Mundo ficciónIniciar sesiónElla huyó del altar. Él compró su libertad para convertirla en su prisionera. A los dieciocho años, Mia López cometió el error de enamorarse del hombre más peligroso de la élite empresarial. Tras descubrir un secreto que hacía sangrar su conciencia, Mia dejó a Antonio Sepúlveda plantado en el altar, desapareciendo con un corazón destrozado y una promesa de no volver jamás. Dos años después, la realidad ha golpeado con fuerza. Con su familia al borde de la ruina y una deuda impagable, Mia se ve obligada a caminar hacia la boca del lobo: solicita el puesto de asistente personal en Sepúlveda Holdings. Antonio ya no es el hombre que ella amó. A sus treinta años, el CEO es ahora un bloque de hielo implacable que ha esperado cada segundo para cobrar su venganza. Él no la contrata por su talento; la contrata para someterla. Bajo el título de "Asistente Secreta", Mia es arrastrada al oscuro Proyecto Fénix, donde descubre que los secretos de Antonio son mucho más letales de lo que imaginó. En una oficina donde las paredes de cristal lo ven todo, Mia deberá decidir: ¿Sobrevivirá a la obsesión de un hombre que jura odiarla pero que se niega a dejarla ir, o terminará consumida por las cenizas de un amor que nunca murió? "Hace dos años, Mia le quitó a Antonio su orgullo frente al altar. Hoy, Antonio le quitará a Mia hasta su último suspiro de libertad. En el juego del CEO, la única regla es que ella le pertenece... por contrato, por deuda y por obsesión."
Leer másUn viento fresco de finales de verano soplaba desde el horizonte, peinando la superficie del mar y levantando pequeñas crestas de espuma blanca que morían en las rocas de la bahía. La tarde se teñía de tonos dorados y cobrizos, filtrándose por los grandes ventanales de la casa del puerto y bañando cada rincón de la estancia principal con una luz cálida y acogedora.Mia estaba de pie en el centro del salón, contemplando el volumen encuadernado en piel oscura que descansaba sobre la mesa de teca. En la cubierta, impresas en letras doradas y elegantes, se leían las palabras: Tinta y porcelana quebrada. Era el ejemplar definitivo, la obra que recopilaba los años de lucha, las cicatrices de la torre de cristal y el renacer que ambos habían construido a orillas del océano.El crujido de la madera anunció la llegada de Antonio. Venía del taller con los brazos descubiertos, la piel dorada por el sol y esa presencia imponente que jamás pasaba desapercibida. Al ver el libro sobre la
El aire de la mañana traía consigo una calma distinta, de esas que solo se respiran cuando la última pieza de un largo rompecabezas finalmente encaja en su lugar. En la casa del puerto, la luz del sol se filtraba limpia por los grandes ventanales, iluminando cada rincón de madera, los cuadros de Leo y los recuerdos acumulados a lo largo de los años.Mia estaba sentada frente a la mesa de teca de la terraza, pero esta vez no había balances financieros, contratos corporativos ni llamadas urgentes de la editorial. Sobre la mesa descansaba únicamente una libreta de tapas de cuero gastado y una pluma estilográfica. Con caligrafía firme y pausada, terminaba de escribir las últimas líneas de una historia que no era ficción, sino el testimonio vivo de su propia existencia.El sonido de unos pasos firmes y calmos sobre las tablas de la terraza la hizo sonreír sin necesidad de alzar la vista. Antonio apareció con dos copas de cristal y una botella de vino blanco bien fría, perfecta
El rugido del motor del avión fue sustituido por el susurro rítmico de la marea al caer la tarde sobre la costa. De vuelta en la casa del puerto, el aire cargado de salitre, pino y tierra húmeda los recibió como el único abrazo verdadero. La capital, con sus luces encandiladoras, sus críticos de arte y sus sombras corporativas, había quedado reducida a un reflejo distante en el retrovisor del tiempo.Antonio cerró el portón principal de roble con un golpe seco y definitivo. El sonido retumbó en la entrada, marcando la frontera infranqueable entre el mundo exterior y su santuario. Se quitó la chaqueta del traje y la dejó sobre el respaldo de la consola, desabrochando los primeros botones de su camisa mientras sus ojos azules buscaban de inmediato la figura de Mia.Ella caminó hacia el ventanal del salón, descalza sobre la madera fresca, contemplando cómo el sol se hundía en el horizonte, tiñendo el océano de un rojo ardiente y dorado. Llevaba el vestido marfil de la mañana,
La Galería Central de Madrid relucía bajo un entramado de focos direccionales que resaltaban los trazos dorados y las texturas profundas de la nueva colección. En el salón principal, el murmullo de coleccionistas, críticos de arte y figuras destacadas del ámbito empresarial creaba un ambiente denso, cargado de expectación y murmullos contenidos.En el centro de la sala, Leo conversaba con el director del museo. Portaba un traje oscuro de corte impecable y se desenvolvía con una soltura magnética que captaba la atención de todos los presentes. A pocos metros, resguardados bajo el soportal de una columna de mármol, Antonio y Mia presenciaban la escena.Antonio vestía un esmoquin negro de solapas de seda que acentuaba la elegancia madura y dominante de su postura. Manteniéndose al margen de las miradas curiosas, su brazo rodeaba la cintura de Mia con una firmeza posesiva que no dejaba espacio a dudas. She lucía un vestido de noche ajustado en tono esmeralda que resaltaba la
Último capítulo