Capítulo 37: Las Cenizas del Pasado
El tiempo en la prisión de alta seguridad de Blackwood no se medía en días, sino en el goteo constante de la conciencia sobre la piedra. Para Antonio Sepúlveda, los primeros cinco años fueron una travesía por un desierto de remordimientos. Su celda, un cubo de hormigón de tres por tres metros, se convirtió en el laboratorio donde diseccionó su propia existencia. Ya no había secretarias, ni juntas de accionistas, ni el zumbido de los servidores del Proyecto Fénix. Solo estaba él y el eco de sus