Mundo ficciónIniciar sesión«—¿Te gusta así, Cloe? ¿Ves cómo yo sí puedo hacerte gritar, a diferencia de ese bloque de hielo que tienes por esposo? —gimió Dominic Russo, reclamándome con una fuerza que me hacía olvidar mi propio nombre—. Gime para mí, olvida que Michelle te trata como si fueras invisible. Aquí solo somos tú y yo». Soy Cloe Ferreri. Durante dos años he sido la esposa trofeo de Michelle Russo, un CEO frío que me ignora tras un contrato matrimonial que salvó a mi familia. Para él, soy un accesorio; para mí, él es una cárcel de hielo. Harta de su desprecio, me escapé a un bar oscuro bajo la lluvia italiana y me entregué a un desconocido. Fue una noche de pasión salvaje donde, por primera vez, me sentí viva. Pero el destino es cruel: al día siguiente, en la reunión familiar, Michelle me presentó a su hermano menor y rebelde: Dominic. El hombre que me hizo tocar el cielo es el cuñado que ahora me mira con un hambre voraz frente a mi marido. Lo que empezó como un escape es ahora una pasión prohibida. Dominic es fuego y peligro, decidido a demostrarme que soy suya mientras su hermano sigue ignorando el incendio en su propia casa. Estamos jugando con fuego en un campo de minas. Si la verdad sale a la luz, el imperio Russo arderá. ¿Podrá el deseo romper las cadenas de mi contrato?
Leer másPerspectiva de CloeEl sol de la tarde se filtraba entre los árboles frutales de la ladera, tiñendo el mundo de un dorado irreal. Era un día de esos que parecen diseñados para olvidar, para convencernos de que la oscuridad del pasado era solo una mala racha, un mal sueño del que ya habíamos despertado. Sin embargo, yo sabía la verdad: la oscuridad no se va, solo aprende a convivir con la luz.Dominic había insistido en este "día de campo". No era su estilo, o al menos, no era el estilo del hombre que yo conocía antes de la explosión. Él era un hombre de oficinas oscuras, de estrategias a medianoche, de armas y contratos. Pero el Dominic de hoy, el que jugaba con Alessia en el césped mientras Liam y Spe
Capítulo 137: El Anillo sobre las CenizasPerspectiva de CloeEl sol de la tarde se filtraba entre los árboles frutales de la ladera, tiñendo el mundo de un dorado irreal. Era un día de esos que parecen diseñados para olvidar, para convencernos de que la oscuridad del pasado era solo una mala racha, un mal sueño del que ya habíamos despertado. Sin embargo, yo sabía la verdad: la oscuridad no se va, solo aprende a convivir con la luz.Dominic había insistido en este "día de campo". No era su estilo, o al menos, no era el estilo del hombre que yo conocía antes de la explosión. Él era un hombre de oficinas oscuras, de estrategias a medianoche, de armas y contratos. Pero el Dominic de hoy, el que jugaba con Alessia en el césped mientras Liam y Spencer observaban desde una manta cercana, era alguien que todavía estaba aprendiendo a habitar su propia piel.Me acerqué a la mesa improvisada, sintiendo el peso de la mirada de Liam sobre mí.—Se lo ha tomado muy en serio —dijo Liam, sirviéndome
Perspectiva de DominicLa luz del sol se filtraba por las rendijas de la persiana, creando pequeñas líneas de polvo dorado que danzaban en el aire. Era una luz suave, la luz de un mundo que no había sido construido sobre la guerra, sino sobre la paciencia. Me quedé inmóvil, observando a Cloe. Su cabello estaba esparcido sobre la almohada como una mancha de seda oscura, y su respiración era un compás lento que marcaba el ritmo de mi propia existencia.Mis dedos, casi por instinto, comenzaron a trazar el contorno de su hombro. No podía evitarlo. Necesitaba confirmar, a cada segundo, que esto no era un espejismo, que el puerto, la explosión y los dos años de vacío eran solo pesadillas que ya no tenían poder sobre este amanecer.Cloe se removió, gimiendo suavemente. Sus párpados temblaron antes de abrirse lentamente, revelando esos ojos azules que eran mi único mapa verdadero.—Buenos días —susurré, bajando la cabeza para besar su hombro, luego su clavícula, sintiendo el calor que emanaba
—El odio es pasión, Cloe. Y tú tienes mucha pasión —respondí, aumentando la velocidad.El ritmo se volvió salvaje. La habitación se llenó del sonido de la piel chocando, del roce de las sábanas, de nuestra respiración que se mezclaba en la penumbra. Estábamos en el límite. El mundo exterior, el peligro de que Alessia despertara, el hecho de que vivíamos en una isla aislada tratando de reconstruir un imperio que ya no existía... todo eso se desvaneció. Solo quedaba el fricción, la carne, el sudor.—Dominic, por favor... —susurró, su voz rompiéndose—. No te detengas. No te detengas nunca.—Nunca —le prometí, mis labios encontrando los suyos en un beso que sellaba nuestro destino—. Nunca más.Sentí que su clímax comenzaba a burbujear en ella, una contracción tras otra que me empujaba hacia mi propio borde. Sus piernas se apretaron contra mi espalda, obligándome a profundizar. Era una batalla de voluntades, un forcejeo donde ninguno de los dos quería perder el mando.—Mírame —le ordené, m





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