazante sobre ella. 

Harper, quien hasta ese momento creía conocer cada rincón y secreto de la familia Cooper tras años de servicio, estaba en shock; nunca había escuchado mencionar la existencia de un heredero, ni mucho menos de uno tan arrogante como Austin.

Debido al alboroto, la puerta se abrió de golpe... Hugo ingresó apoyándose en su bastón con el rostro encendido por la ira. 

—¡Austin!... ¡Suéltala ahora mismo! —rugió Hugo.

Su voz aún conservaba la autoridad que siempre lo había caracterizado. Austin se separó de Harper con una lentitud exasperante, dedicándole una última mirada de desprecio antes de encarar a su abuelo.

—Vaya, que bienvenida abuelo —dijo Austin con sarcasmo, acomodándose el cuello de la camisa—. Tuve que dejar mis vacaciones porque me arrastraste a este nido de aburrimiento en Sydney... ya me tienes aquí no hagas que me arrepienta de haber venido.

—Te traje porque ya es suficiente de tu vida libertina, de tus fiestas y de avergonzar el apellido Cooper, despilfarras el dinero como si nada y usas a las mujeres como si fueran un juguete, estoy cansado de enterarme de cada una de tus conquistas. . 

Hugo tomó asiento, ubicándose entre ambos, su mirada vagó entre el rostro de Harper y de Austin.

—No permitiré que desquites tu frustración con Harper —habló el abuelo mientras lo señalaba con el bastón.

—¿Harper? 

Austin soltó una carcajada seca, señalando a la mujer que intentaba recomponerse, en su rostro se podía ver el desprecio que sentía hacia ella.

—Abuelo, esta... mujer me derramó café encima y entró aquí como si fuera la dueña, exijo que la despidas ahora mismo, no voy a trabajar con alguien que no tiene la decencia de llamar a la puerta.

Hugo golpeó el suelo con su bastón, silenciando a su nieto, la respiración era brusca, él estaba demasiado molesto con su nieto. 

—No voy a despedirla... y espero te quede claro. Harper es la mente detrás de este piso, ella es inteligente, honesta, carismática y la única razón por la que esta oficina no se hundió mientras tú estabas gastando mi fortuna en alcohol y mujeres.

Aseguró Hugo con firmeza, se podía notar fácilmente el agotamiento que tenía de la descarada vida que solía llevar su nieto.

—Austin... Ella es indispensable para la empresa.

Austin escaneó a Harper de arriba abajo con una crueldad que le encogió el alma, se fijó en sus lentes gruesos, en su falda larga y pasada de moda, y en el cabello castaño que ahora lucía revuelto por el altercado.

—Abuelo... ¿Indispensable? 

Austin se burló una vez más ignorando todas las cualidades que su abuelo había mencionado.

—Me importa un bledo si sabe de leyes o de finanzas; solo mira esa apariencia descuidada, abuelo... Es una asistente fea y sin gracia que me daña la imagen... que daña la imagen de la empresa.

Las palabras de Austin golpearon sin piedad a Harper, ella inclinó la cabeza ocultando sus pómulos sonrojados.

—Abuelo... Yo soy la cara de esta empresa ahora, y no quiero a una mujer que parece recién salida de un convento sentada en mi recepción.

Harper apretó los puños, sintiendo como las palabras de Austin se clavaban con fuerza en su cabeza, sabía que no era una mujer muy agraciada, pero nunca nadie había sido tan brutalmente honesto sobre su físico y menos en su lugar de trabajo.

—Te quedarás con ella Austin. Ella no se irá a ningún lado, es mi última decisión. 

Concluyó Hugo con firmeza en su voz dándole la espalda para sentarse en su escritorio.

—Aceptas a Harper como tu asistente, o te quito el acceso a todas tus cuentas bancarias hoy mismo. 

—¿Estás hablando en serio abuelo? —reclamó Austin—. No puedo creer que seas capaz de llegar tan lejos todo para defender a una aparecida y de mal aspecto como lo es está... mujer.

—Tú decides Austin, si prefieres tu orgullo o tu estilo de vida.

Austin guardó silencio, su mandíbula se tensó mientras miraba a Harper con una promesa de guerra en los ojos, estaba atrapado y ella era el motivo de su molestia.

—Con permiso, lo mejor es que yo me retiré. 

Harper se dio media vuelta y salió de la oficina de presidencia, en su rostro se podía ver el dolor que había causado las palabras de Austin, sus sentimientos habían quedado completamente destruidos ante su arrogancia.

Esas palabras sin piedad la regresaron al pasado inevitablemente. 

Harper  ingresó en su pequeño cubículo, colocó las manos sobre el escritorio y recostó la cabeza, su vida no era fácil, las lágrimas hicieron presencia en su rostro. 

Mientras tanto, en la oficina de presidencia, Austin caminaba en círculos sosteniendo en la mano un vaso con licor mientras que su abuelo lo observaba con una mirada fija.

—Ya soy un hombre que no necesita de la tutoría de un abuelo, durante años has intentado controlarme, y te aseguro que ahora menos lo vas a poder conseguir —aseguró Austin a su abuelo. 

—Nunca es demasiado tarde para aprender, y la lección que te daré nunca la podrás olvidar —musitó Hugo y luego se levantó—. Tengo asuntos que hablar contigo, desde luego que este no es el momento indicado, estás indispuesto y tus oídos están cerrados a mis palabras... Luego regresaré. 

Hugo se retiró, apoyándose sobre el bastón e ingresó a una de las oficinas, Harper limpió sus lágrimas y se puso en pie.

Harper entró en la oficina de Hugo con los ojos enrojecidos y las manos entrelazadas con fuerza. El eco de los insultos de Austin todavía resonaba en su cabeza, golpeando su dignidad.

—Señor Hugo... No puedo más —dijo Harper con la voz quebrada—. He soportado mucho por esta empresa, pero no voy a permitir que su nieto me trate como si fuera basura. 

—Harper, lamento mucho lo que sucedió —él la interrumpió—. Sabes que te quiero como si fueras mi hija; te pido perdón en su nombre, Austin es un necio que no sabe lo que tiene frente a él, no te puedo perder, los dos sabemos que eres el pilar de este lugar. 

Él hizo una pausa y carraspeó con su garganta. Hugo suspiró, dejando su bastón a un lado, se levantó con dificultad y se acercó a ella con una mirada cargada de pesar.

—Mira, sé que las cosas no comenzaron bien, pero te aseguro que él cambiará su forma de pensar, por ahora, creo que es mejor que te tomes el día. Mañana las cosas serán diferentes. 

—¿Cree que mañana él dejará su arrogancia y me aceptará? la verdad creo que es ilógico. 

—Te lo estoy asegurando, no empezaron con el pie derecho, pero mañana será un nuevo día y las cosas no serán iguales. Tu conservarás tu empleo y él dejará de ser un idiota, te lo aseguro. Ve, descansa y tómate el día libre.  

Harper asintió con su cabeza, él tenía razón. Ella giró sobre sus talones sin decir nada más y salió dejándolo allí.

Ella salió de la empresa con un nudo en su garganta, no podía perder su trabajo, no cuando su hermana dependía de ella de ese modo. 

En su casa, ella no pudo evitar sentir una opresión en su pecho, la impotencia por siempre ser vista de esa manera por su físico. En la noche intentó mantenerse tranquila, con la esperanza de conservar su empleo. 

————

Harper llegó temprano a la oficina, fue una noche larga, pero se mentalizó en que todo le saldría bien. 

Subió al piso de presidencia y después de tocar la puerta, se dio cuenta que Austin no había llegado.

Ella comenzó a organizar sus cosas, hasta que una llamada de un número que conocía demasiado bien entró. 

—¿Diga? —contestó con el aliento contenido.

—Señorita Lane, la situación de su hermana es crítica, su estado de salud ha empeorado —la voz del otro lado era urgente y fría.

»Ella ha tenido una complicación severa, necesitamos operar de inmediato para salvar su vida, pero tenemos un gran impedimento, el seguro ha rechazado la cobertura por el saldo pendiente.

»La cirugía cuesta más de doscientos mil dólares y necesitamos un depósito ahora mismo para entrar a quirófano —Harper separó los labios al escuchar aquella cifra.

Harper sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies, aquella suma era inalcanzable, colgó la llamada.

Ella miró a su alrededor, necesitaba un milagro para tener esa cantidad en su cuenta lo más pronto posible.

Ella fue hasta la oficina en donde Hugo se había acomodado y tocó un par de veces hasta que él permitió su ingreso. 

—Harper, espero hayas tenido una buena noche —dijo él subiendo la mirada—. Veo que trajiste mi café, aunque no es necesario, ahora no eres mi secretaria. 

—Señor Hugo, la verdad es que... La verdad es que necesito un adelanto, por favor. 

Él arrugó su entrecejo y se sentó. 

—Por favor, mi hermana necesita una cirugía urgente, se lo juro que si no fuera por eso, ni siquiera me atrevería a pedirle semejante cantidad. 

—Harper, lamento mucho lo que le está pasando a tu hermana... Sin embargo, no puedo darte un adelanto. 

Ella abrió sus ojos con terror, no podía estarle pasando eso. 

—No puedo, Harper ¿Por qué no hablas con Austin? —él hizo una pausa—.  Quiero que poco a poco sea capaz de hacerse cargo de mi empresa. Podrías aprovechar esta oportunidad para buscarlo y así también familiarizarlo contigo y con el sistema financiero de la compañía. Estoy seguro de que no dudará en adelantarte el dinero.

Ella asintió por inercia y salió de allí forzando una sonrisa. 

Si Austin manejaba la empresa, él sería su única salida, así tuviera que rogarle por aquella cantidad de dinero... Él era la última persona que imaginó que acudiría en ayuda. 

Sin decir una palabra, se dirigió a la oficina de Austin.

Debido a la impresión de aquella noticia Harper entró sin llamar a la puerta.

Austin estaba sentado con los pies sobre el escritorio, revisando una revista de autos de lujo, al verla de regreso torció el gesto con fastidio.

—Pensé que no ibas a volver, fui demasiado claro. Te dije que te largaras, no sé que haces aquí aún. Definitivamente tu insolencia no tiene perdón  —escupió él sin bajar los pies—. Además de fea resultaste ser terca.

—¿Fea? —murmuró Harper entre dientes—. Señor, no soy sorda, —respondió Harper con un tono de voz bajo—. Sí estoy aquí es porque es urgente. 

—Entonces di que demonios quieres, antes de que llame a los de seguridad, no soy el abuelo que suele soportar a los miembros del circo sin tener ningún tipo de alergia.

—Necesito un adelanto del sueldo. Necesito que por favor me dé un adelanto. 

 Soltó Harper de golpe, las lágrimas finalmente rodaron por sus mejillas, la revista que Austin sostenía en su mano cayó sobre el escritorio al escuchar la cifra.

 —Es una emergencia médica, mi hermana morirá si no consigo ese dinero... Yo le... le pagaré el dinero con mi trabajo, seré leal. Puedo hacer horas extras, haré las cosas bien. Se lo juro. Por favor, deme ese adelanto.  

Austin levantó la mano indicando que guardará silencio, bajó los pies lentamente de la mesa, una sonrisa maliciosa y triunfante se extendió por su rostro.

Era el momento que estaba esperando, no le importaba el motivo del dinero; solo le importaba el poder que ahora tenía sobre ella.

—La asistente consentida del abuelo viene a mendigar —se burló Austin, poniéndose de pie y acercándose a ella con pasos cortos—. ¿Por que crees que te daré el dinero sin recibir nada a cambio?, nada es gratis en la vida.

»Desde el primer momento en que te vi fuiste la peor tortura que pude haber recibido, ni loco te daré un solo centavo, lo único que quisiera es verte fuera de mi empresa —Austin chasqueó su lengua— ¡Largo de mi vista o juro que te saco con el personal de seguridad, te detesto, no te puedo soportar!

Los gritos de Austin cerca del rostro de Harper causaron que ella se diera vuelta y saliera sin decir una sola palabra. 

Harper se acercó a su cubículo, tomó su bolso de mano y salió dando pasos largos, la desesperación la estaba consumiendo, no sabía que hacer, a donde ir, a quien acudir en aquel momento de caos.

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