Mundo ficciónIniciar sesiónVanya creía haberlo sacrificado todo por amor. Durante siete años luchó junto a Gideon, Alfa de la poderosa manada Colmillo de Plata. Renunció a parte de su herencia, derramó sangre en las fronteras y ayudó a construir un imperio que parecía destinado a durar para siempre. Hasta la noche en que descubrió la verdad. Traicionada por su esposo, despojada de sus tierras ancestrales y expulsada mediante la brutal ruptura de su vínculo de apareamiento, Vanya es condenada al exilio y dada por muerta en medio del invierno más cruel de su vida. Pero las leyendas no mueren tan fácilmente. En las tierras salvajes de los desterrados encuentra a Alek, un Alfa tan peligroso como indomable. Alek no reconoce la autoridad del Consejo ni se inclina ante reyes. Sin embargo, en la loba herida que aparece en sus dominios reconoce algo que creía extinguido: el espíritu de una verdadera soberana. Vanya descubrirá que la traición de Gideon es apenas la primera pieza de un juego mucho más oscuro. Un juego capaz de destruir las últimas líneas de sangre Alfa y cambiar para siempre el destino de todas las manadas. Entre batallas, alianzas imposibles y una atracción tan feroz como peligrosa, Vanya deberá decidir qué es más importante: la venganza que consume su alma o el imperio que está destinada a gobernar. La noche que perdió a su compañero, Vanya también perdió su hogar, su nombre y su futuro. Lo que sus enemigos no sabían era que acababan de crear algo mucho más peligroso que una Luna traicionada. Habían despertado a una reina. Desterrada en las tierras salvajes, Vanya encontrará aliados. Pero para recuperar su imperio deberá enfrentarse a un enemigo que conoce sus debilidades... y a un Alfa salvaje cuyos ojos amarillos amenazan con derribar los muros que rodean su corazón.
Leer másUn decenio completo de paz ininterrumpida había transformado las faldas de la cordillera siberiana en la cuna del imperio más próspero y temido que la historia recordara. El invierno, que en otros tiempos fuera sinónimo de aislamiento, hambre y batallas sangrientas bajo la nieve, se había convertido en la estación de la majestad para Colmillo de Plata. Las murallas de bismuto rúnico, ensanchadas y reforzadas por los mejores arquitectos de la corona, no necesitaban repeler invasores; se alzaban como monumentos eternos a una victoria total y definitiva.Desde el mirador más elevado de la Torre de la Sombra, la Emperatriz Vanya contemplaba el desfile de las legiones y los convoyes mercantiles que cruzaban el paso del norte. Vestía un majestuoso túnico de terciopelo color azul noche, bordado en hilos de plata y bismuto que dibujaban el árbol genealógico de la Casa Auren sobre su espalda. La década transcurrida no había mermado un solo ápice de su belleza fría y letal; al contrario, la madu
El atardecer siberiano caía sobre los contrafuertes de Colmillo de Plata teñido de un púrpura denso, bordado por hilos de luz dorada que el sol moribundo proyectaba sobre las torres de bismuto rúnico. El viento helado de las cumbres, habitual azote de la cordillera, chocaba inútilmente contra los escudos invisibles que la marea mística de la ciudadela mantenía encendidos. En el interior del palacio imperial, la paz no se respiraba como la simple ausencia de espadas; era un orden vivo, pesado y perfecto, esculpido durante años con la sangre de los traidores y la mente brillante de sus soberanos.En la gran logia superior, construida sobre el abismo y protegida por ventanales de cristal ahumado, Vanya permanecía de pie frente a la mesa de obsidiana donde reposaba la maqueta tridimensional del continente. Lucía una túnica ceremonial de terciopelo gris plomo, ceñida por un corsé de placas de aleación mística que acentuaba la elegancia recta e impecable de su silueta. Sus ojos azul hielo,
El viento de la alta cordillera soplaba con una fuerza ancestral, arrastrando remolinos de nieve fina sobre los parapetos de bismuto rúnico en la torre más alta de Colmillo de Plata. La noche caía sobre el continente con un manto de terciopelo estrellado, y abajo, en los valles pacificados, las luces de los poblados, las aduanas y las fortalezas fronterizas parpadeaban como un firmamento estrellado en la tierra. La paz ya no era un tratado escrito en papel ni una tregua sellada tras el derramamiento de sangre: era una realidad inquebrantable, moldeada por la mente quirúrgica de Vanya y el acero indomable de Alek.En la gran cámara nupcial, iluminada únicamente por las llamas danzantes del hogar de piedra rúnica y el fulgor azulado de los cristales de bismuto, el frío exterior no tenía cabida. El aire estaba impregnado de aroma a pino fresco, cuero, resina y ese calor abrasador y místico que brotaba del cuerpo del Alfa supremo.Vanya permanecía de pie junto al balcón interior, contempl
El frío de la cordillera no daba tregua en los salones superiores de Colmillo de Plata, pero en la Cámara del Consejo Menor el ambiente era denso, sofocante y cargado de una tensión contenida que hacía vibrar las lámparas de bismuto rúnico. A diferencia de las grandes asambleas donde la nobleza del sur acudía a rendir pleitesía, este recinto estaba reservado exclusivamente para la alta cúpula militar y los veedores contables del imperio.En el centro de la estancia, sobre la inmensa mesa de granito negro pulido, reposaba un mapa táctico del continente. Las fronteras, marcadas con hilos de plata y cera negra, mostraban la impecable organización del dominio imperial. Sin embargo, en el extremo occidental del mapa, cerca de las altas mesetas donde la influencia de los clanes de la montaña solía ser más difusa, reposaba una pequeña ficha de latón fuera de su posición habitual.Vanya permanecía de pie junto al estrado, observando la ficha con la frialdad y el detenimiento de un halcón que
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