Mundo ficciónIniciar sesiónEla é paga para mentir. Mas dessa vez… foi ela quem acreditou. Valentina LaRue não existe. É apenas uma máscara. Um nome de guerra. Por trás da mulher que seduz os homens mais poderosos do país, vive Helena Duarte, uma ruiva enigmática que jurou nunca mais amar — e que cobra caro por fingir que ainda acredita no amor. Helena é uma acompanhante de luxo com regras claras: Nunca dormir duas vezes com o mesmo homem. Nunca se envolver. E nunca — jamais — revelar seu nome verdadeiro. Mas tudo desmorona quando ela aceita um cliente novo. Um homem frio, misterioso, que não quer sexo… mas sim uma companhia para um jogo perigoso. Ele conhece seus segredos. Ele quer algo mais profundo que o corpo. E pior: ele faz Helena sentir coisas que ela jurou ter enterrado. Entre encontros noturnos, hotéis cinco estrelas e propostas que desafiam sua lógica, ela se vê arrastada para uma teia de mentiras, conspirações e uma paixão tão proibida quanto irresistível. Agora, ela terá que escolher: Seguir ganhando dinheiro com mentiras… Ou perder tudo ao viver uma verdade que pode custar sua liberdade — ou sua vida. ⸻ Luxo Proibido é um romance intenso, sensual e emocional, onde a linha entre amor e obsessão é mais fina que um salto agulha — e onde até o prazer tem um preço. Prepare-se para mergulhar no mundo de uma mulher que aprendeu a ser fria… mas não contava que o desejo pudesse ser sua sentença final.
Leer másBlair caminaba con su exquisita figura rumbo al ascensor, y con cada paso que daba mostraba lo inquieta que se sentía en aquel momento, y a pesar de su belleza envolvente la chica no se mostraba llena de inseguridad por el hecho de entregar aquellos papeles que tenía en su mano, su temor era otro, aquel de poder conocerlo a al fin, no podía creer que después de tres años ella al fin tuviera las fuerzas suficientes para llegar a conocerlo, de poder presentarse ante él frente a frente.
Temía por su reacción, temía por sus palabras, pero sobre todo temía por su mirada, temía por qué al llegar a sentir su mirada fuera tan parecida a aquellas que salían en fotos del periódico y de las revistas, solo mostrará rechazo hacia su persona, que solo demostraran que él solo había hecho aquello por la simple y llana razón de una promesa a su abuelo, que no sentía más que un sentimiento de fastidio y la observara como si no fuese más que una caza fortuna, no más que una mujer interesada que solo lo utilizo para poder librarse de muchas cosas.
Aunque si ella lo pensaba bien, era tal cual, ella había usado aquello de cierta manera como un método para poder librarse de algunas cosas, para poder cumplir con un deseo de aquel anciano, pero ella nunca imaginó que su vida se mostraría de una manera tan irónica, que no fuese más que un sinfín de burlas y sentimiento de soledad, un sinfín de rechazos y de duelo.
Por no ser más que una esposa abandonada, no ser más que la patética chica que jamás había conocido a su esposo a pesar de los años, por esa razón justamente cuando llegó a pasos indecisos hacia una hermosa chica rubia que se mostraba bastante ocupada, pero a la vez en cada respirar demostraba la seguridad que a ella obviamente le faltaba, pensó.
“seria esto necesario” “si claro que lo es” así que ahora mismo habla, no seas patética” curiosamente aquello era algo que solía hacer desde que dio el primer paso en aquel enorme edificio.
—Umm… Disculpe… Disculpe… ¿Señorita? Disculpe…-La mujer levantó su mirada hacia ella, en la que demostró que no estaba para nada conforme con observar a dicha presencia, en la que le dio un recorrido de pies a cabeza, indicando lo poco digna que le parecía al estar frente a ella
—¿Si dígame? ¿En qué puedo ayudarla? —Sus palabras, parecían ser toscas y demandantes, algo que hizo que Blair se sintiera aún más insignificante.
—Busco… Al señor Neo Campbell…—La mujer levantó una ceja de manera despectiva hacia ella, mientras parecía que Blair solo le había contado un mal chiste.
—El señor Campbell no se encuentra recibiendo visitas el día de hoy… Así que ya puede marcharse…—Cada palabra era digna como de una reina a una plebeya.
En el que Blair, no sabía cómo afrontar dicha respuesta, no es como si esperara que aquel supiese que ella estaba allí, es más, sospechaba que ni siquiera sabía su nombre, o que saliese justamente al escuchar su nombre y recibirla como de la realeza.
—¿Hay manera de que usted pueda darle unos documentos? —La hermosa chica de rasgos finos y dulce rostro, le pasó aquel sobre que con tanto esfuerzo sostenía en su mano.
Aquella rubia sin sospechar, simplemente aceptó llena de disgusto y observo como aquella no parecía dispuesta a partir de una buena vez, pues nada en aquella chica contrastaba con el lugar lleno de elegancia y refinamiento
—¿Hay algo más que pueda hacer por usted señorita? —Sin duda alguna tampoco era una cortesía, era una manera de decirle, “solo lárguese de una buena vez tiraré sus papeles a la basura”
Blair no podía permitirlo, no podía simplemente perder aquello, solo esos papeles le habían costado una fortuna, si los perdía, si lo hacía no sabía cuándo lograría obtener el dinero de nuevo, por lo que trago en seco y hablo ahora con un poco de más fuerza, tal vez con poco más de presencia, podrían tomar en serio aquella petición.
—Si… El señor King está esperando por estos papeles, si no los recibe pronto corre la posibilidad que usted pierda su trabajo, no queremos que eso ocurra, así que agradecería su pronta entrega…—Todo no era más que mentiras, no más que una estrategia, su mejor amiga siempre solía decir que un poco más de fuerza al hablar y mirar a los ojos cuando lo haces con ello lograrías que simplemente te creyeran.
Cosa que pareció funcionar, pues la rubia se había puesto tan pálida como un papel y al ver su ropa sencilla y su aspecto tan joven, posiblemente creyó que se trataba no más que de una repartidora y no una acosadora de aquellas que visitaban constantemente al gran Neo Campbell, por lo que asintió con convicción y hablo con un tono bastante formal.
—Así será, a más tardar en unos minutos se entregará aquellos documentos al señor Campbell—No había mucho que hace o decir
Blair no quería estar más en el aquel lugar, por lo que solo asintió con tranquilidad y rogó a todo lo divino recibir pronto la respuesta, ya que con ello daría por saldada no solo una deuda con ella misma, también con aquel anciano al que le prometió que estaría el tiempo necesario casada con su nieto, el tiempo que ella consideraba que ya había llegado a su límite.
En el ventanal de la oficina principal de la torre de la ciudad A, un hermoso hombre de facciones perfectas y masculinas, se encontraba observando aquellas personas que pasaban por las calles, en el que desataba su costosa corbata que hacía juego con su perfecto traje de sastre el cual había sido solo diseñado para él, solo lo mejor de lo mejor.
Nadie podía cuestionarlo, él era el dueño y soberano por así decirlo de aquella ciudad y aunque había estado en el extranjero por tanto tiempo nadie podía indicar que aquel no era más que un rey sin corona, era el gran dueño de cada uno de los rincones de la ciudad A y todos más que encantados se arrodillaban a sus pies y suplicaban por su presencia al ser el hombre más poderoso de todos.
Neo Campbell, era el sueño de toda mujer, un hombre adinerado, inteligente y muy culto, de una de las mejores familias de la ciudad B, el hombre que ahora recién llegaba a la ciudad A, para iniciar negocios en el lugar, un hombre que era conocido a nivel mundial por ser uno de los mejores empresarios a pesar de su corta edad, sin contar que aquel no se veía intrincado en ningún tipo de escándalo, pues su vida privada, se mantenía en eso precisamente, muy privada y consideraba que incluso de el mismo.
—Señor… Aquí traje todos los documentos que había pedido, más otro que me ha indicado la recepcionista que fue dejado para usted… Ya fue revisado por mí y me gustaría que le diera un vistazo, ya que parece urgente…—Neo alejó sus miradas grisáceas de la inmensa ventana y observó al hombre de lentes frente a él.
Harry White, era el asistente y mano derecha de el gran Neo Campbell, quien había acompañado al hombre desde el inicio de su carrera demostrando así, que Neo no tenía que preocuparse por nada mientras que Harry estuviera a su lado, por esa simple razón al ver la expresión insegura de su asiente sin decir palabra alguna, como de costumbre de parte de Neo, este se acercó y observó aquel papel que al parecer tenía nervioso a su asistente, más cuando noto la mirada severa de su jefe y la muestra fija que aquello iba a terminar tan bien como él esperaba.
—¿Dónde está? – sus palabras habían salido cortas y bastante determinadas, mientras que su asistente no sabía cómo responder a ello, pues la verdad fue que cuando llego, ya la señora de Campbell se había marchado.
—No lo sé señor… solo sé que se lo entrego a Tiffany y ella le indico que usted no estaba disponible el día de hoy según sus órdenes …—Neo levantó su mirada hacia Harry.
Quien parecía nervioso mientras acomodaba sus lentes y parecía querer alisar su traje de manera desesperada, solo una manera terrible de poder controlar los nervios de tratar con aquella fiera que lo observaba como si se lo fuese a tragar de un solo bocado.
—Ella no es cualquiera…—Aquellas habían sido las palabras de Neo en lo que Harry tragó en seco y se preocupó de manera inmediata, pues no quería ser chivo expiatorio de él durante su enojo.
—Lo lamento, señor… iré de inmediato por ella…—Neo levantó su mano y negó con la cabeza, en lo que hizo un gesto con la mano para que su asistente saliera de su oficina.
Mientras leía con mucho ahínco una y otra vez aquel documento que tenía en sus manos, lo cual al solo leer el título su rostro había denotado asombro y decepción, al lograr ver SOLICITUD DE DIVORCIO encabezando aquel papel, que ya se encontraba firmado por ella, aquel que, en pocas palabras, solo le indicaba que había llegado demasiado tarde hacia ella.
—Blair… ¿Tendrás a otro hombre en tu vida? ¿Dejarás a tu esposo de lado?
Zurique.Casa Moreau.02h03.A sala se esvaziou.Mireille, Leon, Victor… cada um sumiu nos corredores silenciosos.Só o fogo na lareira ainda estalava, queimando o ar frio que vinha de fora.Dante subiu as escadas com Valentina colada na mão dele.Sem palavras.Sem promessas.Só aquele silêncio que já dizia tudo: ninguém ousa tocar o que é dele.O quarto de Dante parecia menos um quarto e mais um cofre de segredos.Vidro duplo.Cortinas pesadas.Uma cama king-size com lençóis pretos tão alinhados que pareciam uma pista de crime esperando cena.Ele soltou a mão dela, tirou o blazer, largou na poltrona.Caminhou até o frigobar, pegou uma garrafa de água, abriu — mas não bebeu.Virou, encostou na beirada da cômoda.Olhou pra ela.Valentina ficou parada, ainda vestindo o blazer dele por cima da roupa que Victor escolheu horas antes.Descalça.Cabelo solto, caindo nos ombros.Olhos fixos.Coração tão barulhento que parecia querer arrombar a caixa torácica.— Fala. — ela soltou, quebrando o
Zurique.Casa Moreau.00h47.A lareira ardia na sala.Victor de roupão, sentado com Mireille — que fingia que não estava fungando entre um gole de chá e outro.Leon, encostado na porta, braços cruzados, mas com o maxilar menos travado do que de costume.Valentina, de pé, perto da janela, mordendo a ponta do dedo, ainda segurando o rastro salgado que Dante trouxe na pele.No centro, Dante Moreau.De pé.Camisa rasgada, corpo com arranhões ainda úmidos de água salgada.Olhar aceso, mas longe.Como se ainda estivesse lá fora, entre as ondas.Ele respirou fundo.Girou o anel no dedo.Olhou pra cada um.E soltou, voz baixa, firme, do jeito que quem manda confessa — mas não se desculpa.— O helicóptero não caiu por acidente.Silêncio.Só o estalar da lenha queimando.Leon franziu a testa.Victor ergueu as sobrancelhas, já segurando um pacote de bolacha — nervoso.Dante continuou:— Alguém do meu círculo plantou um dispositivo no rotor de cauda. Um hack simples.Disfarçado de falha mecânica.
Zurique.Casa Moreau.23h59.A mansão inteira estava em modo de guerra.Mapas abertos na sala de estar. Mireille disparando ordens. Victor — de roupão, máscara facial e um copo de gin — roendo as unhas como se fosse cigarro.Leon digitava códigos.Sophie, de fone, falava com equipes de busca.O noticiário, na TV, repetia a mesma manchete em looping:“Helicóptero do magnata francês Dante Moreau desaparece no Canal da Mancha. Nenhum corpo encontrado.”Valentina estava ali.Em pé.Braços cruzados.Cabelo bagunçado.Olhos vermelhos de quem não dorme há dias — e não sonha mais há séculos.Victor largou o copo.Aproximou devagar.Segurou a mão dela.— Ruiva… ele era o Dante. Não era um figurante de novela da Record. Se alguém sabe dar perdido na morte… é ele.Ela não respondeu.Olhou pro vidro da janela.Lá fora, a noite parecia debochar.No colo, o teste de gravidez ainda fechado.Um lembrete silencioso de que, mesmo quando tudo para, o destino ainda ri na sua cara.⸻Leon desligou o telef
Zurique. Cobertura Moreau. 07h15.O céu tá cinza. A televisão ligada mostra o mesmo looping: “Helicóptero de empresário bilionário cai no mar. Buscas seguem sem sobreviventes.”Victor tá de roupão. Taça de champanhe na mão, cara amassada. Mireille passa por trás, ajeita as cortinas sem dizer uma palavra.No sofá, Valentina. Pernas cruzadas. A mão esquerda sobre a barriga, como se quisesse segurar o que resta de estabilidade dentro dela.Os olhos não piscam. Tá tudo parado — menos a mente dela.No canto, Leon. Braços cruzados. Fala baixa, cortante.— Eles querem que você acredite que ele se foi. Mas Dante Moreau não cai. Nem quando o mundo tenta.Victor engole o champanhe num gole só.— Amor, se esse homem realmente morreu, eu vou abrir um OnlyFans pra pagar nossas contas. E ainda boto teu nome artístico de Madame Viúva Ruiva. — Ele solta, tentando arrancar um sorriso dela. Nada.Valentina aperta o controle da TV até quase quebrar.— Cala a boca, Vic.Ele suspira, senta do lado dela, s
Zurique.Mansão Moreau.Madrugada, 03h02.Chuva escorrendo pelas vidraças, pingando como se marcasse o tempo que não passa.Na sala:Victor de roupão de seda, taça de vinho que já virou água parada.Mireille folheando relatórios, tablet em cima do colo, óculos na ponta do nariz.Valentina, sentada no braço do sofá, pernas cruzadas, olhar perdido na tela da TV.Na TV:“Helicóptero de bilionário francês continua desaparecido. Autoridades suíças e francesas divergem sobre buscas. Sem vestígios, sem corpos.”Victor suspira, fala mais pra si mesmo:— Se esse homem aparecer, eu caso na igreja. E de véu.Valentina não ri.Não rebate.A mão aperta o braço do sofá — mas o rosto segue imóvel, bonito, impenetrável.Mireille ergue os olhos do tablet, solta seco:— Nenhum sinal. E não há resgate que funcione se não houver pista.⸻Lá fora…Faróis cruzam a entrada.Motor de carro cortado no meio da madrugada.Victor ergue uma sobrancelha:— Isso não é delivery, né?Mireille levanta da poltrona, aje
Zurique.Mansão Moreau.Sala de estar.Chuva batendo na vidraça como se quisesse entrar.Victor de um lado, Mireille de outro, Valentina sentada com a cabeça apoiada na mão.TV ligada — som mudo, legenda gritando a mesma manchete que não morre: “Bilionário francês desaparecido — buscas entram na segunda semana.”Do lado de fora, um carro preto para devagar.Nenhuma sirene. Nenhuma buzina.Motor desliga — o ronco abafado some na noite cinza.⸻Valentina respira fundo, olhos baixos.Victor passa a mão nos ombros dela, mas não fala.Mireille olha pro tablet, mastigando números, possibilidades, pistas que não existem.De repente…Três batidas secas na porta principal.A governanta ergue o olhar. Victor trava no meio do sofá. Valentina se endireita, respiração prendendo na garganta.— Espera… — diz Victor, levantando o indicador. — Ninguém toca essa campainha sem avisar, muito menos nessa hora.Silêncio.Mireille olha pra Valentina, tensa:— Tá esperando alguém?Valentina balança a cabeça,





Último capítulo