Mientras tanto, en el interior de la oficina de presidencia, las miradas y sonrisas cargadas de coquetería comenzaron a causar incomodidad.
Sus cuerpos sabían lo que deseaban, pero sus conciencias no se los permitía, era un momento íntimo, un momento agradable.
Austin se mantuvo cerca del sofá, observando como Harper intentaba acomodar sus carpetas con dedos aún ligeramente temblorosos.
La rigidez de Austin se había ablandado por completo ante la vulnerabilidad de aquella mujer dulce que esta